Escupen las noticias breves, casi con desgana, que dos mujeres, prostitutas de oficio al parecer según las primeras pesquisas, fueron arrolladas por un cercanías en la localidad cántabra de Torrelavega.

Las dos murieron tras el terrible impacto.

Se cuenta en el texto impersonal de agencia que testigos presenciales de los momentos que precedieron al luctuoso suceso vieron que ambas discutían acaloradamente no se sabe por qué. Interpretan las fuentes vecinales consultadas que una de ellas amenazaba con suicidarse y la otra intentaba quitarle de la cabeza tan funestas ideas.

En el forcejeo a vida o muerte, el tren se erigió en juez supremo e inapelable y M.M.T., rumana de 32 años, y S.C.C., dominicana de 42, así son escrupulosa y fríamente nombradas de oficio las dos occisas, se transformaron en pasado en un santiamén. Se desconoce si alguien llorará su ausencia eterna.

¡La triste historia evoca tantas cosas! Dos mujeres explotadas sexualmente en un club de alterne. Dos mujeres solas. Dos mujeres buscándose la vida a las bravas. Dos mujeres anónimas. Dos mujeres inmigrantes. Dos mujeres que tendrían una historia personal que compartir si alguien las hubiera escuchado con empatía. Dos seres humanos a la deriva…

Si les parece bien, vamos a darles un nombre de pila: María y Soledad. De esta manera, el cruel olvido lo tendrá más difícil para borrar sus huellas.

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