Guardia Civil

La Guardia Civil ha ofrecido detalles importantes sobre la investigación desarrollada para esclarecer el crimen de Laura Luelmo, la joven zamorana que desapareció el 12 de diciembre en El Campillo,   localidad onubense a la que se había mudado pocas semanas antes para trabajar en el instituto de Nerva, y que fue asesinada por un vecino que se había obsesionado con ella.

En la rueda de prensa, comparecen el coronel Ezequiel Romero, jefe de la comandancia de Huelva, junto al teniente coronel Jesús García, de la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil.

El coronel Romero ha explicado que, tras recibir la denuncia, logran el permiso para entrar en la vivienda de la joven en Huelva. Una vez en la casa, según relata, descubren que no había movimientos raros que explicaran una desaparición así.

Laura Luelmo contactó a las 16 horas con su pareja en que por wasap le dijo que no sabía si iba a salir a andar porque hacia viento.

La situación se abordó desde dos frentes: desde la búsqueda, por si se hubiera perdido; y desde la investigación, informa la Guardia Civil.

Su pareja y el padre en seguida echaron en falta en la casa las zapatillas de deporte y unas mallas. Eso hizo que en un principio se barajara la posibilidad de que se hubiera ido a andar. En ese momento, al salir de casa, los agentes ven a Bernardo Montoya, al que le preguntan si sabe algo de la joven. Y dice que ni siquiera sabía que allí vivía una joven.

La guardia civil pidió antecedentes sobre el vecino. Los investigadores fueron informados de sus antecedentes que les llevó a ponerle bajo vigilancia. Según el coronel, Montoya nunca volvió a la vivienda.

El coronel Romero relata cómo ese mismo día montan un dispositivo de búsqueda pensando en que la probabilidad de que se hubiera ido a andar fuera importante, y recalca que a pesar de que se dijo que se iba a correr, no es cierto. Por prescripción médica no solía ir a correr, no corría. Tampoco era una persona que se adentrara en el campo. Más bien era un poco miedosa a salirse del entorno donde hay personas.

“Montamos un dispositivo de búsqueda y al mismo tiempo pedimos a la juez que nos autorice de manera urgente la geolocalización del móvil que tenía Laura”, detalla, y “al día siguiente, el sábado 15, tenemos por la mañana la geolocalización. En un principio nos daba por la parte norte de El Campillo. Aunque los expertos nos dicen que al no ser una zona llana la probabilidad de que no fuera certera era elevada”.

“En la parte norte realizamos una búsqueda donde está una blasa de la mina de La Ponderosa. El día anterior vino el helicóptero y trajimos un perro. Repetimos también con ambos pero el sábado vienen también los GEAS, para analizar si pudiera haber caído (Laura) en la balsa”, continua Romero.

“El sábado por la tarde también detectamos y, está grabado por nuestras cámaras de seguridad del cuartel de Cortegana, que Bernardo sale con su vehículo en dirección a Sevilla”.

“El domingo volvemos a hacer otra batida la idea era abarcar 10 kilómetros más de radio. Todo era coordinado por nosotros para tener control de que no se mirara muchas veces en el mismo sitio y ninguna en otros sitios. Se dividía por sectores, con mapas incluidos. Siempre dirigidos en cada zona por un profesional, de tal manera que coordinara toda esa zona a batir”, ese día llegó a batirse la zona donde luego apareció el cuerpo de Laura. El coronel detalla el extenso equipo que se sumó a la búsqueda en esa misma zona.

El coronel felicita a todos los profesionales y voluntarios que participaron en la búsqueda y hace una especial mención a la familia de la víctima que define como “realmente ejemplar”.

“El domingo comprobamos que unos vecinos han visto a Bernardo Montoya, que el mismo jueves por la noche, es decir, el mismo día que fue identificado por nosotros y que se marchó, cuando oscureció a eso de las 10 y media de la noche, llegó andando a una de las calles cercanas a su vivienda. Estuvo escondiéndose. Cuando vio que había una patrulla, se marchó.”

