Marta Robles © Carolina Roca.

Marta Robles (Madrid, 1963), conocida periodista y escritora española, ha trabajado desde muy joven en todo tipo de medios de comunicación, desde revistas y periódicos, hasta televisión o radio. Actualmente colabora con el programa de televisión Espejo Público (Antena 3) y el canal DKiss, y escribe para medios como La Razón o La Gaceta de Salamanca.

En 1991 dio el salto a la escritura con una biografía del exdirector de El Mundo, Pedro J. Ramírez, El mundo en mis manos (Grijalbo), pero no fue hasta 2003 cuando lanzó su primera obra de ficción, el libro de relatos Las once caras de María Lisboa (Planeta). A este le han seguido hasta 10 libros más, destacando entre todos ellos Luisa y los espejos (Planeta, 2013), por el que fue reconocida con el Premio Fernando Lara de Novela. Actualmente ha publicado dos novelas negras, A menos de cinco centímetros (finalista del Premio Silverio Cañada a la primera novela negra en la Semana Negra de Gijón en 2017) y La mala suerte (2018), las cuales tienen como protagonista al ex corresponsal de guerra metido a detective Tony Roures.

En su larga carrera periodística y literaria, Marta ha sido reconocida con varios galardones como el TP de Oro, la Antena de Oro (y de Plata), el Premio Nacional de Periodismo Condado de Noreña, el Premio Cosmopolitan TV o el ya nombrado Premio Fernando Lara de Novela.

 

¿De todas las actividades relacionadas con la literatura y el periodismo que llevas a cabo cuál dirías que es la más gratificante (escribir, colaborar en programas de televisión…)?

Llevo más de treinta años ejerciendo la profesión de periodista, desde antes de acabar la carrera. Y he pasado por todos los medios, horarios y formatos. He ideado, dirigido y presentado infinidad de programas de radio y televisión y, mientras lo hacía, nunca he dejado de colaborar en prensa escrita que es donde empecé, ni tampoco de escribir libros. Para mí escribir siempre fue una necesidad, desde niña. Mi vocación de escritora es muy anterior a la de periodista. Al periodismo llegué por recomendación de un primer novio, que aseguraba que era buena comunicadora, pero yo lo que quería, desde siempre, era escribir. Como soy una mujer prudente y tengo mucho respeto a la literatura, tal vez por ser una lectora voraz desde pequeña, aunque escribí mi primera novela con 15 años, comencé publicando libros de no ficción. Las biografías y los ensayos tenían más que ver con mi quehacer cotidiano de contar la realidad. En 2001 publiqué mi primer libro –de relatos– de ficción, Las once caras de María Lisboa. Y, aunque desde entonces hasta ahora volví a hacer alguna incursión en la realidad, ya sabía que mi sitio literario estaba en la ficción. Siguió Diario de una cuarentona embarazada –que pese al título era una novela–, Luisa y los espejos, varios libros de relatos colectivos como Don Juan, Obscena o HNegra y, por fin, mis dos novelas negras A menos de cinco centímetros y La mala suerte.

«ESCRIBIR SIEMPRE FUE UNA NECESIDAD. MI VOCACIÓN DE ESCRITORA ES MUY ANTERIOR A LA DE PERIODISTA»

 

Como escritora, ¿qué temas te interesan especialmente, sobre qué te surge escribir?

Como lectora y como escritora me interesa lo mismo: las emociones humanas. Me interesa darle la vuelta al ser humano y conocer su interior, entender por qué se comporta de una u otra manera, qué pasiones le vuelven mejor o peor y hasta dónde es capaz de llegar. La literatura que más me interesa es la que es un espejo de la sociedad, la que refleja lo mejor y lo peor de ella, la que muestra un retrato al lector en el que no puede dejar de pensar cuando cierra el libro. La que obliga a la reflexión. Y además, hasta donde yo sé, los escritores, incluso cuando hablamos de monstruos de colores, lo hacemos de nosotros mismos.

