Foto: Fundación Ortega-Marañón

“Las mujeres ya hicimos nuestra revolución en el siglo XX. Y los hombres, ¿a qué carajo esperan?”. Así se dirigía la periodista y activista feminista, Lydia Cacho, el año pasado al público asistente a la presentación de su libro Ellos hablan y un año después, el instituto universitario Ortega y Gasset brindó de nuevo la posibilidad de aprender sobre los orígenes del machismo infundados en la sociedad, a través de la autora del libro y otras voces especializadas en género y comunicación como Violeta Assiego, Miguel Llorente o Gumersindo Lafuente.

Ellos hablan nace de la curiosidad y de la necesidad de contar cuándo y de qué manera se integra el patriarcado dentro del hombre en sus primeros años de vida. Un libro que surgió en pleno movimiento #MeToo, a través del que numerosas actrices de Hollywood confesaron haber sido víctimas de abusos sexuales por parte de compañeros y directores, por el que se desató una pugna de posicionamientos que la propia Cacho asemejó “a la vieja batalla de los sexos”. En este libro, la periodista, siempre bajo el paraguas de los derechos humanos y del feminismo, ha recopilado una serie de testimonios de hombres de todas las capas sociales para acercarse y llevar al lector a esos orígenes patriarcales que nos afectan a todas y a todos.

El feminismo sigue su incesante lucha para llegar a tribunas en las que mujeres y hombres puedan sentarse a dialogar sobre igualdad real, proponer alternativas al sistema capitalista y patriarcal, aprender de la diversidad desde la empatía y caminar unidas hacia una sociedad mejor. “Se trata de buscar una nueva forma de relacionarnos hombres y mujeres, de encontrarnos”, relataba Cacho, “siempre desde la paz, no desde la guerra, como una herramienta, no como arma arrojadiza, pues ya estamos rodeados de violencia”. En este contexto, el papel del hombre es crucial para que sigamos progresando en convivencia, ya que mujeres y hombres hemos sido educados en el machismo, sin embargo, nosotras las mujeres, llevamos décadas revisándonos y compartiendo en colectivo cómo nos sentimos e identificando qué aspectos de nuestras vidas queremos revertir, para tomar el lugar que nos corresponde.

Para Lydia las mujeres ya hicieron ese ejercicio de revisión, pero los hombres no han llegado a socializarla o ponerla en común. Ese es el vacío que Cacho quiso llenar de conocimiento. Pues en un contexto cultural machista en el que el hombre lidera y la mujer, a pesar del creciente empoderamiento y la conquista de espacios, ha sido históricamente oprimida y relegada a un papel secundario patrocinado por el sistema patriarcal, la educación y las nuevas masculinidades arrojan un halo de luz en este camino. Para ello, Lydia se reunió con decenas de hombres para someterlos a largas horas de entrevistas con el objetivo de “dar con la clave de la enfermedad” y aflorar recuerdos de niñez donde puedan entreverse e identificarse los núcleos machistas de esas enseñanzas.

“El patriarcado está en la familia, en ese padre al que no se cuestiona nada y que mandata cómo debe ser un hombre y una mujer”, asegura la periodista. Alejada de todo constructo social y estigma de género, Cacho va a la raíz y llega a la conclusión, tras ver a muchos de los entrevistados llorar y partirse en pedazos, que “muchas características del supremacismo del varón se repiten, hermanando con el patrón machista” y eso hace que muchos hombres, en la actualidad, se sientan confusos en un papel que ni ellos mismo saben si verdaderamente les pertenece, mientras las mujeres adelantan por la izquierda en cuanto a relaciones afectivas y de cuidados se refiere. A propósito, Cacho advierte que “el hombre se siente inseguro ante una mujer progresista, fuerte, experimentada e independiente económicamente” y eso va ligado en muchos ocasiones a la pornografía como vía de aprendizaje sexual e incluso en los casos más extremos, a recurrir a la prostitución para relacionarse con las mujeres.

Lejos de ser una quimera, las nuevas masculinidades tienen un gran reto en la consecución de esa igualdad real entre hombres y mujeres, pero la falta de referentes se hace notar. No obstante, al igual que las mujeres llevamos siglos clamando por nuestros derechos y libertades, los hombres están a tiempo de tomar las riendas de sus revisiones personales y colectivas, para empezar a identificar los patrones machistas que ejercen desde su posición de privilegio y acabar con el machismo secular que salpica cualquier espacio. Y con esto llegamos al leit movit de Ellos hablan: “que ellos aprendan rellenando las encuestas que les propongo para que vean si son machistas o no y para que las mujeres feministas se relajen y puedan respirar”, concluye su autora.

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