Hay hojas secas en el suelo, gente apresurada, mil problemas que resolver y otros mil que difícilmente podrán ser resueltos, pero me esfuerzo, lucho, me domo a mí mismo y ya casi sin fuerzas llego a casa. Y es entonces, al abrir el buzón, cuando me encuentro con el sobre de papel manila, mi nombre y dirección primorosa, artísticamente, escritos, con pluma y tinta verde aguamarina. Es Marchamalo y es navidad; nunca falla. Desde que le conozco, y hace ya lustros, nunca falla.

A veces es un libro, otras una pequeña obra de arte:

Scott Fitgerald y Zelda, con la cara brillantemente velada por un dolor de plata.

“No tenemos un dolar, le dijo Scott Fitgerald, seductor, el pelo engominado…

a lo que Zelda,

tras un mohín de pueril contrariedad,

le contestó: Pues vámonos al cine”.

Este año, la navidad del 2017, ha sido un libro. Firmado por el propio Jesús Marchamalo e ilustrado, con más acierto que nunca por su cómplice y colega Antonio Santos.

VIRGINIA WOOLF, LAS OLAS

(Nordica libros)

Y me encanta, como siempre me encanta.

He intentado demorar el momento de abrir el sobre: aún las batallas revueltas y no resueltas en el pecho y la cabeza, pero en cuanto me quito el abrigo vuelvo a la mesa de mi despacho y lo abro -con cuidado de no romperlo, el sobre es pura magia. Y allí está el libro. Me siento al borde de la silla y lo empiezo a leer. Sigo sentado en el borde de la silla cuando lo termino.

Fantástico. El regalo de navidad perfecto. Esa prosa, que ya he dicho en alguna ocasión, y más de uno lo ha repetido después, hace pensar en el mejor Jean Echenov, el de Ravel, Correr y Relámpagos. La ilustración de la página 39 es una obra maestra. Lo cierro, vuelvo a abrirlo, repaso frases y me entretengo en los dibujos. Permito a mis dedos golfear sobre la maravillosa piel del papel Arco Print Milk de Fedrigoni de 150 gramos. Qué maravilla. ¿Tenía yo problemas? ¿Vivo en una ciudad dura y las cervicales y los huesos de las manos me traicionan? Tonterías. Es navidad. Vivir es bello y Jesús es tan grande como Frank Capra. Me arrellano en la silla y miro las librerías repletas que me rodean. Los libros, los escritores. Y doy gracias. A la vida y al más generoso Papá Noel de la literatura en España. Marchamalo nunca falla.

 

(Mecanografía: Ángel Arteaga)

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Javier Puebla ha sido galardonado con diversos premios, tanto en prosa –Nadal, por Sonríe Delgado, y Berenguer, por La inutilidad de un beso– como en poesía: El gigante y el enano: V Certamen Vicente Presa. En 2010 recibió el premio Cultura Viva por el conjunto de su obra. Es el primer escritor en la historia de la literatura en haber escrito un cuento al día durante un año: El año del cazador; 365 relatos que encierran una novela dentro. En 2005 fundó el taller 3Estaciones y la editorial Haz Mlagros. Cineasta, escritor, columnista y viajero: ejerció funciones diplomáticas en Dakar durante cuatro años, y allí escribió Pequeñas Historias Africanas, Belkís y Blanco y negra. Gusta de afirmar en las entrevistas que nació para contar historias, y quizá por eso algunos de sus artículos parecen relatos o cuentos.

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