El pasado mes de julio se llevaron a cabo los trabajos de exhumación de la fosa común situada a espaldas de la parroquia de Santa Mariña de Lagostelle, en Guitiriz-Lugo.

En su interior se encontraron los cuerpos de ocho represaliados del franquismo ejecutados en octubre de 1936.De los ocho restos recuperados, seis estaban en ataúd, perfectamente alineados, algunos con los brazos cruzados sobre su pecho y dos sin féretro a continuación de los demás. Encima de la sepultura colectiva, hallamos un montón de grandes piedras.

Pero en ese cuadrado casi perfecto, con una profundidad a la que casi un niño hubiera podido llegar jugando a hacer castillos, la sorpresa fue mayúscula cuando aparecieron tres botellas de vidrio con anotaciones en su interior. Suponemos que, por el peso de las piedras antes mencionadas, el paso de los años y la actuación de la naturaleza, tenían el cuello roto y su interior había sido invadido por el agua y la tierra, provocando que dos de estos documentos hayan sido insalvables, no así el tercero.

La primera botella en aparecer, de tamaño mediano y vidrio labrado, perteneció a una fábrica valenciana que elaboraba, entre otras bebidas, “Agua de Valencia”. Las otras dos botellas, algo más sencillas en su estética, contuvieron brandy de una conocida marca andaluza que aún sigue en activo.

Se sabe, que los mensajes dentro de botellas han servido de utilidad para muchos menesteres, pero sobre todo para pedir auxilio. Se tiene constancia de que el mensaje más antiguo hasta la fecha se encontró en Australia, que data del año 1886 y que fue lanzado desde un barco mercante al Océano Índico con un formulario en alemán en su interior. Presumiblemente formaba parte de una especie de experimento. En nuestro caso, se trata claramente de un acto de bondad para que un joven no perdiera su identidad y, a su vez, una llamada de auxilio para cuando las generaciones venideras volvieran a rescatarle.

Esta sencilla nota, después de someterla a un tratamiento de control térmico para extraer la humedad, es la que ha permitido a los técnicos de ARDF-Desaparecidos conocer la identidad del portador, y por investigaciones previas, saber también quienes fueron sus compañeros de suerte. Desgraciadamente, los otros dos mensajes se negaron a “cooperar”.

Se trata de Edmundo Peinado Ponte, natural de A Coruña y “paseado” con 27 años.

Edmundo, (o su sepulturero), nos han dejado un recado importante que debemos transmitir a sus familiares. Desconocemos si a la edad de su prematura muerte -producto de un tiro de gracia disparado posiblemente con un arma de 9 mm-, Edmundo dejó esposa e hijos, hermanos, sobrinos….

Ahora que ya le hemos podido devolver su nombre después de más de ochenta años condenado al ostracismo, necesitamos devolverle a su familia.

Respetuosamente pedimos a través de estas líneas, que todo aquel/la que pueda aportar algún dato sobre Edmundo Peinado Ponte, vecino de A Coruña y domicilio en C/ Atocha Alta 70-bajo izquierda, se ponga en contacto con ARDF-Desaparecidos.

También si conoce información de los siete fusilados que compartían sepultura con él, y de los cuales conocemos apenas el nombre de algunos:

Antonio González Costa

Ángel Rilo Raposo

Luis Palleiro Freire

DESCONOCIDO de nombre Fermín

ESCONOCIDO

DESCONOCIDO

DESCONOCIDO

Hagamos que este mensaje circule, que ruede la botella y que aparezcan lo más pronto posible esos parientes que seguro no les olvidaron nunca y aún lloran su ausencia.

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