La ultraderecha ha conseguido que se cancele uno de los espacios democráticos por excelencia: un debate electoral. No es cuestión de afirmar si los candidatos de los partidos de izquierda han caído o no en la provocación, sino que han decidido anteponer la dignidad de la democracia a los intereses partidistas porque lo que ha sucedido hoy en los estudios de la Cadena SER es muy grave.

Irse de un debate en el que la candidata ultra ha decidido no condenar explícitamente las amenazas de muerte sufridas por Pablo Iglesias Turrión, Fernando Grande-Marlaska y María Gámez, sino quedarse en una condena global de todos los actos de violencia es un acto de dignidad.

El diálogo y el debate son la mejor herramienta que tiene la democracia. Contrastar opiniones y puntos de vista. Sin embargo, cuando se cruza la línea roja de blanquear la violencia dependiendo de quien la ejerza o contra quien se dirija, eso no es permisible en democracia y sólo fue justificado durante la dictadura franquista, cuando la represión contra «los rojos» estaba institucionalizada.

El primero en retirarse de debate fue Pablo Iglesias. «Si no se retracta y permitís que no continúe el debate nosotros nos vamos», ha afirmado Iglesias quien, anteriormente, ya había afirmado que «esto es muy grave. La tolerancia e impunidad con estas amenazas hace que vayan a más. No es tolerable que habiendo sido amenazado de muerte la candidata de Vox ponga en duda la veracidad de las amenazas».

Monasterio, con la intolerancia propia de los ultras, le ha desafiado: «los españoles no nos creemos nada de este Gobierno. Si es tan valiente, lárguese. Lárguese, que es lo que queremos muchos españoles». Iglesias ha contestado que «esto no es aceptable. Permitir que sigan en el debate así es blanquear a la ultraderecha».

El debate continuó, ya sin el líder de Unidas Podemos, pero, tras una pausa, el candidato socialista, Ángel Gabilondo, anunciaba también que abandonaba el plató: «Yo me he quedado por respeto a la democracia y porque el odio no puede silenciar a la democracia. Yo esperaba que el señor Iglesias iba a volver. Ha sido directamente amenazado. Tenemos que estar con los que están amenazados».

Mónica García, candidata de Más Madrid, hizo lo mismo: «Yo lo siento mucho. Estoy de acuerdo con el señor Gabilondo. Lo que ha pasado aquí es de una extrema gravedad».

Reacciones tras el debate

Tras el debate, las reacciones no se han hecho esperar. Ángel Gabilondo ha señalado que «Han pasado muchas cosas. Se ha hecho una condena global de la violencia, pero no específicamente de un acto contra uno de los convocados al debate, el señor Iglesias. He entendido y esperado que quizá pudiera volver. Pero no estoy de acuerdo con quien condena la violencia solo abstractamente. Se ha desarrollado todo en un clima de exaltación de valores no democráticos. Los ciudadanos a veces necesitan no solo oír nuestras propuestas, sino cuándo está en juego la democracia, hacer de nuestra palabra un acto de la defensa de los derechos y libertades democráticos. Los ciudadanos que luego voten según lo que piensen y sientan, pero que voten a favor de la democracia, para hacerla consistente. No a favor de esta confrontación y provocación permanente. Mi palabra hoy ha sido un acto, y mi acto ha sido decir, con respeto a la SER y a Ángels Barceló, con respeto a que se favorezca el debate en este espacio. No podíamos seguir desgranando medidas sobre si abrimos o cerramos bares cuando están en juego los derechos y libertades de la población y que puedan llegar al Gobierno quien defiende valores antidemocráticos».

Mónica García, por su parte, ha sido muy contundente: «Me gustaría que los 10 días que quedan de campaña fuéramos capaces de apartar a la ultraderecha de la señora Monasterio del debate político. La ultraderecha ha demostrado una vez más que sólo sabe hacer política del odio. En estas circunstancias no se daban las condiciones para hacer un debate. Ha quedado demostrado que vienen a la política a provocar. No nos merecemos, después del año que hemos pasado, a un partido de la extrema derecha boicoteando nuestra democracia».

Por su parte, Rocío Monasterio, la candidata de la ultraderecha, se ha defendido a través de ese victimismo que tan bien se explota desde la antipolítica: «Hemos sufrido violencia en la calle. No me han dejado debatir, no me han dejado hablar. Estos candidatos no quieren debatir. El señor Pablo Iglesias ha salido huyendo. Nosotros condenamos toda la violencia, pero el señor Pablo Iglesias no quiere debatir conmigo. Quizá tiene miedo. La izquierda no quiere debatir, tienen miedo a las propuestas de Vox, al problema de las mafias, narcotráfico, inseguridad en las calles, el despilfarro político. Yo me temo que como no quieren debatir conmigo, tampoco irán al resto de debates».

Ciudadanos, por su parte, tras intentar que el debate continuara, ha publicado un tuit en el que reafirmaban que «somos demócratas y no nos rendimos: no caeremos en el juego de Vox. La democracia la hemos ganado con la palabra, con acuerdos y rechazando el odio».

La reacción más sorprendente ha sido la del Partido Popular de Madrid, quien ha publicado en Twitter un mensaje en el que han demostrado claramente que se han posicionado definitivamente en favor de la extrema derecha.

Este tuit fue borrado con posterioridad, pero es la clara demostración de hacia dónde están llevando al PP tanto Pablo Casado como Isabel Díaz Ayuso. Ese mensaje en Twitter no es más que el blanqueo de la extrema derecha.  

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