 

¿Qué es para ti el feminismo y cómo de importante es en tu profesión de periodista? ¿Y en tu obra literaria?

«LOS ESCRITORES, INCLUSO CUANDO HABLAMOS DE MONSTRUOS DE COLORES, LO HACEMOS DE NOSOTROS MISMOS»

El feminismo es parte de mi vida desde siempre. Lo soy desde los tiempos en los que no existía la palabra sororidad y no estaba bien visto. Para mí defender la equiparación de derechos ha sido siempre una necesidad que comparto con todos los hombres y mujeres de bien. No creo que, en el siglo XXI, en España se pueda no ser feminista.  Mi obra literaria no contiene un decálogo feminista, pero sí incluye el reflejo de los restos de machismo que quedan en nuestra sociedad en todas partes. Para combatir las cosas es preciso reconocerlas, señalarlas y prestarles atención. Además, inicié mi viaje literario en la ficción con historias de mujeres y ahora, las que rodean a mis hombres son poderosas y sobre todo, imperfectas. Buenas, malas y regulares. Considero que hasta que no haya las mismas mujeres buenas, malas y regulares que hombres buenos, malos y regulares en todas partes, no habrá igualdad. Parafraseando a Mae West diré que «las mujeres no queremos ir al cielo, queremos ir a todas partes». Me parece mucho más importante contar la situación real de las mujeres, que empeñarse en un lenguaje inclusivo forzado. El lenguaje va cambiando poco a poco, conforme van avanzando los tiempos, otra cosa es volverlo ridículo y cargárselo. Por ahí no paso. Y menos por conformarme con que los políticos crean que están tomando las medidas adecuadas para alcanzar de verdad la igualdad, por decir «nosotros y nosotras».

 

Continuamente vemos titulares y entradillas en medios de comunicación muy desafortunadas y a veces, incluso, humillantes para las víctimas de violencia de género y sus familias. Como periodista, ¿crees que es necesaria una formación específica en temas de igualdad para evitar estas situaciones?

Es cierto, los hay. Pero hay que señalar que también ocurre respecto a los inmigrantes, a las etnias distintas, a las personas diferentes… Creo que el periodismo debería ser más cuidadoso en general y, en particular, respecto a todo lo que atañe a las mujeres, trata, prostitución, abusos y cualquier otra violencia de género o tantas otras cuestiones aún por resolver, más si cabe. Pero esa formación específica en temas de igualdad me preocupa tanto o más en el resto del sistema que en el periodismo. Y, me explico, si algo me parece más que necesario, imprescindible, es que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado o los fiscales, abogados y jueces que vayan a tratar asuntos de mujeres tengan esa formación específica, porque ahí las condenas van más allá de un titular doloroso.

«EL FEMINISMO ES PARTE DE MI VIDA DESDE SIEMPRE»

 

¿Dirías que el mundo audiovisual y de la comunicación es machista? ¿Crees que las mujeres presentadoras, actrices o colaboradoras de televisión sienten más presiones por el físico y la apariencia?

Pues creo que igual que los demás mundos. Que en el mundo de la imagen hay mayor exigencia respecto a lo físico es cierto, pero también es normal. Quiero decir que para ser modelo hay que tener unas cualidades y para ser ingeniero nuclear otras. Se sea hombre o mujer.  Si se está trabajando cara al público es preciso extremar los modales y ofrecer un buen aspecto. No le veo nada de irregular. Otra cosa es que solo se valore a las mujeres por el físico, o que se le resten valores por el físico. Hace poco, un compañero –que me consta que me tiene cariño, además– me presentó diciendo: «Marta Robles es muy buena periodista, muy buena escritora, muy buena madre…y está muy buena». Eso es lo que mi amiga Carmen Posadas llama el «piropo terrorista», que es ese con el que te quieren quitar los méritos. Ese «piropo» con el que quieren resaltar que lo de menos es lo que hagas, por muy bien que lo hagas, lo importante es tu aspecto. A mí no me preocupa tanto que las mujeres tengamos que ir arregladas a la tele (los hombres ya también, y también tienen mucha presión en todos los ámbitos de lo audiovisual), como que nos miren con desdén por ser mujeres. Que nos coloquen el ser atractivas o no, por encima del intelecto.  De todos modos, hemos logrado muchas cosas. Hace unos cuantos años un jefe me dijo que tenía que cortarme la melena para tener credibilidad. Yo le respondí que si acaso pensaba, como Schopenhauer, que las mujeres éramos animales de pelo largo e inteligencia corta… Más allá de mi respuesta, creo que eso hoy no pasaría.

