El ex primer ministro francés, Manuel Valls, el inventor del «socialismo pragmático» ha demostrado que en su proyecto político no hay sitio para la conciencia social, la igualdad real ni para, por supuesto, la ideología.

Valls ha presentado estos días un manifiesto en el que reclama a los partidos llamados constitucionalistas (PP, PSOE y C’s) que lleguen a un acuerdo para arreglar el problema de Cataluña.

Da la sensación de que Valls piensa que el problema catalán es el único tema de interés para los españoles, algo que le incapacita para liderar ni siquiera un manifiesto, puesto que demuestra un desconocimiento supino de las verdaderas necesidades del pueblo español (y del catalán). Lo que realmente muestra el manifiesto presentado es un oportunismo de alguien que, defenestrado en su país, busca meter la cabeza como sea en la política española porque, siendo Valls una persona inteligente, es imposible que no conozca cuáles son los verdaderos desafíos a los que se enfrentan los hombres y mujeres que viven en España cada día que tienen una prioridad superior a lo que está sucediendo en Cataluña.

Ese oportunismo es bien conocido por los españoles. Durante muchos años, incluso en la actualidad, hay partidos políticos que se han aprovechado o que han instrumentalizado el dolor de las víctimas del terrorismo de ETA para lograr réditos electorales o políticos que han utilizado el hecho de haber sido víctimas (directas o por lazos familiares) para medrar en importantes puestos de representación política. Por tanto, estas actitudes oportunistas ya se conocen suficientemente en España.

El señor Valls debería saber que los experimentos de coaliciones entre socialdemócratas/socialistas y partidos de centro derecha siempre se saldan con un debilitamiento de los progresistas y con un reforzamiento de los conservadores. Esto ocurre por un hecho que estos dirigentes olvidan: el electorado de izquierdas siempre verá como una traición llegar a acuerdos con el adversario político natural porque, al final, los planteamientos conservadores/liberales siempre se imponen a las políticas sociales que debería defender alguien que lidera un proyecto que lleva el apellido de «progresista».

Valls ya intentó entrar en la política española a través de su candidatura a la Alcaldía de Barcelona, con los resultados conocidos. Ir de la mano de Albert Rivera era como acudir a apagar un incendio con un bidón de gasolina, aunque era normal que el presidente de Ciudadanos buscara al ex primer ministro francés ya que su trayectoria política le avalaba para estar al lado deRivera. No hay más que recordar cuando expulsó a inmigrantes por su raza, cuando aprobó una reforma laboral mucho más dura que la de Rajoy para satisfacer los deseos de las élites nacionales e internacionales o cuando lanzó contra el pueblo que legítimamente protestaba contra la derogación de derechos fundamentales a las fuerzas de seguridad para iniciar una represión no vista en Francia desde los tiempos de De Gaulle.

Las verdaderas preocupaciones de la ciudadanía española están en las políticas de justicia social. El principal problema para los españoles es el paro, aspecto que no se solucionará con medidas relacionadas con el conflicto en Cataluña. A continuación, el Centro de Investigaciones Sociológicas, incide en que la parálisis política está preocupando mucho a la ciudadanía. La tercera preocupación para los españoles son los problemas relacionados en la economía, es decir, lo que lleva a tener oportunidades de prosperidad social o a llevar una vida digna. Cataluña sólo preocupa a un 10% y está muy por debajo de la sanidad o la educación. Por tanto, ¿qué pretende el señor Valls? ¿Que los partidos llamados constitucionalistas se unan sólo para arreglar los problemas relacionados con el conflicto catalán? Esto demuestra que el ex primer ministro francés no piensa en los ciudadanos sino en la mal llamada «cuestión de Estado» cuando, cualquier gobernante o político responsable, daría siempre prioridad a los problemas que de verdad preocupan al pueblo. Esa sí que es una «razón de Estado» de peso y no debería haber otra.

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