Piglia es uno de mis autores amados. No favoritos ni que me gusten mucho. Es otra cosa. Tiene frases que se me han quedado grabadas en el corazón; y ahí pienso dejarlas mientras tenga a bien seguir latiendo:

-Todo lo que se puede quitar de un relato lo mejora.

O la sublime:

-En cualquier ciudad del mundo y a cualquier hora siempre hay un hombre buscando una mujer. (La historia de mi vida, y la de la vida de todos mis personajes).

Dictaba. Como yo estoy dictando ahora mismo. Yo lo hago a una máquina y porque tengo la mano derecha aniquilada y la izquierda ha empezado a enfilar el mismo camino. Piglia, Ricardo Piglia, dictaba a sus alumnos porque se lo estaba comiendo el ELA.

Y ya se lo ha comido del todo. Pero no. Porque sus palabras seguirán existiendo. Mientras exista la civilización occidental. Mientras los seres humanos sigan siendo capaces de leer.

«Todo lo que se puede quitar de un relato lo mejora». De un artículo también. Quito las doscientas páginas que me podría poner a dictar ahora mismo homenajeando a Renzi (quien no sepa quien es Emilio Renzi que se busque la vida). Y concluyo aquí. Con un abrazo fraterno. De escritor a escritor. De muerto a muerto.

 

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Javier Puebla ha sido galardonado con diversos premios, tanto en prosa –Nadal, por Sonríe Delgado, y Berenguer, por La inutilidad de un beso– como en poesía: El gigante y el enano: V Certamen Vicente Presa. En 2010 recibió el premio Cultura Viva por el conjunto de su obra. Es el primer escritor en la historia de la literatura en haber escrito un cuento al día durante un año: El año del cazador; 365 relatos que encierran una novela dentro. En 2005 fundó el taller 3Estaciones y la editorial Haz Mlagros. Cineasta, escritor, columnista y viajero: ejerció funciones diplomáticas en Dakar durante cuatro años, y allí escribió Pequeñas Historias Africanas, Belkís y Blanco y negra. Gusta de afirmar en las entrevistas que nació para contar historias, y quizá por eso algunos de sus artículos parecen relatos o cuentos.

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