Desde que el Gobierno de Mariano Rajoy aprobó la Reforma Laboral, Banco Santander ha destruido más de 20.000 puestos de trabajo a pesar de obtener beneficios de más de 47.000 millones de euros. La razón por la que no es ilegal un hecho tan aberrante es, precisamente, la legislación laboral aprobada durante el Gobierno de Mariano Rajoy.

Según la reforma laboral aprobada por el Partido Popular, «Se entiende que concurren causas económicas cuando de los resultados de la empresa se desprenda una situación económica negativa, en casos tales como la existencia de perdidas actuales o previstas, o la disminución persistente de su nivel de ingresos o ventas. En todo caso, se entenderá que la disminución es persistente si se produce durante tres trimestres consecutivos».

No obstante, Banco Santander ha obtenido beneficios de manera recurrente desde el año que el Gobierno del Partido Popular aprobó la reforma laboral que favorecía a las élites empresariales, financieras y económicas de este país, una ley en la que no se tuvo en cuenta a los representantes de los trabajadores. En concreto, y según los datos del propio banco cántabro, desde el año 2012 se obtuvieron 47.350 millones de euros de beneficios mientras ha destruido más de 20.000 empleos.

El acuerdo de Gobierno firmado por Pedro Sánchez y Pablo Iglesias Turrión afirmaba lo siguiente: «Derogaremos la reforma laboral. Recuperaremos los derechos laborales arrebatados por la reforma laboral de 2012. Impulsaremos en el marco del diálogo social la protección de las personas trabajadoras y recuperaremos el papel de los convenios colectivos».

Sin embargo, a día de hoy, la reforma laboral continúa en vigor y permite que las grandes empresas, Banco Santander incluido, continúe despidiendo de manera indiscriminada a sus trabajadores porque la ley lo permite.

Ese incumplimiento del acuerdo firmado entre PSOE y Unidas Podemos sólo tiene una responsable: Nadia Calviño, quien frenó la derogación de la reforma laboral que se pactó entre los socialistas, Podemos y EH-Bildu. La vicepresidenta tercera del Gobierno no dudó en afirmar en un encuentro con el Cercle d’Economia que «sería absurdo y contraproducente abrir el debate» sobre la derogación de la reforma laboral».

¿Absurdo y contraproducente? ¿Esas son las palabras que se esperan de una ministra de Economía de un Gobierno de izquierdas? Esas palabras son más propias de un dirigente del Partido Popular, de Ciudadanos o de Vox, sobre todo por el daño que la reforma laboral de Rajoy está provocando en los trabajadores y trabajadoras de este país.

El ERE del Santander es la mejor muestra de ello porque, ¿qué hubiera pasado si los sindicatos no hubieran firmado el acuerdo? Sencillo, la ley hubiera dado carta blanca al banco presidido por Ana Patricia Botín para ejecutar sus despidos masivos sin ningún tipo de garantía para los miles de trabajadores y trabajadoras que van a perder su puesto de trabajo.

Una aberración social y ética como esta sólo es posible gracias a la reforma laboral de Mariano Rajoy, la misma que impidió derogar Nadia Calviño.

Cese inmediato

Un gobierno que se autodenomina no puede sobrevivir jamás si la economía está en manos de una persona que ya ha declarado públicamente que se sentiría más cómoda si los Presupuestos Generales del Estado se hubieran aprobado con los votos del Partido Popular que con las formaciones que los han apoyado. Mantener a Calviño en su puesto es como meter a un zorro en el gallinero porque siempre va a intentar imponer su voluntad al resto del Gobierno para cumplir con el verdadero trabajo que tiene encomendado: mantener las políticas económicas de Luis de Guindos y Mariano Rajoy que tantos beneficios generaron a las clases dominantes y que tanto sufrimiento provocó en la ciudadanía, en las clases medias y trabajadoras de España.

Nadia Calviño, además, ha declarado la guerra al resto del Gobierno, salvo con el ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, José Luis Escrivá, porque ambos son militantes radicales de la franquicia del Tea Party en España.

Pedro Sánchez no puede permitir que una persona como Nadia Calviño le condicione la política económica del Gobierno y la lleve a fundamentos neoliberales, sobre todo en un momento en el que se tendrán que gestionar los 140.000 millones de ayudas europeas. La credibilidad de cara al pueblo está en juego y si hay una ministra que no está de acuerdo con el pacto que Sánchez firmó, la única solución es que ella dimita o que el presidente la cese. No hay más.

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2 Comentarios

  1. Ya conocemos todos los arrebatos que le dan a esta señora, que prometió no despedir a nadie en la demoniaca compra del Banco Popular.
    Da la impresión que el actual gobierno le tiene miedo.
    Sánchez y el coletas tienen que reaccionar, y poner freno a tanta ignominia
    En cuanto a Rajoy y de Guindos, mejor no hubieran estado formando parte del anterior gobierno. Dos sujetos infames. Los españoles los hemos padecido.

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