Edificio del Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

No solo procura una vergüenza nacional e internacional, sino que, y en manera más absurda y cómica, va a quedar España señalada por la homofobia como argumento, y en la misma línea, el engaño pueril y descarado de rellenar y mancillar el currículo, como idea para alcanzar todo objetivo deseado.

La jueza que representará a España en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, no sólo falseó el currículo que envió a Estrasburgo para su posible elección, al indicar de manera descarada que había redactado la Ley de Igualdad de Zapatero, sino que abandera en todos sus comentarios, artículos, textos periodísticos, así como en sus libros, una tendencia de homofobia indecente y cruel.

¿Dónde se pierde el contexto humano? ¿Cómo se puede tomar en serio a las instituciones europeas, y se puede avanzar en ellas, cuando el único propósito sigue siendo alcanzar el poder a cualquier precio?

¿Cómo podemos aceptar, como ciudadanos, como seres humanos, en un contexto de igualdad, de libertad, de exigencia de nuestros derechos, todo dictado, ley o resolución sobre derechos humanos, de alguien que comenta que todo aquel que no construya y realice su comportamiento sexual de acuerdo a su sexo biológico, no desarrollará una conducta equilibrada y sana, sino que acabará desarrollando distinta patologías?

Volvemos, una vez más, a caernos del árbol, a pronunciar nuevamente la inoperancia de muchas instituciones, y la indecencia corrompida que hay en torno a ellas, y de cómo todo parece ser válido cuando el único objetivo es alcanzar una posición laboral, social y económicamente suculenta.

Si la Comunidad Europea pretende construir un contexto plausible y coherente que sea identificado e identificador de la gran mayoría de la ciudadanía, debe hacerlo en base a la creencia que las instituciones que la amparan y por las que se rigen, contengan una salubridad lo suficientemente transparente en ellas, y al tiempo, para acceder a ellas.   Por ello, en el caso de la jueza Elósegui, lo que queda es expulsarla, y no solo porque sus artículos, textos periodísticos y en sus libros queda evidenciada su tendencia a la homofobia, incoherente con el hecho de representar y regir el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, sino porque ha falseado en grave medida el currículo, requisito necesario para acceder a dicho puesto.

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Escritor. En el 2003 publica el entrevero literario “El dilema de la vida insinúa una alarma infinita”, donde excomulga la muerte a través de relatos cortos y poemas, todas las muertes, la muerte del instante, la del cuerpo y la de la mente. Dos años más tarde, en 2005, sale a la luz su primera novela, “El albur de los átomos”. En ella arrastra al lector a un mundo irracional de casualidades y coincidencias a través de sus personajes, donde la duda increpa y aturde sobre si en verdad somos dueños de los instantes de nuestra vida, o los acontecimientos poco a poco van mudando nuestro lugar hasta procurarnos otro. En 2011 publica su segunda novela, “Historia de una fotografía”, donde viaja al interior del ser humano, se sumerge y explora los espacios físicos y morales a lo largo de un relato dividido en tres bloques. El hombre es el enemigo del propio hombre, y la vida la única posibilidad, todo se articula en base a esta idea. A partir de estas fechas comienza a colaborar con artículos de opinión en diferentes periódicos y revistas, en algunos casos de manera esporádica y en otros de forma periódica. “Vieja melodía del mundo”, es su tercera novela, publicada en 2013, y traza a través de la hecatombe de sucesos que van originándose en los miembros de una familia a lo largo de mediados y finales del siglo XX, la ruindad del ser humano. La envidia y los celos son una discapacidad intelectual de nuestra especie, indica el autor en una entrevista concedida a Onda Radio Madrid. “La ciudad de Aletheia” es su nuevo proyecto literario, en el cual ha trabajado en los últimos cuatro años. Una novela que reflexiona sobre la actualidad social, sobre la condición humana y sobre el actual asentamiento de la especie humana: la ciudad. Todo ello narrado a través de la realidad que atropella a los personajes.

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