Morir en un accidente de aviación es 25 veces más difícil que ser premiado con el Gordo.

Los últimos datos de siniestralidad mortal aportados por la Aviation Safety Network (ASN) correspondientes a 2018 indican que sólo hubo 15 vuelos civiles mortales, con un saldo de 556 personas fallecidas entre pasaje y tripulación, según informa La Celosía.

Esta cifra supone en términos relativos que se produjo un accidente mortal por cada 2,52 millones de vuelos, ya que el pasado año despegaron aviones de las pistas de los aeropuertos 37,8 millones de veces. Este ratio de fatalidad de 1 por cada 2,52 millones es tan bajo que, para hacerse una idea, la posibilidad de que a uno le toque el Gordo en la lotería es de 1 por 100.000.

La mejora de los aviones, de los controles aéreos y de las infraestructuras han permitido rebajar sustancialmente los accidentes.

 

Menos accidentes

Harro Rante, consejero delegado de ASN,  ha subrayado en la presentación del informe que si la ratio de accidentes hubiera sido en 2018  el mismo que 10 años antes, el número de accidentes mortales habría pasado de 15 a 39, y si se hubiera tomado como base el porcentaje de catástrofes aéreas del año 2000, el número de accidentes mortales hubiera sumado en 2018 la cifra de 64, o sea cuatro veces más.

La siniestralidad aérea mortal fue el año pasado la tercera menor de la historia, aunque claramente superior a la de 2017, que batió todos los récords de seguridad, con sólo 5 vuelos transportando pasajeros accidentados y 31 muertes. El año pasado fue el noveno de la historia con menos muertes.

De los 15 vuelos mortales, en 12 de ellos había pasaje en el avión, mientras que en los otros tres sólo viajaba la tripulación.  Tres de los quince, es decir una quinta parte de los aviones accidentados, eran propiedad de aerolíneas que figuraban en la lista negra de la Unión Europea por motivos de seguridad. En 2017 fueron 2 los aviones accidentados de aerolíneas vetadas en la UE.

Compartir
Artículo anteriorBrasil: radiografía del fascismo
Artículo siguienteNo al diálogo
Directora Diario16.com Periodista en cuerpo y alma, licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad del País Vasco, tras 15 años en medíos de comunicación, creó Comunica2 con su compañero de vida y también periodista, Sergio Arestizabal, para demostrar que otra forma de comunicar es posible. Tras sufrir censura y presiones de los poderes públicos en el ejercicio de su profesión, hoy es libre. Durante años ha asesorado personas y empresas en crisis o injustamente juzgados por la opinión pública y publicada. Hoy tiene el reto de que el Periodismo abra un profundo debate interno sobre cómo recuperar la honorabilidad de aquellas personas a las que por error enturbió su imagen pública. Inconformista y crítica, como debe ser una periodista.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

12 + veinte =