Los atentados de Barcelona pusieron sobre la mesa el debate de vender armas a países de corte salafista, afines al terror del DAESH, o que hubieran podido haber injerido directa o indirectamente en la eclosión de la barbarie.

En el eje de esa reflexión parece situarse ineludiblemente Arabia Saudí. El país del golfo pérsico ya se deslizaba por el centro de la coyuntura, aunque por otras índoles, en concreto aquellas que señalaban a sus carencias democráticas y en materia de derechos civiles.

Para reflejar la ponderación de las magnitudes de libertad del país de Oriente Próximo, podemos tomar muestras de los Index Democracy de las organizaciones The Economist o Freedom House. Ambas emplean una amalgama de variables, que desgranan con precisión los déficits y virtudes de los estados escudriñados.

Ciñéndonos a lo estipulado en Freedom House, el sultanato saudita se situaría como un país No Libre, carente de libertades políticas, de prensa o civiles y con un nulo o casi inexistente acceso libre a internet. Mientras The Economist, lo cataloga en un rango de Régimen Autoritario, con una nota de 1,93. En la región solo un país con una guerra civil como Siria, tiene una nota más baja: 1,43.

Las desesperanzas se ahondan aún más cuando se recuerdan algunas de las tropelías cometidas por un organismo que según entendemos, trata de velar por la integridad y la equidad del mundo; la ONU.

La estela parte en 2015, cuando el órgano internacional nombró al embajador del país arábigo en la ONU, presidente de una comisión de expertos independientes, y que se encargarían de reflexionar y dar cerco a la violación de los derechos humanos. La elección de Faisal Bin Hassan Trad rechinó hasta tal extremo, que no fueron pocos los medios y los activistas internacionales, que pusieron el grito en el cielo ante esta actitud hipócrita y cínica.

No contenta con el papel entregado en su día a los sauditas, las Naciones Unidas fueron más allá en abril de este mismo año, cuando nombraron a estos como miembros de una comisión con vigencia cuaternaria, dedicada a la igualdad y el empoderamiento del género.

Da cierto vértigo pensar que su adhesión comenzará a desarrollarse a partir de 2018, sobre todo por la aguda misoginia y el descredito, que conlleva ser mujer en ciudades como Riad.

Entre las barrabasadas incontestables que tienen vigencia en Arabia Saudí, podemos encontrar una serie de menoscabos a la libertad, como que las mujeres tienen prohibido conducir o salir de casa solas. La desfachatez llega hasta tal extremo, que en determinados deportes, no pueden competir, incluso llegando a otro extremo de la vida diaria, el género femenino tiene vetado el poder probarse en la tienda la ropa que han elegido.

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