El debate de investidura del ya presidente de la Junta de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, deja varias anécdotas para los anales de la historia; pero lo que deja claro es que, el exalcalde de Salamanca, después de mantener un perfil bajo y hasta amable durante toda la campaña electoral, una vez se ha visto con toda seguridad presidente con el apoyo de Ciudadanos, saca su peor cara en las respuestas a sus adversarios.

Así, el líder de Podemos en Castilla y León, Pablo Fernández, que a juicio de muchos es uno de los mejores parlamentarios que ocupa hoy escaño en las Cortes, arremetió en su intervención, sin papeles y con verbo suelto, contra Ciudadanos y, les reprocha que «han cercenado vilmente» la posibilidad de cambio en Castilla y León. Cada promesa de Ciudadanos y de Francisco Igea ha constituido una «puñalada trapera» contra la «cerceñada palabra del cambio», continuó. «Ya no hay Dios ni castellano y leonés que le crea». Todo han sido «mentiras», ha dicho. «Rubricando el pacto de la infamia blanquean al Partido Popular y hacen que este debate de investidura sea grotesco», añadió.

A Mañueco, además de afearle “su media sonrisa y pachorra” también le dedicó duras afirmaciones como «con ustedes es inevitable que se aumenta la pobreza y la exclusión social» y recordó que «lo más importante para nosotros» es poner en marcha medidas radicales para luchar contra la pobreza puesto que en el último año casi se han duplicado las personas en situación de pobreza severa.

En la respuesta a Pablo Fernández pudimos descubrir a un Mañueco que, a pesar de haber llevado a su partido a perder las elecciones por primera vez en 32 años, saca pecho y se atreve a contestar, cargado de ironía y mala baba, al líder de la formación morada, «Me alegra tenerle aquí esta legislatura. Y lo digo porque pudo no estar. Se ha convertido en el procurador del minuto número 93».

«Pensé que íbamos a seguir aprendiendo de su retórica fácil y fluida, pero le recomendaría que esta legislatura deje la política de aspavientos y que apueste por la política constructiva», dijo Mañueco, para finalmente intentar ridiculizarlo diciendo que «Quizá le tengo más aprecio que sus propios votantes».

A semejante vileza e infamia que supuso la contestación del que se presentaba a su debate de investidura hacia un representante de los ciudadanos de Castilla y León tan legítimo como cualquier otro, Fernádez, en su réplica, cita a Romanones: «Joder, qué tropa» mirando a Mañueco y se aventura a poner palabras a lo que pensaría esta mañana Juan Vicente Herrera mientras intervenía el candidato a la Presidencia: «Detrás de mi vendrá quien bueno me hará».

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1 Comentario

  1. Mañueco es la clara muestra de que cualquiera puede llegar a la presidencia de la Junta de Castilla y León y que no hace falta ser honrado, capaz, comprometido, inteligente, honesto o trabajador. Nunca había caído tan bajo esta institución y está claro que este individuo nada tiene que ver con el castellanoleonés medio. Siempre ha necesitado ‘ayudas’: para ocupar este sillón, en los estudios, en el Ayuntamiento de Salamanca…

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