Foto: Agustín Millán

La prohibición de celebrar manifestaciones en Madrid con motivo del día Internacional de la mujer, el 8M, o sea, mañana, ha planteado un debate que en mi opinión es absurdo por lo que se supone que plantea: salir o no salir a manifestarse para defender los derechos de las mujeres y para denunciar las brutales situaciones que vivimos por el hecho de serlo. Y en estas líneas intentaré explicar por qué me parece absurdo.

Nuestros derechos y nuestras denuncias no tienen un único día en el calendario para ser reivindicadas. Es evidente. Como también lo es que la visibilidad que da llenar las calles y plazas con nuestras proclamas es un hecho necesario para que nadie piense que la sociedad es ajena a un sinfín de problemas que afectan, no sólo a la mitad de la población sino a toda persona que quiera vivir, en definitiva, en un lugar donde la justicia y la libertad sean garantizadas para todas.

En esta ocasión, en este 2021, nos encontramos inmersas en una pandemia mundial que, después de un año, sigue sumando muertes, enfermedades y preocupación. Si bien es cierto que las vacunas ya están aquí, también lo es que aún no han sido aplicadas a la mayoría de la población, que las nuevas variantes del virus generan preocupación y que exponerse al virus es algo que todas debemos evitar: por nuestra propia salud y por la de las personas que nos rodean. Protegernos es, en definitiva, una labor de responsabilidad social.

Comoquiera que las cifras de contagios, de muertes y de problemas asociados al virus resultan confusas y se han convertido, casi desde el inicio, en un arma que se arrojan las formaciones políticas para hacer campaña, nos hallamos ahora en un momento delicado: mientras la OMS alerta de un repunte a nivel global en los contagios por COVID-19 (asociados fundamentalmente a la aparición de variantes como la británica, la sudafricana y la californiana), en algunos lugares como en nuestro Estado da la sensación de que se trata de dar un mensaje de calma, con el objetivo puesto en que la economía no sufra más de lo que algunos consideran sostenible. Quizás por eso nos falten datos explicados que nos hagan ver que la situación en la que estamos sigue siendo grave, peligrosa y que no podemos relajarnos. A pesar de que algunos esperen salvar la Semana Santa, como ya hicieron con la Navidad y con el verano. Y todas sabemos lo que ha ocurrido cada vez que se ha querido salvar la economía: que lo que se ha llevado por delante ha sido la vida y la salud de miles de personas.

Por este motivo se decidió desde la Delegación del Gobierno de Madrid prohibir las manifestaciones de mañana. Y por el mismo motivo, el de la salud de la población, la Fiscalía de Madrid ha respaldado la decisión.

Miles de manifestaciones que sí se han permitido

La crítica se plantea al comparar la cantidad de manifestaciones que sí se han permitido durante este año(tan largo) de pandemia. ¿Por qué se ha dejado que distintas convocatorias hayan tenido lugar y, sin embargo la de las mujeres haya sido prohibida? En mi opinión la respuesta está clara: porque mañana estamos convocadas todas las mujeres y todas las personas que, junto a nosotras, también defienden nuestros derechos y denuncian las injusticias que sufrimos. Potencialmente, mañana estaría llamada a salir a la calle la gran mayoría de la población española. Y esto marca la diferencia evidente con cualquier otra manifestación que pueda ir dirigida a reivindicar luchas de colectivos con muchísima menos representación que el de las mujeres.

Aquí radica la prohibición: porque se sabe que cada año somos más las mujeres que el 8M salimos a las calles con nuestros hijos, con nuestras parejas, y lo hacemos sin mirar ese día nuestra ideología política, sin carnets. Somos todas. Y los derechos de todas es lo que nos importa. Precisamente por ello, preservar la salud y protegernos es fundamental y cuidarnos, como hacemos siempre, un acto que ahora, de manera especial, tiene sentido.

Las mujeres tenemos mil maneras de resolver problemas. Y qué duda cabe que la pandemia lo es, como también las dificultades que protegernos del virus supone a la hora de reivindicar nuestros derechos. Por eso mañana habrá un sinfín de formas creativas, diferentes e innovadoras de reivindicar. No hace falta complicarse en exceso: desde salir a la puerta de casa a las 20.00, hasta mostrar mensajes desde nuestras ventanas. Las redes sociales, nuestra propia vestimenta, nuestros vehículos, son herramientas que bien podemos hacer servir sin necesidad alguna de correr riesgos ante contagios.

No creo que haya discusión real al respecto. Salvo que como siempre, haya quien quiera generar un clima de crispación entre nosotras, para que perdamos energía discutiendo sobre cuestiones que, en realidad, no deberían tener discusión. Nos queremos vivas, nos queremos sanas, nos queremos libres y nos queremos como somos: reivindicativas y responsables.

Estoy segura de que mañana, la gran mayoría, sabremos demostrarlo.

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