Foto AMillan/Diario16

En estas páginas vengo escribiendo artículos en los que he ponderado la coherencia ideológica como uno de los elementos clave para hacer política. El filósofo francés Gabriel Marcel afirmó que «cuando uno no vive como piensa, acaba pensando como vive», y eso es lo que ocurre a muchos políticos, periodistas e incluso activistas sociales y «sonados» asesores en función de su incoherencia sobre comportamientos y mensajes con los que actúan de diferente modo según estén gobernando, en medio de una campaña o en la oposición.

La izquierda española ha sido protagonista de cambios ideológicos desde el momento en que ha accedido al poder que han llevado a la ciudadanía a desconfiar de ella y, como consecuencia de esa difidencia, se produce una desafección causada por la desesperanza, por la falta de un referente que dé seguridad al cumplimiento de las expectativas ideológicas.

Cada vez que un líder de un partido de izquierdas se pasa al «lado oscuro», a la Primera Orden o al servicio del Thanos capitalista por hacer caso a asesoramientos que están «a sueldo» del capital, se potencia al conservadurismo y a la extrema derecha. No debemos dejar de fijarnos en Francia, cuando Manuel Valls se definió como un «socialista pragmático» y potenció a Marie Le Pen con una acción de gobierno incoherente con la ideología que teóricamente debía defender. El ejemplo contrario, lo hallamos con la alcaldesa de París, Anne Hidalgo, que logra mantener el poder y el respeto del pueblo a través de la defensa de los valores fundamentales del socialismo y que la ha convertido en la verdadera esperanza de un partido histórico que está en horas bajas, precisamente, por la incongruencia, mediocridad y egoísmo de anteriores dirigentes.

En España, esa coherencia con la ideología de izquierdas desde el poder está siendo representada por la vicepresidenta primera del Gobierno, Carmen Calvo. No son sólo las palabras, sino que lo que se dice viene acompañado por hechos. Winston Churchill dijo, en un momento muy difícil para Europa, que «no es suficiente con hacer lo mejor que podamos. A veces, debemos hacer lo que se requiere». Y eso es lo que está haciendo, desde la coherencia, la verdad, la ética, la ley y la Constitución.

El pasado miércoles, Calvo entregó documentos de reparación a 12 víctimas del franquismo, un hecho que desde una parte de la derecha y desde la ultraderecha está siendo muy criticado porque, según su visión blanqueadora de la crueldad de Franco, hacer una política de respeto a la memoria democrática no es otra cosa que abrir heridas que, según ellos, se cerraron en la Transición. Esto es falso. No se puede afirmar que las heridas están cerradas cuando el dolor sigue a flor de piel, algo que la vicepresidenta lo vive cada vez que entrega esos documentos de reparación. 

Las lágrimas que salieron de los ojos de Carmen Calvo en ese acto muestran la sensibilidad hacia quienes, después de más de 40 años de democracia, siguen sin ver reparado el daño que sufrieron por, precisamente, defender un sistema político basado en derechos y libertades frente a una dictadura fascista. Las lágrimas de Carmen Calvo son la verdad, la ética, la palabra de la humanidad que representa el sentimiento político generado desde la coherencia de la ideología del socialismo histórico de su fundador. En definitiva, con alma sin «marca». ¿Que «marca» hará llevar los votos de los y las  socialistas a las urnas desde la verdad?

En ese acto, la vicepresidenta mostró para las víctimas y sus familiares «el respeto y el reconocimiento de este país a través de su Gobierno legítimo, porque España tiene que cerrar esta deuda consigo misma. Gracias por lo que han soportado, por esperar y aguantar; han sido de una generosidad extrema por este país al que todos servimos. España no puede ser una democracia que tenga todavía compatriotas desaparecidos, en fosas comunes que no hemos podido identificar y entregar a sus familias, esto no puede continuar así. No es sólo un asunto de lo que ocurrió, es un asunto de lo que no puede volver a ocurrir nunca más, y para que los españoles podamos ser libres y diversos en nuestra convivencia tenemos que entregar un legado intacto de compromiso y firmeza a los más jóvenes, que entiendan a quiénes debemos tanto para mantener lo más preciado de la vida en común que es la paz, la capacidad de entendernos y reconocernos como diferentes, y para eso sólo hay un camino que es cumplir la Ley. Para quien se pregunta si ahora toca o si es el momento sólo cabe una respuesta, que les miren a ustedes hoy a la cara, porque mantienen firme el pilar del recuerdo y de lo que es justo. Que les miren y encontrarán las respuestas muy rápido».

Entre los homenajeados se encuentra el general de brigada de la Guardia Civil José Aranguren, fusilado en 1939, María Castillo, fusilada estando embarazada, o José Eugenio García y José Luis Trujillo, dos presos del franquismo que han recibido las declaraciones de reparación en persona.

También el alcalde de Loeches, Benito Gómez, el labrador Miguel de la Fuente, el guardia rural Venancio Ramos, el jornalero Marcos Alcón, los militantes políticos y sindicales Florencio Soto, José Antonio García e Ignacio Fernández y el funcionario Eduardo España.

Una figura como la de Carmen Calvo es clave en un gobierno y un partido político donde conviven sensibilidades que van desde el neoliberalismo más conservador hasta el neo socialismo para que los objetivos de ambos, gobierno y partido, se puedan llevar a efecto, para que las reformas que son tan necesarias, sobre todo en un escenario como el actual, se implementen para que la ciudadanía descubra que, por una vez en la democracia, se orienta la estrategia gubernamental hacia el pueblo y no sólo a proteger a élites, barones y administradores del Estado más o menos oportunistas.  

