El acuerdo al que llegó May en Bruselas, avalado por los 27 no gustó en Reino Unido, y tanto los defensores del Brexit como sus detractores, esperaban a Theresa May con el cuchillo (político) entre los dientes. Consideraban que era un acuerdo que no resultaba beneficioso para su país, independientemente de la postura que se defendiera respecto a la salida de la UE. Y no eran los únicos, puesto que Donald Trump fue el primer socio potencial en señalar que, de mantenerse lo que ese acuerdo establecía, sería imposible mantener relaciones comerciales de manera bilateral sin la intervención y control europeo, cosa que desde América del Norte no resulta nada seductora.

May anunció antes de someterse a la votación que, si recibía los apoyos suficientes (más de 156 escaños) para poder seguir pilotando el acuerdo de Brexit, no se volverá a presentar a las elecciones.

200 votos a favor frente a los 117 en contra de May le han servido para tomar este balón de oxígeno que le permitirá seguir al frente de unas negociaciones que marcarán su final político. Aún está por ver si consigue obtener su retiro aplaudida o criticada por todos.

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