La Guardia Civil tiene conocimiento de que el jueves o el viernes Bernardo Montoya fue al centro de salud de Cortegana porque se quejaba de un golpe en las costillas. “Pensamos que en el caso de que fuera el autor, pudiera haber sido por un forcejeo con Laura. Cada vez esta persona era más sospechosa”.

El domingo por la tarde, en el surtidor de Palos de la Frontera, queda reflejado que estuvo echando gasolina Bernardo Montoya. “Ahí supimos que tenía un familiar en Palos y le pusimos un seguimiento permanente. Un seguimiento para el que pedimos refuerzos. De Madrid vinieron especialistas”, afirma el coronel Romero.

“El lunes desplegamos un dispositivo. Los profesionales nos centramos en lugares donde se pudiera haber caído o refugiado, así como cualquier casa de campo. De tal manera que aunque se hubiera mirado antes, queríamos que fuera un profesional para que no quedaran dudas”, asegura.

“Un señor de la Cruz Roja fue el que vio unas prendas y llamó a la central. Mandamos a una patrulla, pero antes de que llegara, una del Seprona fue a comprobar las prendas. Y estos fueron los que observaron el cuerpo de Laura”, detalla el coronel.

“El cuerpo estaba desnudo de cintura para abajo. Estaba cubierta la cabeza. No tocaron nada”, “Quisimos que se hiciera la inspección ocular el equipo más experto que teníamos”, “Fue encontrada sobre las 12.30 pero no se hizo el levantamiento del cadáver hasta las 18.30”, “En el levantamiento del cadáver se observan claramente lesiones”.

“Bernardo no ha salido a la calle ni lo hemos localizado. Si bien sí hemos pedido llamamiento judicial, igual que intervención de sus teléfonos”, “En la mañana del martes sale con su vehículo, le ponen una baliza, le siguen. Pasa por Huelva, da una vuelta por el Hospital Juan Ramón Jiménez, según confesó él para ir al servicio. Pero ve una patrulla de la Policía Nacional y sigue. Va en dirección a El Campillo. Pero antes se mete por un camino, para el vehículo y se adentra en el campo. Ahí, cuando no sabemos dónde va, el equipo de seguimiento lo detiene”.

Ya detenido, Montoya les “cuenta una película”, pero por lo que dice él de alguna manera se autoinculpa aunque dice cosas que no son creíbles, como la forma de tomar contacto con ella ya que relata que Laura le pregunta dónde hay un supermercado, él le dice dónde está y se va con su coche a dar la vuelta

“Dice que le ha gustado mucho y que cuando vuelve del supermercado la coge. Dice que la chica se da un golpe con la puerta del coche, él se asusta y se la lleva al campo. Dice que no ha tenido ningún tipo de agresión sexual con ella. Dice que se ha limitado a quitarle los pantalones y a hacer una serie de tocamientos”.

La joven fue vista por última vez ese día cuando salió a correr por la localidad desde ese momento, se montó un dispositivo localizarla ante la posibilidad de que hubiera sido raptada e incluso agredida.

Cinco días después, el cadáver de la profesora fue encontrado semidesnudo entre unos arbustos en un sendero cercano al kilómetro 166 de la carretera nacional N-435 Huelva-Badajoz. En la investigación sobre la desaparición y asesinato de Laura Luelmo, participó el mismo equipo de la Guardia Civil que resolvió los asesinatos de Diana Quer y del pequeño Gabriel Cruz.

El cadáver de Laura Luelmo, la joven zamorana de 26 años asesinada por Bernardo Montoya en El Campillo (Huelva), continúa en las dependencias del Instituto Anatómico Forense de Huelva a la espera de la resolución de las pruebas complementarias a la autopsia sin conocerse todavía cuándo se autorizará su traslado para que su familia lo pueda llevar hasta Zamora y darle sepultura.

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