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Luz y sombras de agosto

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Tengo la costumbre de leer todos los agostos la novela “Luz de agosto” de William Faulkner, “aquí somos muy de Faulkner”, como decían los inolvidables personajes  del maestro José Luis Cuerda en su gran película “Amanece que no es poco”. “ ¿Es que no sabe que en este pueblo es verdadera devoción lo que hay por Faulkner?” dice el gran José Sazatornil “Saza” en una de las delirantes escenas de esa obra maestra del surrealismo.

En  Luz de agosto “Light in August” Faulkner narra con una maestría admirable dos historias situadas en el mítico condado de Yoknapatawpha, territorio imaginario donde transcurre gran parte de su obra. Por un lado la de la joven, cándida e intrépida Lena Grove buscando a Lucas Burch, borrachín, vago y canalla, padre del hijo que espera. La otra historia es la de Joe Christmas, un misterioso vagabundo mulato, que huye de su familia adoptiva y de una sociedad de tradición esclavista y segregacionista incapaz de aceptar a un hombre como él, que casi busca su autocondenación. Con estos mimbres el genial escritor sureño compone un terrible y a la vez bello retrato de la naturaleza humana, narrado con una de las mejores prosas de la literatura universal. “Puedo escribir Hamlet cuando quiera”, decía y no era un farol. Su talento era equiparable al de Shakespeare o Cervantes. De Cervantes decía que leía todos los años el Quijote. Yo hago lo propio con “Luz de Agosto” para sumergirme en ese agosto que “tiene una luz propia que no tiene ningún otro mes del año”, como dice uno de sus personajes. Es todo un placer el reencuentro con los personajes, como si fueran viejos conocidos, verlos moverse de la mano de ese prodigioso e inimitable  lenguaje, de ese estilo rebosante de sabiduría y elegancia. Es una verdadera pena que el talento no se contagie como el coronavirus. 

