Lejos quedan los tiempos de la Fórmula 1 en los que despertaba una sonrisa ver a un piloto firmando autógrafos sobre la camiseta blanca de una fan en el centro de las tetas. Estamos hablando del campeón del mundo: Graham Hill, padre de luego tambiéncampeón del mundo: Daimon Hil.

James Hunt ha quedado en la memoria colectiva como el último piloto salvaje y vividor gracias a la película Rush.

Ya nadie se sobrepasa y se divierte en exceso y mucho menos lo muestra. Se critica incluso que Raikkonen, el hombre de hielo, sea aficionado a los licores espiritosos.

Pero ¡ha llegado Mazepin!

Primero fue la juerga privada que se montó con una amiga en el coche y que al trascender a las redes acabó en escándalo.

Y su última hazaña es haber conseguido una multa de tráfico por conducir su vehículo de calle como si fuese un Fórmula 1.

Mazepin es rompedor, Nikita Mazepin, y además juega a serlo. No olvidemos que en la sesión del año pasado de Formula 2 se quedó a un punto de ser suspendido durante una carrera por sus excesos en la interpretación del reglamento.

Esperemos que sea capaz de sobrevivir a esta época en la que a todos los personajes públicos se les mira con lupa y cualquiera puede hacer de censor respecto a su prójimo con la misma eficacia -o superior- que lo hacían los censores profesionales en los tiempos de las dictaduras.

De momento Mazepin ya se ha ganado el interés de los focos antes de comenzar su primera temporada en Fórmula 1. Veremos hasta dónde llega.

Tigre tigre

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