domingo, 20junio, 2021
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McMadrid

Jesús Ausín
Pasé tarde por la universidad. De niño, soñaba con ser escritor o periodista. Ahora, tal y como está la profesión periodística prefiero ser un cuentista y un alma libre. En mi juventud jugué a ser comunista en un partido encorsetado que me hizo huir demasiado pronto. Militante comprometido durante veinticinco años en CC.OO, acabé aborreciendo el servilismo, la incoherencia y los caprichos de los fondos de formación. Siempre he sido un militante de lo social, sin formación. Tengo el defecto de no casarme con nadie y de decir las cosas tal y como las siento. Y como nunca he tenido la tentación de creerme infalible, nunca doy información. Sólo opinión. Si me equivoco rectifico. Soy un autodidacta de la vida y un eterno aprendiz de casi todo.
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La luz de ese día eterno en el que viven las ciudades, se cuela entre los agujeros de la persiana, cuando Cleofé se despereza y apaga el despertador justo antes de que suene. Aún no es de día, pero la jornada comienza pronto. Ducha, desayuno, camas y salir corriendo para no perder el bus de menos cuarto porque si no, el siguiente, no pasa hasta veinticinco minutos después y pilla todo el atasco de entrada a la ciudad.

Parece que el bus se retrasa. Mientras espera, se fija que la noche anterior han llenado la tapia, frente a la parada, de carteles electorales. Cleofé, que trabaja de asistenta en casa de la madre de uno de los concejales del Ayuntamiento de Madrid, se pregunta por qué se empeñan en ensuciar las paredes con unos carteles que van a acabar en el suelo y que, como de costumbre, nadie va a barrer. Ella nunca vota. Solo lo hizo en el 2015 porque conocía al hijo de sus jefes, candidato entonces y hoy concejal. Casi lo había criado ella desde que tenía siete años. Era un buen chaval. Siempre la trató bien y se preocupaba por saber cosas de su vida. La preguntaba dónde vivía, cuáles eran los problemas de su barrio. Decía que había que modernizar el extrarradio y que todo el mundo debería tener una vivienda digna y un barrio en condiciones. Ella le hablaba del problema del aparcamiento. No puedes ir ni al médico le decía. Porque cuando vuelves ya no tienes sitio para aparcar. Los días que libra mi marido, no puede ir a la compra por la mañana, porque cuando vuelve no puede dejar el coche ni para bajar las bolsas. Las empresas de alquileres de vehículos lo copan todo. Los trabajadores de los edificios de oficinas, instalados en la orilla del barrio, lo copan todo. Las calles están sucias. Hay zonas sin asfaltar, donde también aparcan los coches y llenan luego todo de barro que cuando se seca se convierte en polvo. Un autobús cada veinticinco minutos que te da una vuelta turística por Madrid. Tardo cuarenta minutos en hacer los tes kilómetros hasta la parada del metro. Casi que llego antes andando. El paro, los desahucios de los bancos, están llevando a muchas familias a la indigencia y a vivir en la calle. El chaval la escuchaba casi extasiado y le decía que no se preocupara que ellos, que venían del 15M, lo iban a arreglar.

Por aquellos días, sus vecinos se quejaban de que los barrenderos eran insuficientes. Solo había uno y únicamente limpiaba la calle principal. Hoy, los vecinos se preguntan por qué ya nadie barre el barrio y por qué en la zona dónde se encuentra la Junta Municipal, se les ve en grupos de cuatro.

Por aquel entonces, los vecinos se quejaban de que las tiendas del barrio estaban desapareciendo y los locales quedaban cerrados. Hoy hay una casa de apuestas casi cada veinte metros.

En 2015, el colegio del Barrio, tenía la cornisa medio caída, carecía de escalera de incendios y de un patio en condiciones. Hoy siguen con la cornisa en peores condiciones, sin escalera de incendios, pero el Ayuntamiento se gastó 200.000 euros en acondicionar un pedregal y convertirlo en huerto urbano en al que únicamente pueden acceder los miembros los de la Asociación “amigos de la huerta” concesionaria del mismo.

El autobús sigue retrasándose. Ya son menos cinco y sigue sin aparecer. Las hojas de los árboles se pudren en el suelo desde hace semanas. La enorme acacia que hay junto al edificio rojo, detrás de la parada, se levanta por encima del tejado. Los vecinos se quejan de que las hojas les atascan el canalón y producen goteras. Han intentado que el ayuntamiento lo pode pero no hay forma. Al vecino que cortó por su cuenta una de las ramas que se le estaba colando en casa por la ventana, la policía municipal le cascó 200 euros de multa y encima tuvo que darles las gracias.