  1. Normalmente, cuando cerraba el libro dejaba atrás con cierto alivio ese mundo terrible lleno de horrores góticos donde se muestra crudamente y de forma deslumbrante, el lado más siniestro y vil de la condición humana. De su lectura salía conmovido, turbado, sensibilizado y mejor instruido sobre lo que somos y hacemos.  Ahora, al cerrar el libro continua esa inquietante sensación porque con la llegada de esta devastadora pandemia que, además de la sanitaria, trae consigo un desastre económico y social no menos devastador, el mundo cada vez se parece más a esa sociedad apocalíptica de la novela. Se deja el libro y de golpe cae encima como una manta mojada la penosa realidad que habitamos y nos habita, además de la pandemia de nunca acabar, la situación política, económica y social de nuestro país, un país que vive sumido en una perpetua y angustiosa pesadumbre, en una incertidumbre, miedo y soledad sin precedentes. Donde se constata a diario una escalofriante falta de solidaridad, de fraternidad, de unión que en estos tiempos debería ser imprescindible. Se habló mucho durante el confinamiento de que aquello nos iba a servir como punto de inflexión en nuestras vidas, que íbamos a aprender de esa dura experiencia, a replantearnos nuestras vidas, a cambiar nuestros hábitos más dañinos, a ser más solidarios, menos consumistas, más respetuosos con el medio ambiente, todas esas cosas que al final quedaron en nada. Un montón de buenos propósitos que fueron diluyéndose a medida que la situación fue mejorando. Por desgracia somos demasiado duros de mollera y eso no hay pandemia que lo arregle.
  2. El pesimismo de la novela nos sigue acompañando  porque es esta también una sociedad apocalítica habitada por víctimas, verdugos y desquiciados mentales. Una sociedad que tiene la desgracia, una desgracia más, de contar con una clase política formada, salvo honrosas excepciones, por personas mediocres, alarmantemente mediocres. Con un gobierno que hace lo que puede con mejor o peor acierto, muchas veces dando palos de ciego porque no sabe cómo demonios afrontar y menos salir de esta situación nunca antes vivida, una situación de una complejidad extraordinaria que debería contar con el apoyo, el respaldo y el aporte de ideas de una oposición resuelta a entenderse con el gobierno por el bien de todos. Eso que se repite tanto de “remar en la misma dirección” y no permanecer en el tendido insultando, criticando  cualquier iniciativa, hasta las iniciativas que ellos mismos no hubieran tenido más remedio que tomar, esperando que el gobierno la fastidie del todo y que caiga de una vez para entonces bajar al ruedo y decir que ahora ellos lo van a solucionar todo, incluso lo que no tiene solución. Esperando, como decía el ex ministro Montoro: “que caiga España, que ya la levantaremos nosotros”. Esa parece ser la miserable y perversa actitud de la oposición, a la que había que preguntarle qué pasará con los españoles a los que tanto dice querer, al contrario que el perverso gobierno que no nos quiere nada, qué va a ser de nosotros hasta que ellos nos “levanten”, hasta que nos rescaten milagrosamente de esta situación nunca antes vivida. Por qué no dicen lo que van a hacer y se ponen manos a la obra a convencer al gobierno y al resto de parlamentarios de que su plan es el mejor y así ganamos un tiempo precioso que ya no tenemos. Pero no dicen nada porque no tienen ni la más remota idea de cómo salir de ésta. Eso sí, aman a España como nadie, más que nadie. Pero el amor a España, hay que repetirlo una y otra vez, no se demuestra con banderas en pulseras, balcones, mascarillas…etc, en palabras y gestos, incluso ese gesto de parar un taxi que hemos visto, espantados, hacer a algunos dirigentes y militantes de ese partido de habituales usuarios del taxi, españolazos bíblicos, poseedores absolutos de la verdad y las esencias de la patria llamado Vox. El amor a España se demuestra trabajando duro, ganándose el sueldo, y el político debe ganarse el sueldo dialogando sin descanso, buscando puntos en común con los adversarios, que no enemigos políticos, porque se da por hecho que todos quieren lo mejor para sus compatriotas. Se demuestra construyendo puentes para el entendimiento, buscando  el bien común por encima de ideologías y más ahora que vivimos una emergencia total, sin precedentes en nuestra historia. Entenderse no es una opción, es una obligación de todo político si es que siente la vocación de la política. Porque la política es ante todo una vocación, una pasión, una entrega total a los demás, al logro de su bienestar, y no una manera de ganar un buen sueldo sin trabajar mucho, de medrar socialmente, sin hacer otra cosa que hacer lo que te ordenan y repetir como una cacatúa las consignas del partido. Los contribuyentes que asistimos desolados, abatidos y apesadumbrados, a los debates parlamentarios pensamos que no es posible que se pueda ser tan mastuerzo o mastuerza al escuchar algunas intervenciones que no aportan nada en el camino de la solución a nuestros problemos, que muy al contrario solo buscan la división y el enfrentamiento y nos alejan cada vez de ese ansiado entendimiento que debería ser el principio y la base de todo. 
  3. No es posible, pensamos ya desmoralizados, con  el ánimo por los suelos, que con la que tenemos encima se dediquen a perder miserablemente el tiempo  manteniendo y alentando ese permanente  diálogo de sordos, ese estéril y penoso “y tú más”. No nos podemos creer que sean tan ineptos, tan torpes e incompetentes, tan pendientes de la voz de su amo, de su caricia en el lomo después de atacar al gobierno desde la tribuna de oradores sin aportar una sola idea constructiva, un  solo paso adelante en el camino a la solución de alguno de los extraordinariamente graves problemas que nos acucian y reclaman todo nuestro esfuerzo, toda nuestra capacidad e inteligencia. Esperamos, aunque cada vez con menos esperanzas, que algunos políticos de la oposicón se salgan de la incomprensibles directrices de sus partidos, que solo llaman a alentar la crispación y la confrontación, y  aporten ideas, no ocurrencias, soluciones viables, sensatas, dialogadas, trabajadas. 
