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«Mi gran frustración en la vida ha sido no coronar el Everest»

Entrevista a César Pérez de Tudela, el último alpinista

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análisis

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Hombre polifacético donde los haya, César Pérez de Tudela es, a sus 82 años, un alpinista español que a su largo de su vida ha fungido como policía nacional, abogado, escritor, gran viajero y guía de viajes para muchos que han osado seguir sus pasos a numerosos lugares del mundo.

Coherente, ciudadano del mundo, abierto y honesto, Pérez de Tudela reconoce en un libro de conversaciones con él que “en los momentos difíciles el hombre siempre está solo”. En su vida, que es como un libro de aventuras, esa máxima quizá es la que le ha acompañado siempre y le ha servido para afrontar muchas situaciones límites, como la muerte de su esposa en una expedición, allá por el año 1971. 

Usted ha sido una persona muy polifacética. Si tuviera que describirse, ¿cómo se definiría a sí mismo?

Yo soy definitivamente un alpinista, que también implica la faceta de viajero, ya que es una labor que te obliga a viajar a lugares recónditos y alejados de la civilización. También es cierto que he escrito y he publicado varios libros, 38 en total, que son muchos, pero sigue pesando mi vocación de alpinista sobre todo lo demás. Siempre he ido detrás de las montañas y quizá las más difíciles siempre. He escalado los Pirineos, los Alpes y muchas más expediciones, siempre buscando retos exigentes como alpinista, que es lo que realmente soy y he sido. 

Después de tantos viajes, tantos países, tantos lugares, ¿cuál es el lugar o país que más le ha impresionado?

Pakistán y Afganistán me impresionaron mucho, algo que no esperaba y me abrieron los ojos a una realidad distinta. Luego, desde el punto de vista de la naturaleza, Chile y el sur de Argentina me llamaron poderosamente la atención, donde visité algunos parajes no muy conocidos, casi virginales, a pesar de que hoy parece que está todo conocido y visto.

De  nuestro continente, de Europa, ¿qué paisajes destacaría?

Los Alpes, sin lugar a dudas. Además, los Alpes están ligados al nacimiento del montañismo y estas montañas son las que dan el nombre al alpinismo, algo que ahora ha derivado en lo que se denomina senderismo, porque en el camino a la montaña siempre había senderos. Los Alpes son espectaculares, siempre me gustaron esos paisajes.

¿Le afectó mucho la muerte de su mujer en una expedición al Himalaya en 1971, fue algo  determinante en su vida?

Me afectó mucho personalmente y me causó un gran impacto porque me mostró la montaña en toda su dimensión y realidad. Cuando la montaña es difícil y presenta dificultades, el riesgo de muerte aumenta y se hace más evidente, aunque nunca lo esperas porque piensas que le ha ocurrido a otro y a ti nunca te va a pasar, lo cual no es cierto y te puede pasar. La muerte de Elena fue un golpe duro al cual hay que añadir que tuvimos que enterrarla allí porque no pudimos llevarnos el cuerpo y tuve yo que regresar, hacer un viaje específico, para ir a buscarla al Himalaya. Fue un golpe muy duro, sin duda, que todavía no lo he olvidado y sigo recordando.

¿Qué valores le infundió el alpinismo en su vida?

He perseguido todos esos valores que da la montaña, como el compañerismo y el trabajo en equipo, que ahora parece que se están perdiendo. El montañerismo aporta una serie de valores en la vida, no cabe duda, como por ejemplo la camaradería. Yo, por ejemplo, cuando me enteraba que algunos montañeros tenían problemas y estaban pidiendo ayuda, como me ocurrió varias veces en La Pedriza, allá iba a rescatarles y ayudarles sin pensarlo dos veces. Durante mucho tiempo existió entre nosotros el auxilio, algo que considero fundamental en la montaña. En la montaña, siempre prima un gran sentimiento de amistad y ayuda mutua entre nosotros los alpinistas. 

Imagino que hace sesenta años, cuando usted comenzó en este oficio, viajar a Chile o a China sería toda una aventura, ¿no cree que eso se ha perdido porque ahora viajar resulta mucho más sencillo?