La amenaza de la ultraderecha en España ya es un riesgo real para la democracia y Carmen Calvo se ha convertido en el muro por saber analizar a la perfección las diferencias del fenómeno respecto a lo que ocurre en Europa. En primer lugar, defendiendo las políticas de género, la lucha por la igualdad real y contra la violencia machista, hecho que supone también enfrentarse de frente a estos partidos ultras que pretenden la involución de la sociedad hacia los parámetros en los que la mujer estaba sometida a los derechos del hombre o a la anulación de la propia personalidad femenina. El papel de Calvo se fortalece por, precisamente, una trayectoria definida por la defensa de los derechos de la mujer y de los derechos humanos.

A diferencia de otros países, en los que los ultras están creciendo por, precisamente, la captación de apoyos entre los desilusionados de un sistema conquistado por las élites y las dictaduras privadas, España dispone de personalidades políticas como Carmen Calvo capaces de gestionar la crisis democrática que supone el crecimiento de los partidos de extrema derecha y, sobre todo, en ser la vanguardia de la democracia frente a la barbarie de quienes pretenden romper con todos los avances, sobre todo en lo referente a los derechos de la mujer, algo que ha demostrado en estos meses de gobierno junto a su equipo de trabajo, a pesar de lo que le «rodea».

La labor que Carmen Calvo está haciendo respecto a la memoria democrática, con la aprobación de una ley fundamental en un país que sufrió 40 años de dictadura fascista y que renunció a la dignidad y la justicia hacia las víctimas para evitar alterar a los residuos ultras tras la muerte del dictador, es ímproba, coherente y, sobre todo, basado en las indicaciones que al respecto han hecho organismos internacionales como la ONU y la UE.

La salida de los restos de Franco del Valle de los Caídos, la devolución del Pazo de Meirás al pueblo, el homenaje a los héroes españoles de La Nueve venerados en todo el mundo menos aquí, el recuerdo y reconocimiento del gobierno a las víctimas del campo de concentración nazi de Mauthausen, como Juan Romero, quien, en Francia, esperaba la felicidad y la justicia del pueblo español, a través de la iniciativa de la vicepresidenta, recibió días antes de marcharse feliz a ser eterno.

La aprobación de la Ley de Memoria Democrática es un elemento clave basado en la coherencia que no tienen otro fin que hacer justicia a quien la lleva reclamando durante 40 años y que España no siga siendo la vergüenza democrática de Europa por tener activos aún elementos de exaltación del franquismo en todo el territorio nacional.

La coherencia es, además, un aspecto que está basado en algo mucho más elevado: la verdad, un elemento básico en la política, sobre todo cuando se ocupan puestos de poder. En este aspecto Carmen Calvo ha dado muchas lecciones de lo que es defender la verdad política a través de la coherencia ideológica.

Charles Sanders Peirce afirmaba que la «identidad de un hombre consiste en la coherencia entre lo que es y lo que piensa», sin duda este comportamiento es la gran ventana de la verdad desde la que dirigirse al pueblo. Esa coherencia en un político o política es fundamental, puesto que se hallan factores ideológicos que el pueblo percibe y cuyos errores no perdona.

El problema de España está en que, en muchos aspectos, la política se ha instalado en la mediocridad y en la bajura de miras. La mediocridad no es la diferencia entre los conocimientos y formación de los seres humanos, la mediocridad está instalada en todos y cada uno de los lugares de la sociedad. La mediocridad es una diabólica condición humana, la incoherencia con la verdad de las ideologías, el egoísmo, la cobardía, y el engaño que juntos o por separado  revelan  los pensamientos más perversos del ser humano, lo que defino como «lo terriblemente humano».

El problema de la mediocridad es que resulta ser la puerta que da paso a la soberbia, a la maldad, a la deslealtad y a la traición. Los mediocres siempre buscarán el modo de hacer daño para ocultarse en el mal ajeno. Incluso llegan a comprar un suspiro de decencia que, por supuesto, no encuentra la sustentabilidad de la dignidad, de lo permanente, ni de la verdad. La mediocridad lleva al daño y detrás de ella se pretenderán siempre esconder los éxitos pagados y, sobre todo, siempre estarán cargados de cobardía e imbecilidad. La mediocridad sin duda es la crueldad de la necedad envuelta en hojas de pan de oro.

Por eso, Carmen Calvo es incómoda para muchos, incluso para el sistema implantado en algunos centros de poder, porque representa todo lo que no supone caminar por la senda fácil que abren las clases dominantes, sino que practica la noble acción de avanzar eliminando los obstáculos que los mediocres (que en todos los lados los hay) intentan poner en el camino. Chesterton afirmó que «la mediocridad consiste en estar delante de la grandeza y no darse cuenta», y también dijo que «Si de verdad vale la pena hacer algo, vale la pena hacerlo a toda costa».

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2 Comentarios

  1. Esta coherencia se disuelve como azúcar en café caliente cuando se abordan asuntos relacionados con la auténtica justicia (la que no retuerce leyes y reglamentos), con los DDHH y singularmente con todo lo relacionado son Cataluña y con la Monarquía…

    • No sé lo que durará tu comentario sobre este artículo del Todólogo botafumeiro de la Sra. Calvo. A ver si tiene más suerte que otros que han desaparecido en un «visto y no visto»

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