El flamenco sabemos ya que admite maridaje, fusión, sincretismo, fecunda, extrapola. Jeff Beck lo demostró con Sabicas. Los inolvidables guitarristas hace décadas sembraron las semillas que florecieron en Camarón y Paco de Lucía. Los puristas y la heterodoxia rancia los criticó. Pero el tiempo y el duende se aliaron para crecer por esos inescrutables caminos que ya consagran al flamenco como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad según declaró la UNESCO en 2010. Desde entonces, hay nuevos retos y desafíos en líneas académica, creativa y artística.

Centrado el flamenco en Andalucía son también Murcia y Extremadura comunidades donde el flamenco tiene sede, aplauso y respeto. Sevilla es una de las metrópolis de este arte, siendo muy disputado el podio en cuanto a baile femenino. Aquí encontramos una auténtica fértil escuela de bailaoras que luchan sobre su cuerpo y las tablas formas y soportes. En esa plantilla, en esa élite, está María Pagés.

La sevillana montó compañía en 1990 precedida de un baile mayúsculo. Es también coreógrafa e innovadora en sus espectáculos (Sol y Sombra, De la luna al viento, El perro andaluz-Burlerías, Tirana, Flamenco Republic, Autorretrato, Sevilla, Flamenco y poesía, Dunas….). Desde 2011 colabora con el escritor marroquí El Arbi El Harti y la brillantez se cala en Utopía, Casi leve, Óyeme con los ojos, Rostros, No dejes que termine el día. Desde 2017 pasea por el mundo la considerada más excelsa obra: Oda al Tiempo. Ese largo peregrinar por los mejores escenarios de varios continentes ha regado el currículum de la Pagés con premios dentro (Nacional de Danza, Medalla Oro a las Bellas Artes) y fuera de las fronteras españolas, pero tristemente le falta ser profeta en su Sevilla.

Artes, cuerpo, tiempos

La Oda al Tiempo que creó, canta, musica y baila la Compañía de María Pagés es un compendio con escaso texto y mucha plástica. Aúna varias artes. Vemos pintura y fotografía en Dominique You y Paul Fullana y las composiciones corporales, danza mayúscula con un cuerpo de baile que exige ser citado por su saber hacer (Marta Gálvez, Julia Gimeno, Almudena Roca, Tatiana Cuevas, Mª Carrasco, José Barrios, Rafael Ramírez, J. C. Avecilla y J. Ángel Capel), Música y Cante (Ana Ramón, Sara Corea, Rubén Levaniegos e Isaac Muñoz –guitarras-, Sergio Menem –cello-, David Moñiz –violín-, Chema Uriarte –percusión- bajo sones de Vivaldi, Händel, Tchaikovski).

El espectáculo Oda al Tiempo tuvo patrocinador en la escala sevillana de la Pagés en el Maestranza (COFARES, distribuidora del monopolio de los boticarios) y un público que aplaudió hacer enrojecer las manos de la gratitud más sincera porque la Pagés es profete para el público local pero ignorada de jurados de autoridades donde dan premios a los más fieles al poder de turno.

Oda al Tiempo registra una estructura donde los palos del flamenco fluyen airosos: seguiriyas, alegrías, peteneras, bulerías… Todo marida sobre textos mínimos e imprescindibles y canciones que a coro del elenco se distribuyen por un auditorio extasiado por lo que van viendo sus ojos siendo las emociones auténticos testigos de un momento importante. El silencio del Maestranza consagró a la Pagés. Los aplausos finales remataron un respeto por la obra bien hecha avalada por la alegría de unos artistas que lo dan todo.

La Oda que aborda la Pagés es un desafío superado que pivota sobre la estaciones del año. Principia con la primavera dinámica con el baile de trilla a la que siguen tantos escenarios como meses tiene el año. Los momentos del tiempo son contemplados por el guión artístico acomodados al ser humano, a los sentimientos personales.

María Pagés es polivalente: diseña el vestuario de su compañía, baila, canta, coreografía. Lo ecléctico, la estética plástica y ese agradar al público variopinto invita a pensar que Oda al Tiempo se concibe para entendederas angloparlantes, centroeuropeas y asiáticas por donde sospechamos recogerá el espectáculo más aplausos que los de la tierra que vio nacer a la Pagés.

Espléndidos los cuadros corporales de los bailarines y el contoneo singular de la estrella Pagés jugando con manos, cintura y batas largas que proverbialmente maneja con la fuera de las emprendedoras del trabajo bien hecho. Absolutamente recomendable la obra de María Pagés, la actualizadora y renovadora del mejor flamenco imaginable.

Oda al Tiempo metaboliza lo tradicional para convertirlo en contemporáneo, aunque nos atrevemos a indicar que la Pagés es vanguardia y visionaria. Hija de matemático y catalana nacida en la capital de la Giralda, aún tiene mucho que crear y bailar una artista que el tiempo le debe una oda.

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