Nancy Pelosi es la primera mujer que ha ocupado la presidencia de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos de América. Solo por eso ya merece todos nuestros respetos. Pero además, en su día se opuso a la injusta reforma de la Seguridad Social de George W. Bush, se mostró crítica con una solución puramente militar en Irak y ha denunciado el trato inhumano y vergonzoso de la Administración Trump con los inmigrantes detenidos en la frontera.

Ayer, mientras el magnate de los negocios y actual inquilino de la Casa Blanca daba la espantada en la Cumbre del Clima de Madrid, ella estaba allí para decirle al mundo que Estados Unidos sigue “activo” en la lucha contra el cambio climático: “Estamos dentro”, dijo desafiando a Trump, quien a esa hora bostezaría cómodamente recostado en su sofá del Despacho Oval, pies encima de la mesa, manos tras la nuca y echando pestes contra su rival política y principal amenaza en su próximo mandato.

Acompañada de una delegación de congresistas y senadores de Washington, todos ellos partidarios de adoptar medidas drásticas contra el calentamiento del planeta, Pelosi aseguró que el Congreso norteamericano está “comprometido a tomar la acción” y calificó la crisis climática como “un tema de salud pública”. “Ahora tenemos más responsabilidad, este planeta es la creación de Dios y tenemos el deber de cuidarlo”, alegó la congresista americana.

Pelosi sabe que Estados Unidos tiene que acometer reformas en profundidad para reducir las emisiones contaminantes hasta situar a su país a la vanguardia en la lucha contra el cambio climático, que es donde en teoría debería estar la primera potencia de Occidente. Además, mostró su intención de estrechar los lazos de cooperación con la Unión Europea, firmar el nuevo Acuerdo Verde contando con el consenso de los sindicatos y del sector privado e impulsar planes de inversión realmente “transformadores”. Es decir, Pelosi quiere llevar a cabo un ambicioso plan, todo lo que le correspondería hacer a Trump como presidente del Gobierno estadounidense y que este no hará porque su mentalidad es tan corta de luces y tan estrecha de miras como la de un hombre de Cromañón.

Sin duda la congresista norteamericana es un rayo de esperanza en medio de la oscuridad en la que parece haber caído el mundo tras la llegada al poder de los populismos neofascistas en no pocos países de los cinco continentes. Pelosi es una buena noticia entre tantos augurios nefastos sobre el final de la vida en la Tierra, una señal positiva para pensar que en algún momento al menos el ser humano empezará a ganarle la partida al calentamiento global. Estamos ante una mujer que enfoca el gigantesco problema al que nos enfrentamos con racionalidad, inteligencia y valentía, y en eso le está dando un baño al primate rubio de la Casa Blanca y a sus ideas paleolíticas. Mientras Trump sueña con comprarle Groenlandia a Dinamarca por un puñado de dólares, mientras firma la salida oficial de Estados Unidos del Acuerdo de París, mientras guarda un vergonzante silencio ante el horror de los incendios en California y ordena a sus ejércitos de excavadoras y multinacionales que se dirijan hacia el Amazonas para sacar tajada del expolio de la selva y de los indígenas con el negocio bárbaro que ha diseñado Jair Bolsonaro, se agradece escuchar una voz sensible ante el mayor desafío al que se enfrenta la humanidad.

EE.UU celebrará elecciones presidenciales en noviembre de 2020. Quizá para entonces Nancy Pelosi esté en disposición de disputarle la presidencia a Trump, con quien se ha mostrado educada y elegante, ya que cuando los periodistas le han pedido una opinión sobre el proceso de “impeachment” que persigue al magnate estadounidense y que podría obligarle a presentar su dimisión, ella ha zanjado la cuestión respondiendo que siempre sigue una regla de oro: “No hablar negativamente del presidente cuando estamos fuera en el extranjero. Eso lo dejamos para casa”.

Mientras tanto, quedémonos con las avanzadas propuestas de la líder demócrata: “El Congreso está comprometido con tomar la acción contra el cambio climático. Por nuestros hijos, por nuestra economía, por seguridad nacional. Es una responsabilidad moral. Incluso si no estás de acuerdo con esto, al menos sí debes estarlo en dejar a nuestros hijos un planeta en buenas condiciones”. Esta Nancy promete. No todo está perdido.

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