  4. Nos gustaría, por el bien de todos, que fueran tolerantes, transigentes, respetuosos, flexibles, pacientes, que por una vez pensaran por sí mismos, que no se les va a desgastar el cerebro, al contrario, le vendría bien usarlo un poco para apoyar y animar al gobierno cuando éste tome alguna medida que crean correcta, porque seguro que algo han hecho bien y no todo ha sido un completo desastre, una ruina, un caos para España. Poniendo una hipócrita afectación al pronunciar la palabra “España” para parecer más españoles que nadie. “Salvar España, el bien de España, por España, por los españoles…” palabras tan engoladas, hinchadas y pomposas como huecas  que no paran de repetir como una cansina letanía desde la oposición y por supuesto desde los medios de comunicación conservadores, o mejor cabría decir de propaganda, dedicados única y exclusivamente a desacreditar, calumniar, difamar e infamar al gobierno, para hacerle caer y que sus amos, los que pagan ese ruido cada vez más molesto e inútil, recuperen el poder, un poder que cuando no lo ejercen, cualquiera que lo ejerza, aunque el que lo haga sea un gobierno, como el actual, salido de unas elecciones, lo consideran y así lo dicen, sin reparo ni respeto alguno, un gobierno ilegítimo y usurpador. 
  5. Decía Manuel Vázquez Montalbán que este capitalismo y neoliberalismo, su mercado y su ejército de vigilancia de todo esto, que vivimos y padecemos durará, hasta que volvamos a descubrir otra vez que debajo de este orden existe el desorden de siempre y que genera otra vez la misma falta de solidaridad, injusticia y desigualdad. Esto es algo que ya veíamos y con la pandemia se ha puesto de manifiesto con toda su crudeza. 
  6. Cuando vuelvo a sumergirme con infinito alivio en la magia y el milagro de la prosa Faulkneriana, salta la noticia de que la Casa Real, cual sagrado oráculo, ha hablado para decir que el rey emérito llegó el día tres de agosto a los Emiratos Árabes, no dice el lugar exacto, las palabras salen con cuentagotas, con gran esfuerzo, como si vomitara guijarros, aunque se cree, que está en Abu Dabi, la capital, lugar muy conocido por el emérito donde ha chapoteado muchas veces como comisionista y donde levantó gran parte de su gran fortuna de la mano de sus amigos sátrapas. Allí comenzó hace muchos años a llenar la hucha embolsándose un euro o dos, según, por cada barril de petróleo que compraba España a los países del Golfo. Al parecer la Casa Real ha intentado que no fije allí su residencia porque el país no es muy ejemplar que digamos, pero tampoco lo es él, que se ha negado en redondo a moverse de allí. Hay que recordar que aunque los Emiratos Árabes Unidos es un país que tiene tratado de extradición con España, tal extradición se puede denegar por razones de “edad o salud” .
  7. Tampoco dice la Casa Real, aunque se da por hecho, que se aloja en el fastuoso hotel de doce mil eurillos la noche propiedad, como todo el país, de la monarquía emiratí. Tampoco aclara quién paga, además del hotel, la seguridad del emérito, el vuelo privado… esas cosas. El presidente Sánchez no tiene nada que decir, aunque debería decir algo, dar alguna explicación de todo este bochornoso, vergonzoso e indecente asunto. Su partido tampoco tiene nada que decir. El ministro de justicia, una vez más, convertido ya en un abnegado peón de brega, echa un capote al emérito. Un capote que no merece en modo alguno, cuando dice en una entrevista que  don Juan Carlos acudirá “en un segundo” ante la justicia cuando sea requerido por ésta. Y uno no se explica cómo dice semejante cosa, como pone insensatamente la mano en el fuego de esa manera, cuando la persona   a la que otorga su total confianza ha llegado a tal nivel de impudicia, de deshonestidad y desfachatez. No se entiende tal seguridad cuando, según dijo Corinna, su amiga especial,  el émerito hace ya mucho tiempo que no distingue lo que está bien y lo que está mal y hace solo y exclusivamente lo que le viene en gana y se le antoja en todo momento, y por supuesto no reconoce autoridad alguna. Igual, vistos los antecedentes, tarda algo más de un segundo y más de dos en comparecer ante la justicia. Si es que ésta lo reclama, claro, que ésa es otra. Al tiempo.
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1 Comentario

  1. El NO VETAR AL DECIR ESENCIAL es el único centro y fondo y bien del BIEN. ¡Nada más!, dicho a los MEDIOS con sus medios deberes éticos o con sus medias verdades que no dejan respirar ni a Dios.
    Todos son únicamente lo que atienden (con sus likes o con lo que quieran). Si atienden a lo que se relaciona con la razón y con la verdad (a probaciones decentes), pues eso es ético o de buenas personas. Pero si atienden a lo contrario, al mundo de las MENTIRAS (siendo objetivamente MENTIRAS esos decires que siempre consiguen lo que consiguen solo por tener una situación de poder, o solo por utilizar la voz de la mayoría, o solo porque tienen un gran ALTAVOZ SOCIAL usurpado socialmente que los demás no tienen, pero nunca consiguen lo que consiguen por tener la razón, ¡nunca!), pues eso ya, por el contrario, nunca jamás es ético ni decente, sino maldad neta con sus triunfantes disfraces.

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