Mañueco y Clemente, en otros tiempos.

Un duelo de titanes es lo que protagonizan estos días Silvia Clemente y Alfonso Fernández Mañueco, que se verán las caras como candidatos ambos a la presidencia de la Junta de Castilla y León. La dimisión de la que fuera hasta la pasada semana presidenta de las Cortes, y su intención de presentarse a las Primarias por Ciudadanos, ha permitido que la comunidad por fin esté en las portadas nacionales. Pero los últimos acontecimientos responden a una realidad cainita que ha marcado la política popular de la región a pesar de pasar casi desapercibida para la opinión pública.

El PP lleva más de 30 años de gobierno en Castilla y León pero, en los últimos veinte, la opinión pública y publicada ha dejado a su libre albedrío a una comunidad donde su moderado presidente, Juan Vicente Herrera, ha conseguido tapar casi sin proponérselo las carencias de gobierno y gestión de su propio Ejecutivo. El presidente, que tiene intuición para evitar meterse en charcos, nunca quiso que el candidato del PP para sustituirle al frente de la Junta fuera Alfonso Fernández Mañueco.

Todas los comentarios de Génova, las portadas de prensa, los debates políticos… ponen hoy en el foco de sus críticas a quien ya llaman tránsfuga: Silvia Clemente, la ex presidenta de las Cortes desde el jueves y hoy posible candidata –una vez superada las Primarias de Ciudadanos– a la Presidencia del Gobierno autónomo.

Región para senior

Quienes hoy tanto hablan de Castilla y León –a la que nunca dedicaron sus pensamientos– ignoran, sin embargo, que es una autonomía para los mayores, pero si un proyecto de futuro para la región más envejecida de Europa. Ciudades tranquilas, históricas, con un carácter conservador por naturaleza, que han visto marchar –por miles– a sus jóvenes en busca de una oportunidad, que han perdido el motor financiero que aportaban sus cajas –desaparecidas por una nefasta gestión en la que el PP y el PSOE se repartieron poder, dividendos y dietas desorbitadas–, donde se dejó morir la intelectualidad –de la que el gran Miguel Delibes resultó ser el último y más genial mohicano– y donde su patrimonio es el pasado, su historia y sus maravillosas piedras.

Ni para los mayores, ni para los jóvenes ni para mantener el músculo financiero en la comunidad ha tenido tiempo el ex secretario general, y hoy presidente del PP en Castilla y León, para un proyecto de futuro. Y con éstas quiere llegar Mañueco a liderar el Gobierno de la comunidad.

Mañueco hunde sin piedad a todo el que le hace sombra

Pero Mañueco no es un recién llegado de la Alcaldía de Salamanca que viene a salvar la comunidad. Hoy es el presidente del partido, pero durante más de una década ha sido el secretario general y quien ha dominado realmente el entramado popular en casi el 80% de las sedes de la región.

Mañueco fue a Cospedal lo que Herrera fue a Rajoy y Sáenz de Santamaría. Éstos últimos estuvieron más pendientes de gobernar que de intrigas políticas. Así, Mañueco tuvo vía libre todos estos años para manejar a sus anchas el partido.

El PP apenas ha sabido mantener las catedrales y el valor monumental de una maravillosa tierra, la castellana. Los turistas visitan las ciudades históricas y monumentales porque están ahí, pero no porque exista una iniciativa de futuro que traiga más turistas y, por tanto, más trabajo y riqueza a esa comunidad.

Clemente

Silvia Clemente fue diferente desde que aterrizara hace 20 años en la Consejería de Medio Ambiente. Hasta los ecologistas y Los Verdes –hoy muchos de aquellos luchadores integrados en Podemos– daban la razón a la consejera en muchas de sus iniciativas. Fue dialogante con quienes hoy sus ex compañeros de partido llaman comunistas, impulsó la gran marca de productos ‘Tierra de Sabor’ y siempre mantuvo un discurso propio.

Dicen los que conocen bien a Clemente que siempre fue a lo suyo, que era mala enemiga y que debe al PP el que éste le salvara de las investigaciones sobre una supuesta contratación que facilitó a la empresa de su pareja. Un asunto del que de momento no hay más que investigaciones. Pero de ser así, en el pecado le va la penitencia al PP por amparar y tapar trapos sucios –si es que los hubo– a una de sus consejeras más populares y con tirón en la región.

