Prosa poética dedicada a la esperanza. Desde que existen las redes sociales, vivimos continuamente sobre informados, y generalmente dicha información trata sobre temas dolorosos, tristes o preocupantes. Hay momentos en los que vale la pena poner el freno, dejar que nuestra mente descanse, y tratar de ver la belleza de otras muchas cosas que nos rodean. No dejemos que las negras nubes nos hagan olvidar que, tras ellas, el sol sigue brillando.


Mil hojas caen de los árboles cubiertos de la miel del otoño. Mil hojas que algún día fueron tan verdes como las intensas pinturas de los frescos que la primavera describen. Ellas reían al son de la brisa veraniega que acariciaba, tímida, el tallo húmedo que las atravesaba como una espada de caramelo. Eran mil, mil tiernas hojas que creían que sus colores siempre deslumbrarían al más romántico de los enamorados…

Y ahora están ahí, en el suelo, su tallo ya no tiene mermelada, sus extremidades se parecen ahora a la arena de esos desiertos infinitos donde ni siquiera los espejismos caben en la esperanza…

Y la brisa ya no las mece suavemente entre las ramas. Ya nadie las acuna. Ahora es el viento quien se encarga de arrastrarlas y elevarlas con una brusquedad digna de un mar sintiendo rabia.

Mil hojas…

Mil hojas que brotaron de esos majestuosos árboles manchados de oro, mil hojas que hacían tiritar de placer a esas ramas ahora vacías. Ya no están, se marchan tiñendo el camino de tierra y paja. Y los árboles, los árboles parecen haberse desnudado a pesar del inminente frío que el invierno siempre atrapa para hacerlo llegar hasta el último de los rincones que cualquier alma pueda imaginar…

En una de esas ramas observaba el gorrión la escena. Él soñó que la primavera iba a ser eterna, e igual que algún día brotaron esos pétalos que él tanto amaba, brotaban ahora las lágrimas de su mirada inundada de nostalgia…

No llores dulce gorrión. No llores más. La primavera no es eterna, igual que nunca será eterno el invierno. No llores pequeño y triste gorrión… Es cierto, las hojas se fueron, las ramas que te daban su calor y su color parecen vacías…. Pero realmente, bajo tus alas yace la vida de la sabia que recorre las venas de estos árboles que son tu hogar. Tú no lo ves gorrión, tú tan solo estás viendo el pelaje ausente de tu gélida morada, pero no te engañes gorrión. El esqueleto de estos abedules helados, alberga el mayor de los milagros que el tímido sol escondido tras el agua de las nubes que inundan el cielo esconde. Y es la vida gorrión. Lo que te parece triste es de una belleza inconmensurable. Lo que tú crees una desgracia, es la mayor de las gracias que este mundo nos regala, y es que tras un invierno de crudos grises azotando tus alas, de nuevo llegará ella, la primavera, esa ráfaga de olores, colores y calores que hará que, de nuevo, esas hojas que danzan al son de tu canto nazcan cetrinas y jugosas, sean las esmeraldas que decoren tus plumas de terciopelo.

Cierra pues tus ojos gorrión, permite que tus párpados escondan tu desánimo, eleva tu cuello al cielo y deja que te inunde el olor de la vida embriagando tu pesar. No permitas gorrión que la aflicción ciegue tu mirada, pues a veces la amargura se disipa simplemente sabiendo, gorrión, que tras el invierno siempre, siempre, volverá la primavera.

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