Los únicos creadores de la violencia son los que con un poder o con un influir social facilitan el que una sinrazón se instale o siga o domine en la sociedad (desarrollando ya cualquier injusticia). No existe otra posibilidad de violencia que determine las injusticias, ¡no!, y lo digo orgullosamente a toda la falsedad (una u otra) que no acepte esta razón y sí, en cambio, su porquería mental que no respeta ni al aire. Así es.

Los que crean la oscuridad son los que ensucian la luz, ¡exacto!, o no la permiten establecerse en la sociedad, y no la permiten nunca vivir con todos los espacios sociales que le corresponden digna o limpiamente en solo luz. Los que crean oscuridad insisten siempre en las mentiras (o en lo que no está avalado por la razón) y nunca insisten en ayudar a la decente persona (crítica con la indecencia) que no se consiente ser cómplice de tantos y tantos colaboracionistas con la indecencia o con la sinrazón.

Los que crean la mentira (¡qué gran violencia!) son los que van de buenos sin serlo, los que van de inteligentes sin serlo, los que van de comunicadores muy preparados sin serlo, los que van de políticos honestos sin nunca serlo “ni de coña”, los que van de ejemplares con su país o con la sociedad sin serlo, los que van de dignos de la vida sin serlo de… ¡nada!

Los únicos creadores de la violencia son los que no dan al pueblo un sentido crítico al menos, ni un sentido de no aceptar reverencias indecentes o cómplices con alguna injusticia (de una o de otra), ni un sentido de no halagar al fin más a los “telebasuros” del diablo, ni un sentido de no utilizar más esas frases hechas o estúpidas que les da la gana a estúpidos sin remedio, ni un sentido de al fin no hacer famosos a los mismos inútiles mentales que todos-todos los días (un día sí y otro también) están engañando o matando a cualquier esencialidad de la vida.

Los únicos creadores de la violencia son los que dan al pueblo… ¡lo mismísimo!, los que dan al pueblo hambre tapada, o “decires” enmierdados (solo avalados por sus egos), o  todo lo que les gusta a los pillos poderes y a los ricos y a los explotadores de almas y de lágrimas; o solo dan al pueblo cacaos mentales o confusiones o promesas que nunca podrán ser cumplidas o fantasías (en entretenimientos irresponsables) que nunca delatarán tantas crueldades que se realizan en la realidad.

En definitiva, los únicos creadores de la violencia siempre son los que son, y siempre ejercen poder indignante a través de haberse ellos miserablemente apegado solo a poderes (y nunca a una desprotegida decencia), pero siempre sus malditas dignidades las han puesto de rodillas para conseguir algo, ¡siempre!;  porque, en realidad, son arrastrados por cualquier superioridad, son vendidos y revendidos por cualquier complicidad con la sinrazón y son además falsos de cualquier esperanza que pide la mismísima vida. ¡Así es!

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