Nació con el nombre de Malcolm John McRebennack, pero 77 años después, es a Dr. John a quien lloran millones de aficionados musicales. Ha fallecido de un ataque al corazón, y para la posteridad deja su excepional talento para abordar los más diversos géneros musicales, del blues al pop, pasando por el jazz el boogie woogie y el rock and roll.

Tenía una singular voz ronca, con una fascinante capacidad de emoción al entonar las letras. Pocas veces se le pudo ver sin llevar calado alguno de sus sombreros, habitualmente adornados con plumas y otros elementos que revelaban su origen sureño, más concretamente de Nueva Orleans.

Aunque no fue el primero, sí fue el músico del estado de Louisiana que más ayudó a difundir el rock psicodélico en los 60 y el funk en los 70 con el particular sabor de este rincón estadounidense. Funk-rock vudú, así era como muchos definían su particular estilo musical, destacando su talento al piano, a cuyas teclas se había formado siguiendo los pasos de del maestro Fats Domino.

Llegó a cosechar seis premios Grammy, y era un habitual de los carteles de los mejores festivales de jazz de todo el mundo, aunque tampoco las veladas rock le eran ajenas. Entre otras fechas históricas, fue uno de los invitados en el legendario ‘The last waltz’, multitudinario concierto de despedida de The Band en 1976, registrado en audio y en el premiado documental dirigido por Martin Scorsese.

Por ello, hoy al conocerse su muerte, muchos hablan de la desaparición de uno de los grandes de la música popular, tan independiente e inclasificable como lo era su propio estilo, como cuando cantaba combinando inglés y el patois de Nueva Orleans.

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