Se ha perdido totalmente el espíritu del aventurero y la montaña, en este sentido, se ha vulgarizado mucho. Antes, ir a Chile, a la Tierra de Fuego, era toda una aventura y hoy no lo es tanto, aunque todavía quedan lugares en la tierra casi inexplorados y donde resulta arriesgado llegar hasta allí, aunque cada vez menos. Prima más la velocidad, llegar antes y la montaña ha perdido de su esencia, aunque yo sigo aferrado a los valores tradicionales, como ayudar al otro en la montaña, al que te necesite. Pese a todo, España se ha convertido en un país de montañeros, donde abundan senderistas y alpinistas, pero siempre con la mente puesta en ver quién llega antes, en competir con los otros. Yo, en ese sentido, no comparto esa idea e incluso me indigna, sigo aferrado al antiguo espíritu de la montaña.

¿No cree que el espíritu del viaje, como era antes, ahora se banaliza en los medios y hay algo de superficial en el tratamiento de los mismos?

Todo tiene un aire ciertamente muy dominguero. Por ejemplo, yo cuando viajaba, mi objetivo era lograr metas inalcanzables, coronar montañas y llegar a lugares desconocidos, no era tanto una competición como se hace ahora. En España, por ejemplo, hay una afición a la montaña, hay miles de aficionados a la misma, pero se han perdido los valores profundos, esenciales y tradicionales que el montañismo mantenía. Todo es demasiado rápido y fugaz, como usted dice, banal.

Aparte de conocer tantos países donde estuvo, ¿se interesaba por los aspectos culturales en torno a los mismos?

Yo antes de viajar, como por ejemplo cuando fui a Argentina, me iba a la biblioteca a estudiar y conocer la historia del país a donde viajaba. Cada país tiene su historia, bien diferentes cada uno de ellos, y es importante antes de viajar formarte para aprovechar mejor tu viaje, conocer a fondo el terreno que uno pisa.

¿Tiene alguna anécdota especial de alguno de sus viajes o de algún país?

Sí, siempre cada viaje te aporta algo y te da alguna experiencia que recuerdas. Siempre en estos viajes de alpinista aparecían cosas muy curiosas y también peligrosas. Yo he tenido la suerte de que en estos sesenta años he conocido un mundo que todavía era remoto y casi virginal. Por ejemplo, ahora los montañeros le dan muy poca importancia a llegar a la cumbre y se limitan a subir lo más rápido posible. Yo respeto todo, pero creo que el alpinismo ha perdido algo de su esencia inicial, que es lo que yo critico.

Si ahora todavía hay mucha gente que no habla inglés y cuesta entenderse en muchos países, ¿cómo se entendía usted en sus viajes?

C.P.T.: Por ejemplo, yo fui a China, que durante muchos años fue el país prohibido y te controlaban totalmente cuando ibas, diciéndote por dónde podías ir y dónde no. Luego llegó la liberalización y todo cambió. En cualquier caso, el inglés se instaló en todo el mundo y es la vía principal de comunicación, aunque también el español ayuda mucho; desde Estados Unidos hasta Argentina casi todo el mundo habla español y puedes entenderte y comunicarte sin problemas con todo el mundo.

Usted que ha conocido tantas Españas distintas, por decirlo de alguna forma, ¿cómo ve la salud del país y de la gente joven?

Se lee muy poco y el pasado, la historia, ya no le interesa a la gente, eso es lo que detecto en España. Por ejemplo, mi generación de alpinistas siempre buscaba los referentes del pasado, quería aprender de las generaciones anteriores, algo que ahora no pasa y nadie mira hacia atrás.

¿Tiene alguna frustración personal, algo que no haya logrado en su vida?

Sí, claro, no haber subido al Everest. He estado en tres expediciones, pero nunca lo coroné. En una de ellas murieron mis compañeros y en otra me dio un infarto. Las cumbres, las montañas, siguen ahí, pero ya no es luchar contra lo desconocido. Todo está conocido antes de que tú vayas. El montañismo ha perdido ese espíritu tradicional y ahora es mucho más deportivo, más competitivo. Yo no me considero un deportista sino un alpinista en todo el sentido de la palabra. Yo he indagado, he estudiado y he trabajado en la búsqueda de la esencia del alpinismo, algo sobre lo que he escrito y tengo todavía algunos trabajos inéditos sobre el asunto. E incluso he buscado explicaciones a todo esta materia en la filosofía y pienso en Friedrich Wilhelm Nietzsche, cuando reflexiona sobre estos asuntos de la subida y la bajada de las montañas en su obra Así habló Zaratustra. Creo que en el alpinismo hay un aspecto filosófico, de búsqueda de nosotros mismos y de alcanzar una meta personal que tiene mucho que ver con nuestra propia vida. 

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