Ayer se cumplieron 23 años del terrible asesinato machista de Ana Orantes que conmocionó a la opinión pública y que marcó un antes y un después en las políticas contra la violencia de género. Hoy, aún mueren cada año en España 60 mujeres a manos de sus ex parejas.

Pero lo cierto es que el porcentaje de población que considera la Violencia de Género entre los problemas graves es el 0’2% , según el Barómetro del CIS de febrero de este año

Ana Orantes, cuyo atentado terrorista y machista inspiró a la gente a salir a las calles en España a exigir leyes que protegieran a las mujeres de la violencia doméstica, vuelve a ser recordada en todos los ámbitos del feminismo. A pesar de que las leyes y la conciencia política ha cambiado sobre el maltrato, el número de mujeres, e incluso menores, asesinadas por ex parejas y padres vengativos sigue revolviendo las conciencias de una sociedad que avanza, pero no aún lo suficiente.

Miguel Lorente, forense y profesor de la Universidad de Granada, fue la primera persona que ocupó el cargo de Delegado del Gobierno contra la Violencia de Género, recuerda en sus redes sociales a Ana Orantes, sin olvidar que pese a los pasos legales dados, todavía hoy la violencia machista no es una preocupación para la mayor parte de la población:

El dramático testimonio en televisión de Ana Orantes, hace ahora 23 años, de la vida que sufría de humillaciones y palizas le valió su muerte. Su propio marido se convirtió en su verdugo y terminó por asesinarla. La mató trece días después como venganza por denunciar su caso públicamente en los medios.

Hasta quince veces denunció Ana su caso sin que sirviera para nada. Su testimonio en televisión conmocionó a los telespectadores. Aunque fue mucho más duro conocer el desenlace final. Solo resta un consuelo. Su terrible asesinato fue el punto de partida legal, político y social en la verdadera lucha contra la violencia de género en España.

Ana Orantes contó cosas terribles en aquella entrevista televisiva. Dio el paso por muchas mujeres que no se atrevían en su época. Su testimonio relataba: “yo no podía respirar, no podía hablar porque yo no sabía hablar, porque según él era una analfabeta. Porque yo era un bulto, yo no valía un duro… Le tenía terror, solo de pensar que llegaba las diez de la noche me ponía a temblar…”.

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