Ahora ya no hay dos empresas de alquiler de coches como antes. Ahora hay cuatro que ejercen su negocio en la calle, mientras pagan los impuestos de circulación de los vehículos en Aguilar de Segarra, Venturada o Patones. Los trabajadores de los edificios de oficinas dejan sus coches sobre la acera. Pero los municipales multan a los vecinos por dejar sus motocicletas frente a sus portales, atadas a las farolas.

Los cubos de basura, ahora son metálicos, más grandes y de peor acceso. Los ancianos no llegan a accionar el pedal que abre el contenedor. Antes había un cubo cada 50 metros. Hoy tienes que recorrer doscientos metros para encontrar uno. El barro sigue llenando de polvo el barrio. El banco sigue desalojando familias de sus casas, cuando no lo hacen los fondos buitre que se quedaron con las casas que construyó el IVIMA. Ahora, han instalado un pipican dónde antes los mayores jugaban a la petanca, pero los dueños de los perros siguen prefiriendo que sus mascotas se acerquen al parque infantil, que para eso le quitaron la goma y llenaron el suelo de arena.

Por fin llega el autobús. Con quince minutos de retraso. El conductor dice que el anterior está averiado en cocheras y que no ha podido salir. Y que den gracias porque él ha adelantado su viaje, si no, hasta y diez, nada.

Pues muy bien, piensa Cleofé. Que me esperen el domingo.

 


 

McMadrid

En estos últimos días y desde el lunes siguiente a las elecciones municipales, se han escrito cientos análisis sesudos de politólogos, periodistas, gacetilleros y demás entendidos sobre el por qué de que los de McMadrid y el PSOE (es curioso porque todos los meten en el mismo tándem y los declaran únicos representantes de la izquierda), no hayan podido revalidar la pírrica victoria del 2015. Incluso hay algún que otro listillo (o listilla) que le han echado la bronca al pueblo de Madrid por haber decidido quedarse en casa.

Yo, que ni soy politólogo, ni experto, pero que viví un tiempo de primera mano la llegada de AhoraMadrid al Ayuntamiento, simplemente quiero contar, aprovechando mi acceso a este medio, el cabreo monumental que tengo con Doña Manuela y sus compañeros de indecencia, y por qué habiendo estado comprometido con el grupo Ahora Madrid en Barajas, acabé desafectado, indignado y muy, muy decepcionado.

Yo vivo en un barrio de los llamados “privilegiados” de Madrid. Un barrio lleno de antiguos progres que compraron casa en el “culo del mundo” porque no podían acceder a otra cosa más cerca del centro y que hoy el dinero les ha convertido en esa derecha rancia o en esa izquierda descafeinada. Aquí el grupo de Carmena ha ganado las elecciones, pero ha perdido votos con respecto al 2015 y eso que han votado más personas. Aquí siendo honrados, el trabajo de la Concejalía ha sido muy bueno y se han conseguido objetivos históricos como que se haya comenzado a remodelar el Barrio del Aeropuerto o el autobús al Hospital Ramón y Cajal.

Sin embargo, la sensación de malestar se ha colado entre mis vecinos a consecuencia de las trabas administrativas puestas para la remodelación del Barrio.

Desde el primer momento, como integrante de Podemos y de Ahora Barajas, fui consciente de que había algo que se les estaba escapando. La actitud de los funcionarios y Técnicos de Ayuntamiento nunca ha sido ejemplar y con Carmena en el consistorio es algo que no ha cambiado. Que a un barrio deprimido como el mío al te le tienen que dar el 95% del coste de la remodelación en subvenciones para que se puedan realizar las obras, se le exijan aportar más de 30.000 euros en tasas para conseguir permisos con los que poder iniciarlas, es simplemente vergonzoso. Que se realizara un planeamiento sin contar con la Asociación de Vecinos y que luego se nos intente vender que lo hemos hecho los vecinos, o que pretendan quedarse con terrenos que son de nuestra propiedad amenazándonos con que o hay cesión de terrenos o no hay subvenciones, lo dice todo de la actitud de unos trabajadores públicos que, o no siguen las directrices de quién gobierna, o si las siguen, quienes mandan nos ha estado mintiendo durante cuatro años. Por otra parte, estos regidores han mostrado ser poco amigos de escuchar la problemática particular de un barrio que tiene dos bloques casi en ruina técnica por la dejadez de corporaciones municipales anteriores (que permitieron vaciados de terreno junto a ellos, sin mirar consecuencias), y que no han sido capaces de empatizar y mostrar un mínimo de interés con la propuesta de los vecinos realizada a través de la Asociación.

