La OMS acaba de reconocer que ningún sistema de salud del mundo está preparado para transportar y almacenar en condiciones de frío la vacuna de Pfizer. Al parecer, el problema es que las dosis se basan en una novedosa e inédita tecnología, como es emplear material genético del virus que necesita temperaturas gélidas que ni un paseo por Albacete en pleno mes de enero. “Ningún sistema de salud en el Caribe, en América del Sur, en los Estados Unidos o en Europa están listos para manejar estas vacunas porque para ello se necesita tener un almacenamiento a menos 70 grados centígrados. Si los países van a utilizar esas vacunas tendrán que prepararse. Las otras ocho vacunas que están en fase 3 sí se pueden manejar en las cadenas de frío que encontramos hoy en cualquier país”, advierten las fuentes de la Organización Mundial de la Salud.

Cuesta trabajo creer que en pleno siglo XXI, cuando las naves espaciales de la NASA surcan los parajes desérticos de Marte y las grandes superpotencias disponen de capacidad nuclear como para destruir el planeta cientos de miles de veces, nuestros dirigentes mundiales no sepan dónde meter los palés con los preciados antídotos. Así es la ciencia, avances espectaculares gracias a unos pocos cerebros privilegiados mientras la infraestructura casi siempre acaba fallando en algún eslabón de la cadena.

En España, tal como era de esperar en un país que hace de la chapuza nacional su primera industria pesada, tampoco estamos preparados para hacer frente a la llegada de los camiones con la sustancia milagrosa. Por lo visto nadie sabe dónde guardar los frascos y a estas horas probablemente Isabel Díaz Ayuso, una cabecita que nunca descansa, ya estará pensando en construir una nevera gigante Fagor, del tamaño de un rascacielos, junto a su hospital faraónico de pandemias. O mucho mejor, en la abandonada Ciudad de la Justicia que Espe Aguirre dejó hecha un solar. Las mentes ultraliberales siempre ven el negocio en cada cosa de este mundo, qué chiquillos. No habrá dinero para médicos y enfermeras, pero allí donde pone el ojo la presidenta de la Comunidad de Madrid allí se levanta una obraza del copón, un hospital fastuoso vacío de personal o un pelotazo urbanístico garantizado, ya sea en época de bonanza económica o en medio de una pandemia infernal como la que vivimos. Los magnates trumpistas norteamericanos serán lo que quieras, unos reaccionarios y unos repugnantes supremacistas blancos, pero tienen ese sentido protestante de la filantropía y cuando construyen una obra o edificio para uso público de la comunidad −como puede ser un centro sanitario o una biblioteca−, suelen hacerlo de forma altruista solo por pasar a la posteridad, para ser invitados por los vecinos al pavo de acción de gracias o para que les pongan una estatua o una placa junto a la de Lincoln. Sin embargo, el rico español que vota PP es más suyo, más fenicio, más ave de rapiña, y cuando se mete en un negocio como puede ser la Sanidad no lo hace por aportar un plus o valor añadido al país al que dice amar, sino que si puede arrambla codiciosamente con las arcas públicas y se lo lleva crudo a Suiza. Ahí hay una diferencia de calidad entre las élites económicas Tea Party de los republicanos yanquis y las españolas de la trama Gürtel que se mueven a la caza y captura de las grandes adjudicaciones y contratas alrededor del poder autonómico y municipal del PP.

En definitiva, y a esta hora, lo único cierto es que no hay un sitio refrigerado en todo el país para almacenar las vacunas de Pfizer y nadie, ni en los círculos políticos ni entre la clase científica, se atreve a aportar una sola idea. La cuestión no es menor, ya que estamos hablando de que en pocos días nos van a llegar 20 millones de dosis y no vamos a saber dónde meterlas. La gente muriendo de covid y los antídotos caducados por el calor, un escenario que puede ocurrir ya que tenemos antecedentes de estropicios similares en esta pandemia. Algunas compañías farmacéuticas han iniciado su carrera para la construcción de freezer farms (algo así como granjas refrigeradoras) en Holanda y EE.UU. Pero aquí, como estamos en España y todo se deja para el final o a la improvisación, terminarán llevando las vacunas a Burgos o a Soria, que allí el grajo vuela bajo y hace un frío del carajo.

Menos mal que nos queda la siempre dispuesta, solidaria y brava madre Asturias. El sindicato SOMA-UGT ha propuesto que los pozos de Hunosa sean utilizados para almacenar las inyecciones, ya que estos lugares disponen de una red de distribución de nitrógeno en su interior capaz de enfriar las capas de carbón que permitiría acondicionar almacenes a esa temperatura. Bien por los mineros asturianos. Todo lo que viene de aquella buena tierra, ya sea una revolución obrera necesaria o unos mineros humanitarios, siempre son buenas noticias. Por si acaso alguien decide recoger el guante, el sindicato minero asegura que “desde hace mucho tiempo la extracción de carbón por subniveles necesitó de la inyección de nitrógeno a temperaturas cercanas a los 70 grados centígrados bajo cero para enfriar las capas”. Según SOMA, “lo más costoso y problemático, como es la red de distribución, ya estaría construida, y la infraestructura (pozo minero), solo necesitaría de adaptación”. Si es que está claro: hay que quitar del poder a todos esos politiqueros con sus másteres en Harvard Aravaca que solo nos dan quebraderos de cabeza y colocar a gente noble, despierta y con sentido común como los mineros del pozo de Hunosa. Puxa Asturies, rediós.

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1 Comentario

  1. Muy bien,perfecto que bse acondicionen habitaculos para las vacunas a 70 o 80 grados bajo cero..pero esta es la gran pregunta:
    ¿Se podra mantener y no romper la cadena de frio en todo momento?¿Se podran las vacunas mantener en todos los procesos de traslados que van a necesitar hacer forzosamente esa temperatura?
    Si durante 15 minutos se rompe la cadena de frio su efectividad queda anulada.

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