El escritor bilbaíno Galder Reguera.

Tenía ahí esta sobrecogedora historia, su historia, desde el día que nació. No, desde ese día no. Desde meses atrás más bien. La historia estaba prácticamente ahí desde aquella Nochevieja de 1974 en que su padre se fue a trabajar y ya nunca más volvió. La carretera y alguien que se le cruzó en el camino provocaron que jamás pudiera conocer a quien lo engendró. Ese mismo día su madre supo que lo llevaba dentro de su vientre. El bilbaíno Galder Reguera nos abre de par en par las puertas de su familia, de aquella gran familia que quedó rota para siempre desde aquel fatídico día más propio de confetis y champán. Y lo hace con una sensibilidad exquisita y, por encima de todo, con un afán tan comprensible como primigenio de conocer a toda costa quién fue realmente su padre, aquel hombre al que no pudo conocer y le dio el regalo de la vida. Este bello libro le devuelve a su progenitor el obsequio y los lectores asisten con asombro, impudicia y admiración al intercambio. Una experiencia a flor de piel.

Su libro se lee con un sobrecogimiento que perdura a lo largo de sus 400 páginas. Y lo que es mejor, no busca premeditadamente sobrecoger en absoluto. ¿Qué ha pretendido al escribirlo?

Como cuento en el mismo libro, en realidad no tenía en mente escribir esta historia, sino que todo se precipitó a partir de unas determinadas circunstancias. Yo sé que esa historia estaba ahí, que algún día probablemente la afrontara. Pero tengo la sensación de que no he elegido del todo el momento, sino que ha llegado. Escribiendo Libro de familia he pretendido muchas cosas. Pero quizá algunas están más presentes que las demás: ser respetuoso contando la historia de mi familia, no hacer daño a nadie, no convertirme en un reproche y hacer balance de todo aquello que me hizo ser quien soy ahora. Revisitar los orígenes, de alguna manera, pero sin rencores ni ajustes de cuentas.

“El mundo carece de sentido. Hemos de dárselo a través de la palabra, del relato”

“Mi padre murió el día en que mi madre le dijo que estaba embarazada de mí”. Demoledora primera frase de su libro y leitmotiv sobre el que gira toda su introspección familiar. ¿Ha saldado una deuda pendiente o no se trataba de eso?

No sé si se trataba de eso, porque tampoco me lo planteé al afrontar la escritura. Pero sí, totalmente. El libro me ha servido para reconciliarme con la figura de mi padre biológico, con esa sombra que se proyectó sobre mi vida desde el primer día. 

Cuando uno bucea en su pasado, ¿halla fantasmas no buscados o encuentra la paz más bien?

Yo creo que depende de cómo lo afronte uno mismo. La mayoría de las ocasiones encontramos lo que queremos buscar. Como en filosofía, lo importante no son las respuestas, sino las preguntas. A mí me daba cierto miedo abrir heridas cerradas del pasado, también encontrarme con algún dato que variara cómo veo mi vida y mi familia. Pero creo que en el fondo lo importante es el tono con el que esa búsqueda se afronta. En mi caso, habría sido muy fácil centrarme en todo lo negativo que tiene mi historia familiar. Habría sido fácil y destructivo. Por eso hui de sentimentalismos y reproches.

La trama narrativa discurre a modo de novela policiaca en la que el detective, usted, debe encontrar la solución a un misterio y también al culpable del mismo. ¿Ha resuelto todos estos enigmas?

Sí, los fundamentales. ¡Pero no quiero hacer spoilers!

Uno de los puntos más emotivos está cuando descubre la identidad del hombre que causó la muerte prematura de su padre. ¿Cuántas dudas le asaltaron en ese instante?

Muchísimas. Fue un momento muy intenso. Incluso tuve que lavarme la cara con agua fría para despejarme. ¿Qué hacer? ¿Contactar con él? ¿Hablar con su familia? ¿Tenía yo derecho a remover el pasado, a plantarme frente a él y preguntarle cómo afectó a su vida su error, contarle cómo afectó a las nuestras? Todo eso lo cuento en el libro e intento mostrar al lector las dudas morales y literarias que me abordaron.

“A quienes hacemos novela de no ficción a veces nos acusan de ególatras”

La literatura al desnudo que hoy está marcando tendencia está haciendo de los escritores seres menos endiosados y sí algo más vulnerables y terrenales. Todo ello con un estilo narrativo marca de la casa de cada uno de ellos. ¿Qué cree que ha aportado a esta corriente su Libro de familia?

¿Si? Me alegro mucho de que tengas esa opinión, que comparto, porque a quienes hacemos novela de no ficción a veces nos acusan de ególatras. En Libro de familia yo quería que el lector me acompañara en el proceso de descubrimiento de quién fue mi padre, así como en el relato de cómo su muerte fue el primer movimiento de muchos otros que hicieron de mi familia, y de mí, lo que somos. Por eso quiero hacer partícipe al lector de mis dudas. Porque son importantes en el constructo de la novela.

¿Lo dudó en algún momento: dar el paso de contar la historia de su padre, o sea, la suya propia y la de toda su familia?

Innumerables veces. Y te soy sincero: a veces, muy pocas, pero intensas, me asalta la duda de si he hecho bien. Pero creo que hay que saber convivir con las dudas y evitar las certezas, más cuando se refieren al proceso creativo. ¿Sabes lo que más me ayuda? Comprobar que montones de lectores me cuentan sus historias, me dicen en qué coinciden las suyas y la mía, y me dan las gracias por haber escrito el libro. ¡Eso es maravilloso! El mundo carece de sentido. Hemos de dárselo a través de la palabra, del relato.

“En mi caso, habría sido muy fácil centrarme en todo lo negativo que tiene mi historia familiar. Habría sido fácil y destructivo. Por eso hui de sentimentalismos y reproches”

Su libro es muy cercano, cualquier puede verse reflejado en él, y nos hace pensar cuánto de fundamental tiene la familia en el sentido de nuestras existencias. ¿Cómo de decisiva ha sido su familia para llegar a ser usted quien hoy es, una persona cuyo padre moría una aciaga Nochevieja en un accidente de carretera?

¡Gracias! Yo creo que la familia puede ser la fuente de la mayor felicidad y también de la más terrible tristeza, porque la familia se teje con hilos de amor y de odio. Puedes ser un triunfador en la vida y que tu familia te rechace, por lo que sea, y eso hacerte sentir un desgraciado. Puedes habértela pegado en todo lo que has intentado, pero tener una familia que te apoya y te cubre y probablemente eso matizará tu visión de la vida. En mi caso, si tengo algo de bueno, se lo debo a mis padres. Por eso el libro es, en parte, una declaración de gratitud y de amor hacia ellos. Hoy día, que está tan de moda el reproche, me apetecía hacer ese pequeño homenaje.

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