Carmena visitó dos veces mi barrio. En la primera, apenas 15 minutos. Ni siquiera fue capaz ni de acercarse a la Asociación de Vecinos ni departir con su presidente o alguno de los miembros de la junta directiva. Parece que le interesaba más el baño de masas y las idioteces de los vecinos plastas, que todos los barrios tienen y que convierten minucias en problemas monstruosos y hechos particulares en generalidades. En la segunda, para hacerse la foto, junto a los carteles de la remodelación. En la preparación de esta visita, fuimos advertidos de que, si estábamos durante la visita, no se nos ocurriera hacer críticas ni preguntas comprometidas. Yo opté por no asistir. Mi compañero si lo hizo y al final pudo expresarse como quiso, pero la sola advertencia dice mucho del talante de esta gente que pretende crear la nueva izquierda para pactar con Ciudadanos pero que no es capaz de aceptar una crítica, aunque sea constructiva. Desde la Asociación pedimos varias veces reunirnos con la alcaldesa, para comentar las trabas a la remodelación. En cuatro años no hubo oportunidad. Sin embargo si lo consiguieron nuestros compañeros de la Alameda para proponerle una campaña en la que se enseñara a los chavales que no es más limpio el que más limpia, sino el que menos ensucia. Como se ve, un problema enorme que si merecía la atención de la alcaldesa, mientras que a 560 familias se le caiga la casa, no parece tener importancia para Doña Manuela.

Algo que dice también bastante sobre la dejadez de los trabajadores públicos y el nulo control de quiénes les mandan, es que aun hoy se puede ver el cartel colocado en el Centro Teresa de Calcuta con los pases del cine de verano de 2018 o en la Biblioteca Gloria Fuertes el de una conferencia celebrada en julio de 2018.

Otra de las fuentes de desafección del Barrio es el Campo de Futbol. Un campo de tierra que estaba en buen estado en el que se invirtieron más de 200.000 euros para volverlo a dejar de tierra, pero con numerosos charcos. Como había problemas con los vestuarios dónde algunos chavales (y no tan chavales) se metían para fumarse el porrito, en lugar de repararlos y ponerle medidas de seguridad, se eliminaron. El campo, hasta entonces abierto para el uso y disfrute de la gente del barrio, se cerró a cal y canto y se sacó al “mercado” para convertirla en una instalación de uso restringido y solo por la empresa concesionaria. Política social, lo llamaron.

Pasemos al funcionamiento propio del Ayuntamiento. Se instauraron los Foros Locales que pretendieron ser la panacea de la participación ciudadana en el Ayuntamiento, y que por obra y gracia del PSOE que no quiso que la ciudadanía tomara esa iniciativa, se acabaron constituyendo como un órgano consultivo en el que el Ayuntamiento escucharía a la ciudadanía a través de sus propuestas y finalmente han sido una máquina burocrática aburrida más, en el que muchos acabamos perdiendo la paciencia y el tiempo. A los Foros, se le dio la posibilidad de proponer ideas que mejoraran los barrios y para los que se reservaba un porcentaje del presupuesto. Luego una votación popular decidiría que medidas se llevarían a cabo. De las que se propusieron en mi barrio y que contaron con el apoyo mayoritario de los vecinos del distrito, únicamente se ha llevado a cabo la reforma del parque infantil (y porque, al parecer, ya estaba prevista de antes), que ha reducido el espacio y que, por el nulo civismo de la gente, acaba siendo el pipican del barrio. Ni el semáforo solicitado y aprobado con una amplia mayoría de los votos de los vecinos, en uno de los pasos de peatones más peligrosos de Madrid, en el que ya ha muerto gente, ni el parque lineal que sustituya el aparcamiento realizado por el PP, se han llevado a cabo. Por cierto, que en el mismo sentido, fui nombrado presidente de una de las mesas de participación. Debía estudiar si en el gasto realizado por el PP durante sus años en la junta, había habido irregularidades. La mesa fue apoyada por varios VOVES de Ahora Madrid. Una vez aprobada su constitución, se me dieron “consejos” por parte uno de los asesores de la junta, para cerrar la mesa inmediatamente. Como siempre he sido bastante díscolo, me negué en rotundo. La mesa no llegó a constituirse porque en las tres reuniones convocadas para su constitución, ninguno de los VOVES de Ahora Madrid, se presentaron a la constitución. No hubo explicación. Solo largas. Blanco y en botella. Nuevamente el talante democrático de la nueva izquierda salió a relucir.

