Foto: Elisa Cabot

El escritor Juan Marsé ha fallecido a los 87 años en Barcelona. Con él se va uno de los referentes de la novela de posguerra y uno de los autores más influyentes en diferentes generaciones.

Fue galardonado en el año 2008 con el Premio Cervantes.

La gran mayoría de sus novelas son un verdadero análisis de la degradación social y moral de la posguerra , las diferencias de clase, la memoria de los vencidos, los enfrentamientos entre trabajadores y burgueses universitarios y la infancia perdida, casi siempre apelando a las técnicas del realismo social, pero experimentando a veces con otros mecanismos narrativos más vanguardistas, siempre con varios grados de ironía.

Una de sus obras cumbre fue Últimas tardes con Teresa, galardonada con el Premio Biblioteca Breve y que marcó el nacimiento del Pijoaparte, uno de los personajes más fuertes, originales y sugestivos de toda la literatura de esa época, y que parece el doble canalla del propio Marsé. La identificación autor/personaje funciona con una precisión y eficacia demoledoras, y lo que empieza siendo la historia amorosa de una niña bien, rebelde e ingenua (Teresa) y un charnego barriobajero, desarraigado y ladrón de motos (el Pijoaparte), termina como una formidable sátira y encarnación del tiempo en que transcurre esa breve, intensa y, lógicamente, calamitosa relación pasional.

En 1978 ganó el Premio Planeta con La chica de las bragas de oro. Muchos interpretaron esta novela como una sátira corrosiva a un libro de Pedro Laín Entralgo (Descargo de conciencia) o como una burla de ciertos personajes muy comprometidos con el franquismo y que, una vez liquidado éste, pretendían lavar su imagen y su conciencia declarándose liberales. Ahí está ese Luys Forest, viejo escritor falangista que dice estar escribiendo sus memorias cuando en realidad está retocando una y otra vez el pasado para acomodarlo a los gustos del presente. Su sobrina Mariana, la muchacha de las bragas de oro, es la voz discordante que desmonta una y otra vez las fantasías del viejo mentiroso. Sin embargo, por debajo de esta simple trama surge un proyecto literario mucho más ambicioso, pues plantea la esencia misma del oficio de novelar, en lo que éste tiene de operación tendente a sustituir una «realidad» por una «ficción» que, en el fondo, llega a ser más real que la realidad misma.

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