No puedo resistirme a intervenir, y es que me lo pones en bandeja con tu política de oídos sordos, señor hiperadaptado. Perdona si te interrumpo cuando tuneas, personalizas y perfumas tu mascarilla, aceptando y sistematizando la imposición. Sé que tuviste acceso a la noticia: el descubrimiento de Covid en aguas residuales de Barcelona, con fecha marzo de 2019. Pero lejos de enfrentarte a la evidencia con la natural sorpresa y legítima indignación (de modo que especulaban antes y ahora mienten en todo lo relacionado con murciélagos, desde los canales oficiales, o con laboratorios y conspiraciones, desde el bando de los “bulos”), te niegas a creer en estos científicos (estos no, los otros sí) y sigues justificándote, aceptando, acomodaticio. La versión oficial de los cuidadores, de los centinelas, te mola más que las claves, los detalles que invitan a pensar, a mover neuronas buscando una puñetera verdad imparcial, sincera pero enojosa. ¿Desde cuándo los gobiernos se han preocupado por tu salud? Siguen numerando contagios, focos, gastando presupuestos, aplicando multas, creando necesidades y miedos, “nuevas normalidades”. Y tú, hiperadaptado, desestimas la clave que te abre los ojos porque ello precisa volver a empezar, y eso no es cómodo, ni se lleva. Así, al parecer, se construye la historia, en base a la omisión de “nimiedades”; total. Así abandonas ese libro a medias, aplazas de nuevo el proyecto de tu vida, te aburres y que sea lo que ellos quieran.

Te digo una cosa: yo era el primero, antes de que todo esto comenzara, en lavarse la mano después de chocarla contigo o Fulanito. Pero la mano se da, coño. A mi ni se te ocurra apuntarme con el codo. Me parece gesto de muy malísimo gusto. El signo del hiperadaptado, intelectualmente fallecido a golpe de noticia. ¡Pues yo aún sigo vivo en este aspecto! Y si me vendes la versión oficial y tragas a tus científicos, yo apuesto por los míos y te recuerdo que el Covid ya estaba aquí en marzo de 2019, sin mascarillas, ni miedo, ni encierros, ni cierres. No puede ser, ¿verdad? Dilo. “No puede ser”. Es la frase que a menudo pronuncias después de cagarla. También puede que yo la cague llevando a misa el descubrimiento de Barcelona. Tal vez mañana se retracten. Seguro existen ya especulaciones sobre una muy probable contaminación de las muestras. Entonces diré: “puede ser”. He ahí la básica diferencia entre tú y yo. Mi lógica no teme volver atrás. Tu matemática se niega a borrar la pizarra. Sigue pues. Estréllate. Asfixia la llama de la caverna con tu razón.

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