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“Me gusta que escribir implique un temblor”

La narradora argentina Leticia Martín presenta en ‘Estrógenos’ una “literatura de lo extraño” en su búsqueda de apartarse de lo convencional

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La narradora argentina, autora de la novela Estrógenos (Huso Editorial, 2019), se aparta de lo convencional para asumir que lo suyo es “la literatura de lo extraño”. En este diálogo se decanta por crear libros que sirvan de contrapeso a un mundo donde “todo es entretenimiento y distracción en el actual capitalismo de plataformas”. La novela Estrógenos ha sido definida como tragicomedia, distopía, ciencia ficción y trama de género. Sin embargo, para su autora se trata de una historia actual que casi ocurre en nuestro presente.

“El comer, el deporte, el vestirse. Puro entretenimiento y ansiedad. La web agita nuestro lado más efímero. Todo es instantáneo y veloz”

 

¿Por qué Estrógenos?

Estrógenos es un título que surgió luego de una extensa conversación con mi colega ensayista Nicolás Mavrakis, allá por 2015, cuando yo apenas terminaba de escribir la primera versión de este libro. La idea fue suya, en realidad. La referencia estaba en la novela, pero yo iba y venía en títulos alternativos más obvios, que no me convencían, hasta que di con ese. Por esos años no paraba de leer las novedades del mundo feminista. Acababa de discutir por escrito El manifiesto contrasexual de Paul Beatriz, toda enojada, y estaba leyendo Testo yonqui: un largo ensayo corporal en el que Preciado pone en escena una profunda reflexión acerca del lugar subalterno de las mujeres en las sociedades occidentales y donde, para poder pensarlo, casi en paralelo, va contando cómo se administra testosterona a diario, esa hormona masculina que modificará su sexo en algunas semanas. La forma concreta de cómo lx autorx plasmaba sus ideas sobre su cuerpo material me resultó tan provocadora y osada, que me sumergió en la escritura. Pensé entonces –creo que recién pude pensarlo ahí– que en mi novela estaban presentes (como ejemplos posibles) eventos de la “Era Farmacopornográfica”, esos mismos que, en términos teóricos, estaba escribiendo Preciado hacía tiempo. ¿Qué mayor «ensayo corporal» o «protocolo de autointoxicación» que el que hace Martín, el protagonista, cada mañana cuando se inyecta estrógenos para concebir un hijo con su mujer, pero que alojará en su cuerpo masculino modificado? Cuando llegué a esa idea sentí que todo cerraba, que yo misma estaba dando sentido a mis lecturas previas en esa novela, y que podía poner el punto final y comenzar a corregirla.

 

¿La suya es una novela futurista?

Muchas veces me hicieron esta pregunta y hay determinados elementos como el NIT (espacio tecnológico que reúne la información digital de todo ser humano) o la gran inundación (que modifica la forma continental actual del mundo, volviéndola insular) que permitirían afirmarlo. Sin embargo, a mi juicio, es una novela muy actual. Si bien sucede en un futuro: es uno muy cercano, uno que está a la vuelta de la esquina. Muchas de las acciones de esa historia casi podrían estar pasando hoy mismo. Puede resultar extraño, pero estamos en camino a algo así. O eso veo yo.

También me dicen que se trata de una distopía. Yo creo que aquí sí podríamos discutir un poco más. Si bien el mundo de Estrógenos parece avanzar hacia la extinción, las nuevas posibilidades de los nuevos géneros, y el deseo de “maternar” de los “padres”, terminan siendo la salida que salva al género humano. Esa es una interpretación que me gusta.

 

¿Le gusta conmocionar con su escritura, siente que eso logra con Estrógenos?

