La venganza de las élites contra un líder metalúrgico que les arrebató el poder está consumándose para terminar por consumirlos a ellos mismos de una vez por todas. Haber sacar de la pobreza a 30 millones de brasileños que vieron como, por primera vez en la historia de Brasil, un presidente se ocupó de los más pobres es la afrenta que tiene a Luiz Inácio Lula da Silva sentenciado a prisión.

El debate sobre el encarcelamiento del líder más carismático de América Latina de los últimos años pasa poco, muy poco, por los tribunales; está, más bien, sostenido por los intereses de las élites económicas que no están dispuestas a ver como vuelve al poder quien osó combatir la pobreza extrema de millones de personas a costa de restar un poco de las grandes ganancias que en cascadas de corrupción habían llegado a sus bolsillos durante décadas… siglos.

Doce años es la sentencia dictada que pretende evitar la presentación del expresidente a las elecciones presidenciales de octubre próximo, en las cuales, se presenta puntero en todas las encuestas (https://goo.gl/YBZtkX). La decisión ha sido ganar en tribunales lo que seguramente perderán en las urnas ante una aclamación popular por el retorno del dirigente histórico del Partido de los Trabajadores al poder.

Sin embargo, dicha decisión podría dar al traste con el avance reaccionario de los últimos años que desde la destitución de Dilma Rousseff habían conseguido. Encarcelar a quien hace unos días dijera a sus oponentes que “Están lidiando con un ser humano diferente. Porque yo no soy yo, soy la encarnación de un pedacito de célula de cada uno de vosotros” es un arma que popularmente se les puede revertir en un enojo social de proporciones descomunales.

Sabiendo de ese gran respaldo de su pueblo, Lula reta al juez y a las autoridades a decidirse a ir por él a Sao Paulo, desde donde los espera en la sede del sindicato de trabajadores metalúrgicos que lo llevó a las boletas presidenciales por primera vez en 1989.

Para un hombre que enfrentó cuatro elecciones presidenciales hasta alcanzar su objetivo y gobernar por dos periodos (2003-2010) al país más poblado de América Latina, su aprehensión sólo representa un episodio más de lucha que deberá sortear, una raya más al tigre.

La lucha apenas ha comenzado, la lucha por la democracia brasileña y el derecho de su pueblo a ser gobernado por quien las urnas dicten. Las clases trabajadoras nada tienen que perder frente a una clase dominante que nada les puede prometer pues todo les ha quitado y nada les ha cumplido durante generaciones hasta el arribo de quien emergió de entre ellos y combatió la pobreza con cifras y realidades tangibles.

Por eso las calles de Brasil se están llenando de pueblo dispuesto a impedir la consumación de un arresto injusto, bajo el lema de que «cuando la injusticia se convierte en ley, la resistencia se convierte en un deber» difícilmente la policía podrá ejecutar el mandato del juez Moro.

Pocas lecciones les ha dado o de pocas han aprendido esos reaccionarios que el 9 de abril de 1948 mataron a Jorge Eliécer Gaitán y provocaron con el Bogotazo una guerra civil de la que Colombia apenas está saliendo. Incluso un personaje de las más baja estatura política como Vicente Fox se echó para atrás en su ansías de sacar a Andrés Manuel López Obrador de la boleta de 2006 con el desafuero al ver los ríos de personas que defendieron su derecho a votar a su candidato.

Así lo hará el pueblo brasileño en los días por venir, quienes se lamían los bigotes con una sentencia escrita en un papel se quedarán con las ganas de verle vestido con camisa a rallas pues para ello tendrían que atravesar a las multitudes que tal vez dormían bajo la tranquilidad de una falsa institucionalidad que ahora está al desnudo, sin legitimidad.

Dicha legitimidad sólo puede ser otorgada por el voto que con cada acto de cobardía que busca frenar por las malas a Lula, se aleja de la derecha quien involuntariamente lo impulsa hacia los brazos de su oponente.

Durante hoy veremos concretarse las capacidades de liderazgo y popularidad que un hombre como Lula puede sacar a relucir ante actos que a la mayoría acobardan, y que por eso, entre los cobardes, son el sustento de una estrategia que los dirige a la derrota.

Si el fin era enterrar a Lula en una celda por doce años, sólo están pavimentando su retorno al Palacio de Planalto por ocho años más al frente de los destinos de Brasil, en los cuales, junto con México, podrán ser las locomotoras que orienten a América Latina.

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Conferencista, participante y delegado en múltiples eventos internacionales en Azerbaiyán, Francia, Argentina, Cuba, Costa Rica, El Salvador, Nicaragua, Panamá, Venezuela, Colombia, Ecuador, República Dominicana, Perú y Brasil. Escribo en Milenio Diario y asesoré a los secretarios de gobierno de Puebla y de la Ciudad de México. Soy el único mexicano que ha presidido la Conferencia Permanente de Partidos Políticos de América Latina y el Caribe, en su apartado juvenil (COPPPAL-Juvenil). Egresé de la Facultad de Derecho de la UNAM y me he especializado en derecho electoral. A los 27 años competí por una diputación local en Puebla. Actualmente estoy convencido de la regeneración nacional en MORENA, y trabajo para ello, en Huauchinango, Puebla, donde nací.

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