Está muy feo decir que había únicamente alrededor de cuatro mil manifestantes en Londres el pasado veintiocho de agosto en contra de mascarilla y Nuevo Orden. Más feo si cabe que solo un diario “de prestigio”, UNO, haya soltado la sesgada noticia, completamente ignorada por todas las cadenas de televisión.

Tan feo resulta como ceñirse, también de pasada y tendenciosamente, a los disturbios ocasionales en las grandes manifestaciones de Alemania. Precisamente, una amiga alemana me expresó el otro día su desencanto y “miedo” al presenciar la miserable actuación del que fuera uno de sus periodistas de referencia en su país.

Contaba que el Sr. […], tras ofrecer un aperitivo con las imágenes de la grandiosa y pacífica (sí, pacífica, señoras de maldita.es) manifestación en contra de las mascarillas y el hegemónico Nuevo Orden, comenzaba su intervención lanzado esta surrealista pregunta: “¿Por qué la gente es tan violenta?”. Y digo surrealista porque es el adjetivo siguiente a usar cuando “descarado” ya no da más de sí. Esto es puramente lo que yo sentía, desencanto, que no miedo, cuando aún me permitía ver la cara de los afamados Piqueras, Cantero, Prats, etc., especialmente al presenciar al segundo en sus obstinadas persecuciones de solitarios “bañistas ilegales”, de “irresponsables” caminantes sin mascarilla.

Es el mismo celo y odio, idéntica exageración. Me pregunto qué les han pinchado a ustedes, veteranísimos profesionales de la información oficial, cómo pueden irse a la cama a diario y mirar a los ojos a sus queridos niños y niñas. Quizir: la realidad, al margen de sus películas, de sus neurosis al más puro estilo freudiano, abarca también la claridad de ideas de muchas personas, miles, que comparten otras “o-pi-nio-nes”.

¿De acuerdo? El negacionismo de Estado policial atenta directamente contra la libre expresión de “los otros”, prohíbe manifestaciones pacíficas, persigue a médicos, hombres de ciencia y ciudadanos de a pie, los difama y anula sus “extravagantes” puntos de vista con la incomparable connivencia y ayuda de los medios de incomunicación, ya fundidos con el aparato estatal en una misma cosa, un ejército loco en pos del Nuevo Orden. Pero el que niega negaciones, como ya deberíais saber, mis queridos, torpes matemáticos de mente cuadradísima, reconoce afirmaciones.

¿Por qué estoy escribiendo este artículo? Es que me lo ponéis a huevo. Solo tenéis que prohibir y difamar para obtener desobediencia y simpatía. Es una milenaria regla de cultura general básica. ¿Voy a tener que recordároslo otra vez, farsantes? ¿Quién de vosotros tendrá las agallas para saltarse la cláusula y abrir la boca? Esto cada vez me recuerda más a una de esas conversaciones con Fulanito. Sabes que el tal solo pronuncia sandeces y aún así lo escuchas y le das la razón y todo.

El problema aquí es la multa, amiga. Únicamente eso. Lo demás no debería preocuparte, pues no existe. Y que conste en acta que no soy negacionista, sino contrario a negar lo evidente y aquí se miente a diario y se exagera a conciencia. Y perdonad si me extiendo en las últimas frases pero el mojito parecía otra cosa cuando lo aliñé, por lo visto en demasía. Precisamente, quizás deberíais tomaros uno y apagar la puñetera tele de una vez. Por ahí entran, por ahí.

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1 Comentario

  1. Yo creo que ni en las mejores épocas de la Unión Sovietica habia tanta unanimidad falsa en la información de este cutre pais.

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