Me gusta que escribir implique un temblor, un trastocamiento, una provocación. Hay mucho escrito y por leer. Eso implica que no muchos ojos van a detenerse en lo que yo intente poner en la página. Pero, además, el mundo del espectáculo atraviesa su momento más álgido. Sitios de series y películas, videoclips, canales especiales, redes sociales, smartphones… Todo es entretenimiento y distracción en el actual capitalismo de plataformas. El comer, el deporte, el vestirse. Puro entretenimiento y ansiedad. La web agita nuestro lado más efímero. Todo es instantáneo y veloz. Y para leer un libro hay que sentarse, apagar pantallas (o dejar solo encendido el reader), detener el tiempo y serenar la mente. Lleva esfuerzo leer. Y cuando un lector llegó a nosotros, no podemos darnos el lujo de aburrirlo o decepcionarlo. Nuestro foco debe estar puesto en saber muy bien qué plan tenemos a la hora de escribir. Lo demás vendrá por añadidura.

 

¿Lee mientras escribe, de qué autores se nutre?

Nunca me trataron de usted en una entrevista. En Argentina el voseo está a la orden del día y solo a personas muy muy importantes se trata de ese modo. Así que me rio un poco al leer las preguntas, sin dejar de pensar que no merezco ese trato. Leo siempre. Cuando no escribo, leo más. Pero todos mis libros guardan en clave lecturas previas y me recuerdan a esos autores que estaba leyendo mientras los escribía. Creo, además, que nunca hacemos otra cosa que reescribir con nuestras palabras lo que leemos. Intentamos inventar mundos y crear historias, pero siempre estamos diciendo lo mismo. “Lo nuevo” ha muerto. Somos protagonistas de una época que es, sobre todo, remake, pura combinación de lo que ya existe. Cuando no esté para decirlo, me gustaría que me encolumnen detrás de los raros del sur del mundo, allá abajo: Mario Levrero, el uruguayo, Rodolfo Fogwill, Elvio Gandolfo, Clarice Lispector, Carlos Chernov, Carlos Busqued.

 

¿Qué quiere contar que no digan las noticias?

Quisiera contar que este año estaba prevista mi llegada a España para el lanzamiento de Estrógenos en Madrid, Valladolid y Barcelona; y que mi viaje coincidió con otro viaje, uno más trascendente: la partida de mi mamá de este mundo. La misma mañana del vuelo. Prácticamente a la misma hora. No dejo de pensar es esa nunca casual “coincidencia” de eventos. Me quedé entonces, para despedirla como se merecía. Y me quedé pensando, todavía hasta hoy. Lúcida hasta el último minuto, se alegró de mi decisión de acompañarla en ese tránsito. Vivimos unas horas de íntimo reencuentro espiritual y me dejó de ese modo sus últimas enseñanzas. Muchas personas trabajaron en la preparación de esas presentaciones, ya sea leyendo y escribiendo, como preparando lugares, escribiendo en la prensa y reservando sitios. A todos vaya mi agradecimiento infinito.

 

¿Nos podría hablar de su proceso creativo?

Leo. Arranco leyendo siempre. Necesito un vacío previo al acto de escribir. Meses de hacer otros trabajos y actividades para ir macerando una idea. Tomar notas, buscar nombres, anotar zonas y tiempos, buscar contextos, enlistar sucesos que no van a faltar. También necesito saber qué dos cosas van a cruzarse. Y hablar de la idea, contársela a mi compañero, antes que, a nadie, a algún otro colega, a veces. Una vez que arranca la escritura suelo ser metódica y disciplinada. Creo en el ritmo de cada trabajo, que es como la música interna de cada novela. Hay que estar atento a ello, detectarlo y respetarlo.

 

¿Quién es Leticia Martin?

Energías masculinas y femeninas en lucha constante y que ansían el equilibrio. Conflicto que se desanuda con pasión. Búsqueda incansable de más justicia social. Alguien que pisa los márgenes y se detiene a mirar lo diverso. Las manos en la masa. El cuerpo en la calle. Una voz múltiple. Pulsión que quiere aterrizar en deseo. Esfuerzo y trabajo constante. Amor desbocado. La certeza de que leer y escribir es para todos y nos hace mejores.

 

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