domingo, 19septiembre, 2021
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‘Montenegro y su venganza’, la última novela de José Antequera sobre la crisis y la decadencia del periodismo

El escritor y periodista de Diario16 construye el relato sobre un reportero que ajusta cuentas con los magnates de los grupos mediáticos

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Vincent Montenegro, un veterano redactor de Cultura del periódico valenciano El Independiente, acaba de ser despedido víctima de la crisis que sacude a los medios de comunicación como muchos de sus compañeros. A sus casi cincuenta años y con un expediente de crápula empedernido, el esnob Montenegro se siente acabado, hundido, sin nada que perder, por lo que decide pasar a la acción y emprender una disparatada venganza contra los principales accionistas del grupo mediático multinacional que lo ha enviado a la cola del paro como chatarra humana. Su desquite personal contra aquellos a los que considera culpables de todos los males de la humanidad llevará a Montenegro por tres grandes ciudades (Roma, París y Nueva York) en un peligroso viaje al término del cual ya no será la misma persona.

Ese es el argumento de Montenegro y su venganza (editorial Bunker Books), la nueva novela de José Antequera. La historia, entre social y noir, está de rabiosa actualidad, ya que no solo indaga en los efectos de la crisis devastadora que sacude el mundo del periodismo y los medios de comunicación, sino que es el fiel retrato de un superviviente en una época decadente donde las ideologías y los viejos valores de la Ilustración se han derrumbado para siempre, la mediocridad y lo zafio se extienden por doquier (desde el arte y la cultura a la política y los medios de comunicación) y la locura del dinero fácil, la corrupción moral y la brutalidad lo invaden todo.

“La mayoría de las personas se sienten intocables hasta que la fatalidad se cruza en su camino. Entonces caen en la cuenta de que son vulnerables, mortales, poca cosa. Creemos que tenemos una posición social, un trabajo, una existencia ordenada y estable. Un futuro seguro y para siempre. Dinero. Sin embargo, de la noche a la mañana llega la crisis, el sistema nos aparca como despojos, lo perdemos todo y aparece la sombra de la Oficina de Desempleo, el comedor social, la marginación…”, asegura José Antequera. Según el autor, esta novela trata sobre la rabia, la desesperación y el deseo de venganza de miles de náufragos arrastrados por el vendaval de la crisis. “Montenegro es un fiel representante de los miserables, los parias desposeídos de todo, los corderos que son injustamente manipulados por los verdugos que, desde allá arriba, mueven los hilos del mundo”, asegura el escritor y periodista.

Pero Vincent Montenegro es un intelectual incapaz de mancharse las manos con la sangre de aquellos que destruyeron su vida. Un periodista de Cultura pacífico, culto, sensible y con gafas de pasta no puede ser amante de la violencia, de la pistola o la navaja por mucho que se haya vuelto loco tras sentirse víctima de la mayor de las injusticias. Nuestro héroe entiende la venganza “como un plato que se sirve frío”, tal como se decía en Las amistades peligrosas, la obra de Pierre Choderlos de Laclos.

La fineza de Montenegro

Un caballero medieval o un vaquero del Far West subiría a su caballo e iniciaría una búsqueda sin descanso hasta dar con los malos y villanos y darles su merecido. Montenegro no. Montenegro planea la venganza más sutil y escalofriante que pueda imaginar un ser humano, una venganza sin balas, sin cuchillos, sin armas de ningún tipo más allá de su inteligencia, su ingenio para el mal y su corazón lleno de odio y rencor. Y la emprende no solo contra los ricos ejecutivos, empresarios y accionistas que han tomado la decisión de despedirlo, sino contra los grandes imperios mediáticos y multinacionales a los que el personaje principal de la novela considera culpables de todos los males.

“Aunque sea políticamente incorrecto decirlo, en la venganza de Montenegro hay algo de justicia, algo de rebelión y redención colectiva, algo que nos conmueve y nos lleva a ponernos de parte del protagonista y a desear, conforme vamos avanzando en la novela, que sus planes le salgan bien para que caigan, uno tras otro, todo ese hatajo de personajes siniestros: la mala gente que camina y va apestando la tierra de la que habla Machado”, asegura Antequera.  

Montenegro es, en cierta forma, un homenaje a todos esos vengadores de la literatura y el cine que, desmantelado el Estado, corrupta la policía, perdida la confianza en los jueces y conscientes de que no hay esperanza porque los poderosos siempre ganan, tienen su parte de razón. En Montenegro hay un claro homenaje al Conde de Montecristo de Dumas, otro que en épocas anteriores sufrió una encerrona en los pasillos del poder. “En cierta manera ambos son muy parecidos: gente honrada víctima de una trama que queda impune por un complot de criminales de guante blanco. Donde no llega la ley llega la venganza, que nunca es justificable ni un atenuante, y aunque es malsana porque acaba destruyendo a quien le corroe por dentro muchas veces ocurre por defecto del sistema”.

Fue Marco Aurelio quien dijo aquello de que el verdadero modo de vengarse de un enemigo es no parecerse a él. Sin embargo, ese lema está pensado para santos y almas nobles, no para la mayoría de los mortales de este mundo. ¿Quién no ha tenido alguna vez la tentación de ajustar cuentas con un jefe déspota y cruel, un banquero sin escrúpulos o un abogado estafador? La mayoría de nosotros, en algún momento de nuestra existencia, hemos sido un Vincent Montenegro de la vida y hemos sentido el deseo irrefrenable de tomarnos la justicia por nuestra mano. Por suerte, la gente es más racional de lo que parece y sabe parar a tiempo, no como Montenegro, que decide dar rienda suelta a sus instintos más primarios. “La venganza nunca es la solución porque es malsana, ni siquiera cuando es justa porque acaba destruyendo moralmente al vengador. Pero es que hay algunos que la están pidiendo a gritos. ¿O no es así?”, ironiza José Antequera.

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