Mari Carmen Barrera, presidenta (e.f.) del Consejo Económico y Social (CES), insistió en que “es necesario promover una mayor participación femenina en los estudios científicos y tecnológicos. Es necesario impulsar la participación laboral de las mujeres en igualdad, “prestando atención a efectos negativos como la perpetuación de los estereotipos de género asociados a algunos empleos”, esenciales para reducir la brecha salarial”, ha demandado en la inauguración de la jornada: “La mujeres en el mundo laboral”, organizada por la Universidad de Murcia con la participación del CES de la Región de Murcia.

“Una mayor participación femenina en los estudios científicos y tecnológicos”

Para Mari Carmen Barrera existen una serie de barreras que siguen determinando que las mujeres en España presenten menores índices de actividad y de empleo, tasas de paro más elevadas, o mayores dificultades de carrera profesional que, “lo que motiva la existencia de una brecha salarial que aumenta con la edad, todo lo cual repercute negativamente en sus futuros derechos de pensión”, ha señalado.

La desigualdad salarial entre mujeres y hombres proviene de la desigual retribución que tienen las ocupaciones masculinizadas y las feminizadas y de la actividad económica en la que se desarrollen. Mari Carmen Barrera ha destacado que “aún se mantiene la traslación al mercado de trabajo de la más tradicional asignación de roles por sexos”.

Entre las barreras estructurales que dificultan la igualdad, el último informe del CES, cita entre otras la segregación educativa de las mujeres que escogen ramas con menos salidas profesionales o el cuidado de la familia.

Techo de cristal

El techo de cristal es una realidad en nuestro país, solo 1 de cada tres puestos entre las personas directoras y gerentes, son ocupados por mujeres. Para Mari Carmen Barrera, cerrar esta brecha es importante, “en un contexto de envejecimiento de la población”, para mantener una senda de crecimiento sostenible, “pues es una de las vías para evitar los estrangulamientos por la escasez de población activa que se dibujan a medio y largo plazo”, ha señalado en Murcia.

El CES insiste en que las políticas públicas llamadas a atajar esta problemática han de ser transversales, y deben coordinar el ámbito educativo, cultural, fiscal, y laboral.

Según la Memoria sobre la situación socioeconómica y laboral de España, elaborada por el CES en 2018: El empleo a tiempo parcial para los hombres volvió a retroceder, mientras que para las mujeres siguió creciendo, si bien a un ritmo inferior, el número de mujeres con empleos a tiempo parcial se multiplica casi por cuatro, llegando al 29,9%.

Pensiones

Otra variable de extrema importancia es la pensión de jubilación, “por el efecto que genera sobre la vejez, que es más dramático en el caso de las mujeres, ya que traslada a esta etapa las desigualdades de ingresos derivadas de la brecha salarial en edades activas”, ha destacado Mari Carmen Barrera.

La mitad de las pensiones son inferiores a los 735,9 euros (68% en las mujeres, 31% entre los varones). La pensión media en los hombres es de 1.162,3 euros mensuales, mientras que las mujeres perciben 740,18 euros. Diferencias por sexo que tienen que ver con la diferente participación en el mercado laboral, que abocan a la mujer a lo que los expertos denominan “feminización de la vejez”, que consiste -entre otras cosas- “en que aunque las mujeres viven más, desafortunadamente lo hacen en peores condiciones económicas y de salud”, ha denunciado.

Impulsar la participación laboral de las mujeres en igualdad, prestando atención a los efectos negativos como la perpetuación de los estereotipos de género asociados a algunos empleos

La presidenta del CES en funciones enumeró una serie de propuestas para la erradicación de estas deficiencias estructurales de nuestro mercado de trabajo que generan una brecha social evidente entre las que destacan:

Promover una mayor participación femenina en los estudios científicos y tecnológicos, tanto en los estudios universitarios como en los ciclos formativos de grado superior, con actuaciones en distintos ámbitos. (Medidas positivas en el acceso femenino a prácticas en empleos relacionados con las profesiones vinculadas a la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas).

Actuar en las reservas de población potencialmente activa: mujeres, personas mayores de 45 años, jóvenes sin cualificación ni empleo, migrantes, etc., con políticas activas de empleo que los recuperen para el marcado laboral, y mejoren su empleabilidad”.

Impulsar la participación laboral de las mujeres en igualdad, prestando atención a los efectos negativos como la perpetuación de los estereotipos de género asociados a algunos empleos, como los cuidados, tradicionalmente infravalorados y asociados a empleos de baja cualificación, baja remuneración y con rostro de mujer.

Para la presidenta del CES en funciones, “no podemos olvidar que las mujeres componen la mitad de la fuerza de trabajo mundial, y, por tanto, no se puede perder de vista la perspectiva de género en el diseño de políticas públicas”.

La igualdad requiere de un enfoque transversal que se proyecte en la fiscalidad, en la educación, en el I+D+i, en la cultura, en la agenda digital, en el urbanismo, en la vivienda, en la movilidad y el transporte urbano, en las políticas migratorias, en las infraestructuras, en el fomento de la corresponsabilidad, en los cuidados a nuestros dependientes, etc.

La mujer en el medio rural

Favoreciendo el crecimiento económico, mejorando las estructuras agrarias e infraestructuras rurales, los planes educativos y los servicios sociales se podrá lograr el asentamiento poblacional y frenar el éxodo rural.

En la España vaciada “existe una masculinización en las edades jóvenes e intermedias, debido a una emigración femenina, propiciada por la falta de igualdad respecto al trabajo productivo y reproductivo. Las desigualdades de género en el medio rural se expresan en el reparto de las tareas domésticas, la gestión de la dependencia y el mercado de trabajo”, ha señalado Barrera.

La ausencia de mujeres en edades jóvenes y centrales constituye uno de los principales factores que dificultan la sostenibilidad social y demográfica de las áreas rurales, pues las dificultades para formar nuevos hogares abocan a una pirámide de población regresiva.

Mujeres migrantes

Son las mujeres las que presentan una estructura ocupacional más concentrada hacia empleos no cualificados (55%). Un 22% de ese total, son empleadas domésticas, el resto está en grupos de cualificación media vinculados a la hostelería.

“Las mujeres inmigrantes desempeñan un papel fundamental en el sistema de provisión de cuidados”, ha denunciado, (casi el 20% de las mujeres está en este sector). El hecho de que se haya delegado este trabajo en estas mujeres reproduce el esquema tradicional de distribución de la carga de cuidados. “Por ello es precisa una apuesta más decidida por apoyar la igualdad entre hombres y mujeres con políticas de mayor profesionalización e institucionalización de la oferta de cuidados en nuestro sistema de dependencia”, ha resaltado como una de las metas a conseguir en un futuro.

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