«HASTA QUE NO HAYA LAS MISMAS MUJERES BUENAS, MALAS Y REGULARES QUE HOMBRES BUENOS, MALOS Y REGULARES EN TODAS PARTES, NO HABRÁ IGUALDAD»

 

¿Crees que existe desigualdad de género en el mundo de la literatura? ¿Crees que hay una falta de mujeres en el canon literario actual?

Desde luego que lo hay, como en todas las cosas. El mundo del audiovisual, como el de la literatura, es parte del resto del mundo. Y aún hay desigualdad en todas partes.  Y algunas veces, casi «sin intención», por pura costumbre.  Recuerdo que hace no tanto, otro compañero, hablando de las escenas de sexo de A menos de cinco centímetros me dijo: «Es que parecen reales. Te puedes sentir identificado… se diría que las ha escrito un hombre».  O sea que los hombres llevan siglos escribiendo sobre los sentimientos de las mujeres, pero si las mujeres lo hacemos bien respecto a sus sentimientos, parece que los ha descrito un hombre… Además de eso, en el género negro, por ejemplo, el hecho de ser rubia y supuestamente pija –y digo supuestamente, porque en mi caso ese vuelve a ser un juicio sobre el aspecto, que bien saben que no me corresponde los que han coincidido trabajando conmigo– hace que te lean desde la sospecha. Pero he de reconocer que, hace relativamente poco, fue la directora de un conocido festival literario quien me vetó porque «no escribía bien». «Pero, ¿has leído sus novelas?». Y no, no las había leído, ni sabía que llevaba escribiendo toda la vida, pero… Los prejuicios que generan la desigualdad, las diferentes oportunidades, no solo están en el lado de los hombres, sino en el de los roles establecidos. De todos modos si tuviera que señalar exactamente dónde se nota la desigualdad de género en la literatura, ahora que las mujeres también hemos llegado al negro, señalaría ese famoso tratar de diferenciar entre la literatura de mujeres y la de hombres. Solo hay literatura buena o mala. Ya está.

«EL PERIODISMO DEBERÍA SER MÁS CUIDADOSO RESPECTO A TODO LO QUE ATAÑE A LAS MUJERES»

 

¿Dirías que el público general y la crítica leen –y juzgan– igual una novela escrita por un hombre que una escrita por una mujer?

Pues, como te he dicho antes, los prejuicios hacen que, en ocasiones, ni siquiera se lea la obra de la mujer. En algunos feudos del género negro aún ocurre: ni siquiera se le da la oportunidad.  Y desde luego, las obras de las mujeres se miran con lupa, mientras que a las de los hombres se les dejan pasar muchas cosas.

 

En 2013 fuiste reconocida con el Premio Fernando Lara de Novela por tu libro Luisa y los espejos, ¿qué opinas de los premios literarios y de la crítica? ¿Cómo llevas que otras personas valoren u opinen sobre lo que escribe?

Creo que los premios, en general, –no solo los literarios sino todos–, son gratificantes y contribuyen a apuntalar las carreras profesionales. En concreto creo que los literarios sirven para dar a conocer a autores que de otro modo pasarían desapercibidos entre los miles de escritores que firman los títulos de cada año. Que otras personas valores u opinen lo que escribo es, sinceramente, lo que espero al escribir. ¿Para qué escribiría si no? Escribo para que me lean. Y si me leen tienen que opinar. Más aún si mi literatura les mueve, que es lo que pretendo.

