El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, ha cumplido su amenaza. Desde ayer lunes, los madrileños viven en una ciudad más contaminada, más tóxica y enfermiza. ¿Qué sentido tenía derogar deprisa y corriendo una ordenanza municipal como Madrid Central que había conseguido los mejores datos sobre emisiones contaminantes de la última década? Ninguno. Los únicos argumentos han sido la mentira, el sectarismo y la obcecación de un alcalde que ha antepuesto su absurdo montaje electoral para acabar con Manuela Carmena a la salud de los ciudadanos.

Según los informes científicos, los datos de contaminación de mayo y junio en Madrid Central han sido los mejores de los últimos diez años y eso teniendo en cuenta de que nos encontramos en medio de un ciclo de sequía que registra ya varios meses sin lluvias.

Pero más allá de que Martínez-Almeida se haya cargado de un plumazo, por puro capricho y sin ningún respaldo científico una normativa técnicamente bien trabajada que reducía drásticamente los elevados niveles de contaminación cabe preguntarse cuál es el plan alternativo de su Gobierno municipal. Y ahí es donde el asunto empieza a resultar aún más irritante, incomprensible e injustificable.

Lo único que saben los madrileños a estas alturas es que desde ayer lunes, 1 de julio, y hasta el 30 de septiembre, Martínez-Almeida ha decretado una moratoria de multas en la zona de Madrid Centro. Es decir, los vehículos –todos ellos, desde los menos contaminantes a los que lo son más– podrán circular libremente por la ciudad sin que puedan ser sancionados por la Policía Local. Hablamos de un plazo nada desdeñable de noventa días que a buen seguro provocará que vuelvan a dispararse los índices de emisión de partículas contaminantes. Durante todo ese tiempo nadie en el equipo municipal de Almeida moverá un solo dedo para mejorar el infierno de humos de Madrid. Nada más se hará para tratar de revertir una situación que atenta contra la salud de millones de personas. ¿Por qué no se implantan ya medidas alternativas y urgentes desde la Alcaldía? Sencillamente porque Martínez-Almeida ha llegado al poder municipal sin una sola idea al respecto, sin un proyecto y sin una medida que mejore Madrid Central. Su único plan era derribar a Carmena. Ahora toca improvisar sobre la marcha, poner a los técnicos a trabajar contra reloj, ofrecer a los ciudadanos un plan que debería estar diseñado y aprobado desde hace meses.

Si nos fijamos en el programa electoral de Almeida, únicamente dedica dos puntos, el 17 y el 18, a un asunto tan grave como este. “Revertiremos Madrid Central”, se limita a constatar el documento. “Esta medida ha perjudicado gravemente a los madrileños y sus modos de desplazamiento por la ciudad. No ha mejorado la calidad del aire y ha incidido negativamente en el comercio y el empleo en el centro de la ciudad, con pérdidas de ventas y de puestos de trabajo en todos los sectores que radica en este espacio, de más de 472 hectáreas. Adoptaremos medidas que contribuyan a la fluidez del tráfico y a que toda la ciudad sea de bajas emisiones”. Almeida miente cuando dice que Madrid Central no ha sido efectivo y que ha perjudicado a los comerciantes. El aire es más puro ahora y las tiendas siguen obteniendo beneficios similares.

Además de falsear los datos reales –ya que el proyecto de Carmena se ha probado eficaz–, el nuevo edil asegura en su programa que “volveremos al sistema de Áreas de Prioridad Residencial. En el centro de la ciudad se retornará al modelo de APR, permitiendo la circulación por las principales vías e instalando de manera inmediata pantallas informativas sobre las plazas de aparcamiento disponibles en dichas zonas”. Es decir, una medida absurda, ya que no se trata de aumentar las plazas de aparcamiento, sino de reducir el tráfico rodado todo lo posible, como ya se hace en ciudades como París, Berlín o Londres.

Mientras tanto, la boina negra que cada mañana se levanta y extiende sobre la ciudad en un radio de acción de varios kilómetros y que puede verse perfectamente desde el exterior, seguirá causando estragos. Según el informe Efectos sobre la salud de la contaminación ambiental con especial referencia al caso de Madrid, elaborado por la Asociación para la Defensa de la Sanidad Pública, está demostrado que la exposición a las emisiones tóxicas provoca “cansancio, dolor de cabeza, mareos e irritación de algunas zonas. Todos estos síntomas pueden ser fruto de un espacio altamente contaminado. Estos síntomas pueden ser más acusados si se ha pasado mucho tiempo en las áreas afectadas. Las personas con enfermedades pulmonares o cardíacas pueden experimentar síntomas más frecuentes y graves que pueden incluso ser mortales. En el útero puede ser la consecuencia una microcefalia en el embrión o un menor peso al nacer y cambios en el epigenoma que pueden producir cáncer posteriormente”.

De momento, lo que nos queda es un alcalde que está jugando peligrosamente con la salud de las personas –ya que es consciente de que los estudios científicos son contundentes respecto a las consecuencias de respirar aire contaminado–, y la movilización de un puñado de ecologistas que encadenándose en medio de la carretera tratan de ganar una lucha que parece perdida de antemano. Y es que la demagogia barata puede resultar mucho más cancerígena que un sorbo de dióxido de carbono.

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