Instituto Cervantes, sede central. Festival Getafe Negro. Cuatro escritores en el escenario acompañados del creador del festival de novela policíaca de Madrid: Lorenzo Silva. Todos los autores son interesantes y dicen cosas interesantes, pero yo solo tengo ojos y oídos para la mujer vestida como Catwoman: Marta Robles, periodista y novelista. Lo primero que hace es cambiar el turno de las intervenciones, ella iba a ser la última en hablar pero le basta con entablar la espalda, afilar la mirada y dibujar una sonrisa: ya es la primera. Y habla. Y cuenta. Sobre su más reciente libro: La mala suerte (el título está bien, pero confieso que no se me queda, he tenido que mirarlo en google antes de ponerme a escribir). Aunque el título es lo de menos. Y quizá hasta el interior del libro es lo de menos. Lo de más es como lo vende, con una habilidad espléndida.

Dos preguntas:

“¿Se tienen hijos por generosidad o por egoísmo?

“¿Hasta dónde es capaz de llegar a una persona para conseguir tener un hijo?”

Ya está. La curiosidad del posible lector está garantizada. En los últimos leo sólo manga, ahora estoy con El Ataque a los Titanes y me gusta mucho, pero voy a hacer una excepción con La mala suerte, voy a pedirla y voy a leerla. Y lo voy a hacer porque me he quedado impresionado con Marta Robles. La conocía, sí, la había visto un par de veces, quizá tres, pero siempre ha sido estando Ana Gavín, y al lado de Ana Gavín hasta Catwoman es un gatito. Pero hoy, en el Cervantes, no estaba la Gavín, y la Robles se los ha comido a todos: elegante, rápida y certera. Ella sola era un festival, porque Marta Robles es una novela negra.

 

Tigre tigre.

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