El Real Madrid ha comenzado la temporada 2020-2021 con un agridulce empate a cero en Anoeta. El equipo de Zidane tuvo intensidad, ritmo y velocidad durante gran parte del partido, pero volvió a lamentarse de escasez a la hora de generar ocasiones de gol, así como de puntería cuando estas llegaron. Una cosa está clara en este extraño arranque de Liga: el Real Madrid necesita mejorar sustancialmente su precisión ofensiva si quiere aspirar a competir con los mejores equipos de Europa.

La previa del encuentro nos trajo una gran sorpresa. Casemiro partía desde el banquillo, y Odegaard era titular. Zidane apostó por un 4-2-3-1 con el joven noruego haciendo las veces de media punta, y con Vinicius y Rodrygo ocupando las bandas. El plan parecía funcionar. Los merengues circulaban el balón con fluidez, y eran absolutos dominadores del juego. Mendy y Vinicius perforaban una y otra vez el costado derecho de la defensa donostiarra, Benzema exhibía sus habituales movimientos entre líneas, Kroos marcaba los tempos del encuentro, y la pareja Ramos-Varane no permitía ni una sola contra de la Real.  Pese a ello, el Madrid solo generó tres ocasiones de gol en la primera media hora: un gambeteo de Vinicius, un suave disparo de Benzema y una incisiva llegada de Rodrygo por la derecha. El problema de los últimos meses en el Madrid. Sin apenas jugadores con capacidad goleadora.

Curtois salvador

Pese a ello, la primera parte de los blancos fue francamente buena.  Además de mantener la solidez defensiva que le hizo campeón de Liga hace unos meses, la actitud de todos y cada uno de los jugadores fue digna de destacar. Sin embargo, la ocasión más clara de los primeros 45 minutos fue de los de Alguacil. Curtois hubo de sacar una pierna prodigiosa a un potente chut del fabuloso Alexander Isak. La Real, plagada de bajas, y tras una complicada pretemporada (6 positivos por COVID incluidos) aguantó el envite merengue.

La historia cambió tras la vuelta de los vestuarios. Las fuerzas se igualaron. El Madrid perdió agilidad, y la Real Sociedad pasó a dominar ciertas fases del partido. Liderados  por ese magnífico jugador que es Mikel Merino. Siempre elegante y atinado. Todo y que el ritmo del encuentro seguía pareciendo de  jornada 12 o 13, las ocasiones no llegaban. A Vinicius le faltaba lo de siempre, la decisión final. Benzema seguía pecando de altruista. Oyarzabal percutía y percutía pero no conseguía ver el hueco entre la tremenda pareja de centrales blancos. Su tiro lejano en el minuto 56 fue lo más destacado de los primeros compases. De ahí al 90, apenas hubo tentativas reales de mover el 0-0 inicial. Tan solo un carrusel de sustituciones por ambos equipos, sin apenas influencia en el devenir del partido.

El retorno del genio de Arguineguín

Esta crónica no puede concluir sin mencionar un hecho que amará todo aficionado del fútbol: el retorno de David Silva, que entró en el minuto 61 y dejo un par de detalles de esa calidad que atesora y siempre atesoró. Zidane dio entrada a los chavales Arribas y Marvin, además de a Fede Valverde. Mismo resultado. Mucho ruido y pocas nueces.

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