Javier Maroto también se felicita por lo mal que le va a España con los comisarios europeos. El dirigente popular cree que la propuesta del Partido Popular para renovar el Poder Judicial “permitirá elegir libremente a los jueces entre los propios jueces”, por lo que reclama la retirada de la reforma exprés de Pedro Sánchez al “ser incompatible” con el Estado de derecho. Además, Maroto lamenta que la propia Unión Europea haya tenido que llamar la atención al jefe del Ejecutivo español “porque la manera que tiene el Gobierno de interpretar cómo se elige a los jueces choca frontalmente con el concepto amplio de respeto a la separación de poderes que tiene el resto de países de la UE”.

Detrás de las palabras del portavoz conservador en el Senado lo que queda es que si las cosas van mal para España en Bruselas, al PP le irá bien. O sea, el “cuanto peor mejor el suyo beneficio político”, aquel trabalenguas imposible que Mariano Rajoy dejó para historia y que por lo visto ha sentado cátedra entre los máximos dirigentes populares. Sea como fuere, en el PP están exultantes por el deterioro que la campaña casadista ha ocasionado a la imagen del país en las instituciones europeas. Las maniobras Pablo Casado en la UE para dejar a España a la altura de “estado gamberro”, junto a Polonia y Hungría, van dando sus resultados si nos atenemos a los últimos toques de atención de Bruselas a nuestro país por un supuesto incumplimiento de los principios elementales de la democracia. La jugada popular es altamente peligrosa para los intereses españoles, ya que puede poner en serio riesgo el paquete de ayudas por importe de 140.000 millones de euros a fondo perdido y en forma de créditos. Cada vez está más cerca la reunión crucial anunciada por la presidenta de la Comisión Europea (CE), Ursula von der Leyen, con todos los presidentes autonómicos para abordar el destino de los fondos de reconstrucción. Esa cumbre autonómica decisiva, según fuentes gubernamentales, debería celebrarse a finales de octubre o principios de noviembre. En ese sentido, Moncloa ha anunciado que el Gobierno pretende conseguir la máxima “unidad”, “prevalencia” e “importancia política” de la reunión, que se acompañará con una comisión interministerial y una conferencia sectorial en la que participarán las autonomías y que estará presidida por la ministra de Hacienda, María Jesús Montero. En suma, el presidente ha ratificado la voluntad de “cogobernar” con las autonomías los fondos europeos, tal como piden el PNV y los partidos nacionalistas, pero todos los planes del Gobierno central pueden saltar por los aires si la hoja de ruta de Casado para torpedear las ayudas sociales y económicas tiene éxito finalmente. A esta hora puede decirse que en los días previos a la negociación en la UE va a tener lugar una guerra fría, soterrada, entre el Gobierno Sánchez y las derechas a cuenta de las subvenciones oficiales, cuando en realidad debería ser al contrario, es decir, todas las fuerzas políticas deberían estar remando en la misma dirección para conseguir que España recibiera sin problemas el Plan Marshall con los fondos covid. Sin duda, en el diccionario de Casado no existe la palabra unidad.

Así las cosas, la ofensiva del Partido Popular en las instituciones europeas está siendo la más cruenta que se recuerda. Maroto, mostrando su lado más sarcástico, ha pedido que Unidas Podemos tenga en las negociaciones para la reforma de la cúpula del Poder Judicial “la misma intervención y repercusión que ha tenido en la fusión de Bankia y CaixaBank, es decir ninguna”, y cree que el PP presenta “una propuesta en positivo, sencilla, útil y que se entiende que permite a los jueces ser elegidos por los propios jueces”. En realidad es la táctica de la cal y de la arena: por un lado torpedear al máximo al Gobierno en Bruselas y por otro aparentar que se proponen soluciones a los males del país. En el fondo el PP solo trata de ganar tiempo en su intento por fracturar el Gobierno de coalición. Es evidente que toda la dinamita política popular va dirigida contra Pablo Iglesias, el punto débil del gabinete socialista/morado, de ahí que insista en que Podemos no es un partido de Estado por “sus ataques al rey y a la judicatura”. Llama la atención la manera tan sibilina y torticera que tiene el PP de mezclarlo todo en su formidable ceremonia de la confusión. En la coctelera popular cabe todo: el boicot a las ayudas europeas, la nunca resuelta reforma del Poder Judicial, el chavismo de Pablo Iglesias... El PP de hoy en día es el ejemplo paradigmático perfecto de “política tóxica”. Casado se ha convertido en parte del problema de España cuando debería ser parte de la solución. Da miedo pensar cuál puede ser su próxima jugada.

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