En mi barrio no hemos tenido el problema de las casas de apuestas, pero si hemos sufrido el desinterés del Ayuntamiento para dar facilidades a las solicitudes de los vecinos, mientras que la tramitación de licencias para pisos turísticos o para negocios de alquileres de coches, que utilizan la vía pública como aparcamiento, han salido raudas y sin trabas de ningún tipo.

Por no hablar del aliviadero que prometieron hacer en tres meses para evitar las continuas inundaciones que sufre el barrio y que no pueden hacer porque le proyecto se ha realizado en un terreno particular.

Muchos, de los que estuvimos implicados en el 15M, vimos una gran oportunidad de cambiar las cosas con el nacimiento de Ahora Madrid. Muchos pensamos que no era buena idea que la candidatura pusiera todo su peso electoral en la persona que encabezaba la misma. Algunos dicen que sin Carmena, no hubiera salido adelante. Como tenemos la memoria tan frágil, no se acuerdan que Carmena era una desconocida. Había saltado a algunos medios por su trabajo en la cárcel de mujeres, pero no era alguien que todo el mundo conociera y sobre todo, admirara.

El día que Carmena, un poco tiempo después de tomar posesión, se desligó del trabajo político de Ahora Madrid, se empezaron a perder las elecciones de mayo de 2019. No había argumentario. Cada uno hacía y actuaba conforme a sus creencias y los resabiados perros viejos del PP nos daban sopas con ondas. Los problemas internos de Podemos, dónde los concejales que acabaron pasándose a McMadrid estuvieron urdiendo tramas a favor de Errejón (un servidor participó en algunas desconociendo quién estaba detrás y lo que se pretendía), los problemas de los círculos de Podemos, en los que la nueva izquierda no quería hacer política sino chapa y pintura, los problemas del Consejo Ciudadano de Madrid encabezado por Jesús Montero y su Comisión de Garantías que más que garantizar, aprisionaba, llevaron a la división de los círculos y a la desbandada general de muchos de sus integrantes. Ahí también comenzamos a perder las elecciones.

Lo peor de todo no es la oportunidad perdida, que también, sino la herida dejada por la decepción de quiénes, una vez conseguida la confianza de los ciudadanos, se dedicaron a seguir las políticas tradicionales de los partidos tradicionales en las que prima el interés de los poderosos y la ignorancia hacia los más desfavorecidos. La actuación de Carmena en el caso de los Titiriteros a los que llevó a la cárcel por una denuncia de algo que ni siquiera había visto y en la que asumió la versión de los indecentes de mente sucia, la operación Chamartín, la operación de Los Berrocales en Vallecas, el desinterés por los problemas de los barrios del extrarradio y su empeño por considerar que Madrid solo es el centro, ha provocado un agujero de tal tamaño en muchos de los votantes de Ahora Madrid en 2015, que será difícil que estos vuelvan a confiar en ninguna formación en mucho tiempo.

Gobernar no es publicitar, sino arreglar los problemas de la gente. Gobernar es confrontación con los poderosos, enfrentamiento con las normas establecidas y lucha constante contra el sistema.

Todo lo que no sea eso, no es gobierno, sino camarilla.

 

Salud, feminismo, república y más escuelas (públicas y laicas)

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2 Comentarios

  1. Gracias Jesús, tus «cuentos» son de lo más verídico que encuentro y en gran parte coinciden con mi visión de la realidad. Lamentablemente dejamos que los derechos estén, al igual que la Tierra, en período de extinción. Yo pienso que a Carmena la dejaron ganar: se trataba de un simbólico paso para atrás de los poderes fácticos asentados en el bipartidismo borbónico para retomar impulso después del 15M. Nunca permitirán, sin o con pucherazo oculto, que una fuerza popular se asiente suficientemente para cambiar algo más que la fachada de nuestras vidas.

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