El diputado de Podemos Alberto Montero mostrando la documentación publicada por Diario16 a Elke König en la comparecencia en el Congreso de los Diputados

Un año de trabajo, de comparecencias, de reuniones terminarán con un resultado en el que no se apuntarán responsabilidades concretas sino colectivas, es decir, diluidas en la generalidad. Esto es lo que quedará de la Comisión de Investigación sobre la Crisis Financiera que tuvo lugar en el Congreso de los Diputados durante el año 2018. Nadie fue responsable de nada y cuando se apunta a una entidad concreta, se producen movimientos para evitar que se les señale.

Por esta comisión parlamentaria han pasado personajes como Rodrigo Rato, Luis de Guindos, Emilio Saracho, Luis María Linde, Sebastián Albella, Elke König o Jaime Ponce, por citar algunos. Sin embargo, después de un año de trabajo sólo habrá responsabilidades colegiadas pero la realidad es que cuando en algunos puntos se ha apuntado directamente a entidades estatales concretas, se han producido intentos para diluir las responsabilidades en el colectivo.

Lo más grave es que hayan sido los propios letrados del Congreso de los Diputados los que hayan solicitado que se retiren acusaciones contra el Banco de España y la CNMV por las irregularidades e incumplimientos normativos cometidos durante la crisis.

No obstante, lo que realmente demuestra estos movimientos previos a la votación de las conclusiones en el pleno de Congreso de los Diputados es que las comisiones de investigación en España tienen muy poca validez y ninguna consecuencia, sobre todo si lo comparamos con lo que ocurre en otros países democráticos como, por ejemplo, Estados Unidos.

El formato de la Comisión de la Crisis era realmente contrario a la operatividad puesto que se dejaba todo el poder a los comparecientes en vez de a los diputados que deberían ser los que marcaran las pautas en los interrogatorios. En primer lugar, la ubicación ya entregaba el mando a quien debía responder a las preguntas, puesto que se le colocaba en la mesa junto a la presidenta Ana Oramas, mientras que los portavoces se sentaban por debajo. Parecerá una tontería, pero la realidad es que desde un punto de vista psicológico, el hecho de estar ubicado en una posición superior da poder. En las comisiones de investigación celebradas en Estados Unidos, la persona convocada, incluso el propio presidente, se sienta en un lugar inferior y la mesa principal es el lugar donde se colocan los portavoces.

En segundo término, preparar un interrogatorio con baterías de preguntas, para permitir al compareciente a mantener una reunión con sus asesores y abogados, es dar ventaja y evita el hecho de poder provocar contradicciones en las comparecencias. En un tema tan serio, el interrogatorio pregunta-respuesta-réplica hubiera sido el más efectivo.

En tercer lugar, en la Comisión de Investigación sobre la Crisis se han escuchado testimonios que faltaron a la verdad claramente y que Diario16 podrá demostrar ante cualquier tribunal que ponga interés en valorar lo que en esa comisión parlamentaria se dijo, sobre todo cuando los comparecientes están obligados a decir la verdad porque lo contrario acarrea penas de cárcel.

Por tanto, ¿qué se puede esperar de un sistema que no es eficaz? Nada y, de nuevo, los responsables de la crisis financiera, de la caída de Bankia o del Caso Banco Popular saldrán impunes del examen de los representantes del pueblo español. Un año de trabajo, muchas horas invertidas por los portavoces de todos los partidos, que no tendrán ninguna consecuencia real ni política. Así lo dejó claro en Twitter Alberto Montero, diputado de Podemos que participó activamente en la Comisión de Investigación, al afirmar que “en este país, que hayamos dedicado más de un año y muchas horas de trabajo a investigar sobre la crisis financiera no puede dar como resultado que se señalen responsables y responsabilidades concretas. Todo el mundo debía de salir impoluto”.

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