La discusión a mediados de año de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (LIVE) generó un auge en la participación política de la ciudadanía argentina. En cada grupo de amigos, en cada mesa familiar, en cada lugar de trabajo, se debatía sobre el Proyecto de Ley. Movilizaciones populares llenaron las calles de Buenos Aires y de cada ciudad del país apoyando o rechazando el proyecto de ley. Finalmente el proyecto no fue aprobado, pero la ciudadanía ganó, porque el tema se instaló después de mucho tiempo de discutirse tras bambalinas, y fundamentalmente porque sectores de la población que veían la cosa pública de costado, comenzaron a interesarse por lo de todos, entendieron que, como dice el Raly, ‘política hacemos todos al caminar’.

Por eso fue diferente el tratamiento que se le dio a la denuncia pública de abuso sexual que hiciera una actriz tiempo atrás de la que realizara una colega suya la semana que pasó. En el primer caso, cuando Calu Rivero denunció a Juan Darthés muchos dudaron de la palabra de la actriz y buscaban otro tipo de intenciones tras su denuncia de abuso, en cambio cuando el pasado miércoles Thelma Fardín lo denunció por abuso y violación, el apoyo a la joven fue instantáneo y casi unánime. De hecho muchos de quienes dudaban de la palabra de Rivero le pidieron disculpas y se convencieron tras el relato de Fardín. Aunque no fue la única diferencia entre ambos casos, mientras que Rivero realizó su denuncia de manera solitaria, Fardín contó con el apoyo del colectivo Actrices Argentinas, ‘la colectiva’ según sus integrantes que se conformó con motivo de la discusión de la LIVE en el Congreso de la Nación.

El accionar de la colectiva no es más que un escalón más en una larga pelea que dan las mujeres (y algunos varones) en Argentina por visibilizar una realidad que debe cambiar, de manera contundente y cuanto antes. Hay quienes dicen no verse representadas en este movimiento, y no es obligación que así sea, pero nadie puede desconocer que gracias a su accionar la cuestión de los abusos sexuales logró un posicionamiento público que nunca tuvo.

Esta situación logró que muchas personas que sufrieron abusos a lo largo de su vida se hayan sentido lo suficientemente fuertes como para poder exteriorizar su sufrimiento y, en algunos casos, denunciar estos delitos ante la Justicia. Quizás el caso de mayor notoriedad es la denuncia que el pasado 12 de diciembre realizara una empleada del Congreso Nacional, quien se presentó ante la Justicia para revelar que el actual Senador Nacional de la Unión Cívica Radical de la Provincia de La Pampa, Juan Carlos Marino había abusado de ella meses atrás. Es de destacar que el propio Senador ya tuvo una denuncia anterior, también sobre abuso, sobre la que la Justicia aún no se expidió. Aunque no es el único, del ámbito político también fue acusado, aunque veladamente, el actual Presidente del Banco Central de la República Argentina, Guido Sandleris, y ante la Justicia el pasado 26 de mayo, el Ministro de Educación de la Nación, Alejandro Finocchiaro, quien pese a la denuncia sigue al frente del Ministerio. Distinto fue el accionar del senador bonaerense peronista Jorge Romero, quien decidió renunciar a su banca porque, según sus palabras, ‘en el pasado tuve prácticas machistas que en ese momento parecían naturales’, aunque cuesta entender como tales el encerrar a una mujer en un baño durante una fiesta, mostrarle su pene y querer obligarla a que le practique sexo oral.

Como en el caso del #MeToo estadounidense el #MiráComoNosPonemos se está convirtiendo en una ola imparable que aportará justicia para víctimas y victimarios y acompañamiento a quienes vienen sufriendo esta realidad desde hace mucho tiempo y que recién ahora pueden exponer públicamente.

Pero sin embargo hay quienes descreen de las denuncias públicas. Como se pregunta Tamara Tenembaum, ‘Nadie desconfía tanto cuando una cuenta que le robaron el celular o la billetera en el colectivo; se sobreentiende que es algo común. Cabe entonces la pregunta ¿por qué es tan difícil de creer algo que pasa todos los días?’ Quieren seguir escondiendo la cabeza bajo la tierra como el ñandú, pero la historia sigue su curso y sabrá pasarle factura a quienes así piensan.

Tal como denunció Fardín, y en un ‘modus operandi’ repetido por todas quienes lo acusaron, Juan Darthés le dijo ‘mirá como me ponés’, remarcando la supuesta excitación que le generaba su víctima. Por ello la campaña adoptó como identificación el hashtag que titula este artículo, #MiráComoNosPonemos, pretendiendo exponer claramente nuestro accionar frente a los delincuentes.

Ante esto no hay grises, se está con la víctima o con el victimario, con el abusado o el abusador. Como menciona Tenembaum en su artículo, la mayor parte de las personas abusadas no denuncian el delito del que fueron víctimas, por lo tanto es necesario acompañar a quienes sí pudieron hacerlo para comenzar a construir un camino que pueda ser transitado por todos quienes así lo requieran.

Cuando uno mira atrás encuentra varios casos que se hicieron públicos y no tuvieron el eco que tienen hoy las denuncias, debemos hacer el mea culpa de no haber abierto los ojos en el momento adecuado, o por quién era el denunciado, y se especulaba con que la denunciante querría sacar provecho, o por quién era el denunciante, como si eso lo hiciera menos apto para denunciar. No supimos estar a la altura de las circunstancias. Nos equivocamos. Los casos de Cinthia Fernández o Héctor Veira son claros ejemplos de esto. Susana Gisbert, fiscal especializada en violencia de género de la Provincia de Valencia, lo describe para España pero es totalmente aplicable para la Argentina, ‘A la Justicia, las mujeres y lo que nos pase le importamos un bledo’, y esto queda claro cuando uno ve por las peripecias que debe pasar una mujer que se presenta en la Justicia para denunciar un caso de abuso o violación.

Pero estamos a tiempo de cambiar. Todos. Sabiendo escuchar. Denunciando. Acompañando a quienes denuncian, y fundamentalmente educando a las generaciones que nos suceden. Esa es nuestra mayor responsabilidad. Ayudar a que los niños sepan que #NoEsNo, cuando lo dicen o cuando se lo dicen. No supimos construir el pasado, cambiemos para aprender a construir el futuro.

 

NOTA: Las ilustraciones son de ROFerrer, podés ver sus genialidades en https://twitter.com/RoFerrerIlustra

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