«EL MUNDO DEL AUDIOVISUAL, COMO EL DE LA LITERATURA, ES PARTE DEL RESTO DEL MUNDO. Y AÚN HAY DESIGUALDAD EN TODAS PARTES»

 

En tu último libro, La mala suerte (Espasa), abordas el tema de la maternidad y la paternidad desde el fondo y la forma de una novela negra, ¿qué mensaje querías transmitir?

En la primera escena de A menos de cinco centímetros, el ex corresponsal de guerra metido a detective de infidelidades Tony Roures está en su pisito de Malasaña, rodeado de cajas de mudanza. Acaba de llegar ahí tras su separación. Su mujer le ha abandonado y se ha ido con otro. Pero no porque no le quiera, sino porque tiene 47 años y quiere tener un hijo. Y Roures no. Ahí está el germen de La mala suerte, la intención literaria de esta novela que va más allá de la desaparición de una chica de 18 años de la que, tras dos años, no hay pistas y se la encargan a Roures. Y más allá también, de los secretos de familia, de los malos tratos o de los abusos en la adolescencia. Tal intención literaria se resume en dos preguntas: ¿qué estamos dispuestos a hacer para conseguir ser padres o madres? ¿Ser padre o madre es un acto de generosidad o de egoísmo?

«LAS OBRAS DE LAS MUJERES SE MIRAN CON LUPA, MIENTRAS QUE A LAS DE LOS HOMBRES SE LES DEJAN PASAR MUCHAS COSAS»

 

¿En qué proyectos estás trabajando actualmente? ¿Hacia dónde se dirige Marta Robles?

Pues sigo en mi línea. Escribo dos entrevistas y dos artículos a la semana en prensa (La Razón y La Gaceta de Salamanca), colaboro en Espejo Público y en DKiss y estoy investigando para mi nueva novela, además de promocionar La mala suerte, viajando por toda España.

«SI TUVIERA QUE SEÑALAR DÓNDE SE NOTA LA DESIGUALDAD DE GÉNERO EN LA LITERATURA, SEÑALARÍA ESE FAMOSO TRATAR DE DIFERENCIAR ENTRE LITERATURA DE MUJERES Y DE HOMBRES»

 

CUESTIONARIO BREVE

Una referente feminista.

Clara Campoamor.

Un libro escrito por una mujer que no te canses de recomendar.

Cumbres borrascosas, de Emily Brontë.

Un libro sobre feminismo que te haya abierto los ojos.

El segundo sexo de Simone de Beauvoir.

Una escritora contemporánea por la que sientas predilección.

Almudena Grandes.

Una comunicadora a la que admires.

Susanna Griso.

Una periodista de la que hayas aprendido mucho.

Nativel Preciado.

El libro que te hubiera gustado escribir.

Cien años de soledad, de García Márquez.

El libro que has escrito del que estés más orgullosa.

No puedo elegir entre A menos de cinco centímetros y La mala suerte.

Una mujer que te haya marcado.

Mi abuela.

Una frase de un libro tuyo.

Las frases que encabezan el comienzo de dos:

«A partir de determinada edad, las mudanzas no solo son incómodas. También resultan crueles» (A menos de cinco centímetros).

«Nunca se sabe cuándo un día puede ser diferente a los demás y cambiarlo todo» (La mala suerte).

Un extracto de tu último libro que te gustaría compartir.

El párrafo que cierra el libro:

«También he intentado compartir contigo las reflexiones que todas estas vivencias suscitan en mí, y lo he hecho con la intención de invitarte a que con esta lectura, en vez de levantar tus muros, esos que pueden hacer que en estas líneas no veas más que victimismo y queja, te pongas por un momento en mi lugar y veas cómo es, desde mis ojos, ser mujer negra en España».

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