Mañueco

Todo se le torció al PP en esta tranquila y poco reivindicativa autonomía cuando Alfonso Fernández Mañueco –con el apoyo de Fernando Martínez Maíllo– acabó con la carrera política de Rosa Valdeón, vicepresidenta en Castilla y León y quien iba a sustituir a Juan Vicente Herrera al frente de la Junta, de ganar las elecciones de nuevo el PP.

Las malas mañas sin piedad contra Valdeón la llevaron al abismo. Tras dar positivo en un control de alcoholemia y en el mismo instante en que se hizo el atestado de la Guardia Civil, la prensa cercana a Mañueco y Maillo destrozó las legítimas aspiraciones políticas de la ex vicepresidenta.

Herrera reconoció el golpe, defendió a Valdeón y trató de apoyar, a su manera, sin demasiadas acciones públicas, al otro candidato en las Primarias del PP para elegir a un nuevo sustituto a la Presidencia de Castilla y León por su partido: Antonio Silván. El alcalde de León, sin opciones ante quien dominaba el aparato del partido en esta comunidad, perdió unas Primarias que dieron poder, visibilidad, amparo y dejaron el camino libre al líder más temido que querido entre la militancia popular: Alfonso Fernández Mañueco.

El hasta hace semanas alcalde de Salamanca –quien también hace veinte años asumió la consejería de Justicia sin competencias reales en el Gobierno de Herrera– arruina lo que toca, se rodea de mediocres que provocaron este artículo: https://diario16.com/cronica-de-una-carrera-politica/, y hundió sin contemplaciones, sin piedad y sin estrategia a todo el que le hiciera sombra.

Abandonada la Comunidad por la prensa nacional, los medios regionales –muy proclives al PP, esté quien esté al frente– salvo excepciones apoyaron al candidato del PP a la Presidencia de la Junta sin preguntas, sin respuestas y sin la mirada crítica que debe tener el Periodismo.

Es igual que a Fernández Mañueco se le implicara en la trama de corrupción del ex presidente de Madrid, Ignacio Gonzalez. Las maniobras para la concesión a dedo de la gestión de las guarderías públicas a la empresa de la mujer de González –con quién incluso se reunió en Salamanca– quedaron en nada al estallar el escándalo de la trama del caso Lezo y no llegaron a ejecutarse. Eso le salvó …de momento.

Tampoco importó que Mañueco avalara a su antecesor en el Ayuntamiento de Salamanca en la operación de El Corte Inglés, donde se regaló a la empresa del centro comercial un terreno que albergaba el antiguo cuartel militar. Hasta el Supremo dio la razón a Los Verdes en esta cuestión. Pero hábil en su estrategia, consiguió que los medios defendieran su discurso. Básico, pero demoledor: “Los Verdes están contra todo, contra el progreso y contra que El Corte Inglés cree puestos de trabajo en la ciudad”.

Efectivamente se crearon los mismos puestos de trabajo que se perdieron en el pequeño comercio que tuvo que cerrar. Pero, sobre todo, fue una oportunidad para colocar en el centro comercial a ‘los amigos’ de la causa. Fue fácil encontrar entre los trabajadores de El Corte Inglés a familiares y amigos de concejales, militantes y ciudadanos cercanos al PP. Aunque muchos acabaron despedidos al poco tiempo, la cara estaba salvada.

Tampoco importó a nadie la gestión del miedo con el que el jefe de la Policía Local lleva el cuartel municipal. Hombre de confianza de Mañueco en Salamanca, tiene atemorizada a buena parte del sector hostelero y a los propios policías municipales, como el sindicato mayoritario ha denunciado en varias ocasiones.

El legado de Mañueco

Y con este legado Alfonso Fernández Mañueco se presentará a las elecciones autonómicas de Castilla y León para tratar de que el PP siga, tras 30 años, en el ejecutivo.

Porque el discurso de la necesidad de cambio en Andalucía tras tres décadas de gobierno socialista desaparece por arte de magia cuando se habla de Castilla y León. Tres décadas no es nada cuando se trata del PP.

El ex consejero por Castilla y León, el secretario regional del PP en la región durante más de una década y el actual presidente del partido llega como si fuera la renovación de la derecha para intentar ponerse al frente del Ejecutivo.

Queda fuera quien le haga sombra. Silvia Clemente se lo hacía. Sin más, sin contemplaciones, quiso quitarla de en medio. Pero, en este ocasión, la ex presidenta de las Cortes le hace frente. Será un duelo de Titanes que podría favorecer a la izquierda si el PSOE y Podemos se ponen las pilas en la comunidad. Ahora o nunca.

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