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“Yolanda Díaz quiere derogar la reforma laboral para darse una alegría ideológica al cuerpo” ha dicho Javier Fernández – Lasquetty actual consejero de Hacienda, Economía y Empleo del gobierno de Isabel Ayuso, un siniestro personaje con anodino aspecto entre agente inmobiliario y secretario cardenalicio, que lleva muchos años poniendo todo su empeño desde los cargos que ha ostentado, en acabar con la sanidad pública madrileña, y está en vías de conseguirlo. Ya falta muy poco para llegar a la total consecución de ese objetivo: actualmente las listas de espera en Madrid para acudir al especialista son ya tan largas e insoportables que están llevando a la gente a tirarse de cabeza a la sanidad privada.

Para este consejero de ideología ultraliberal, un buen pupilo de la afamada escuela de batracios de Esperanza Aguirre que desempeñó, entre otros cargos, el de consejero de sanidad en los gobiernos de la propia Esperanza Aguirre e Ignacio González, la derogación de la reforma laboral sería para Yolanda Díaz un descomunal aparato de placer, un “Satisfyer” de última generación que la hará disfrutar de una manera increíble, tanto placer le daría este estimulador nunca antes visto, que podría ponerse en riesgo de sufrir un ataque al corazón.

Fernández – Lasquetty, que estudió en el elitista colegio de El Pilar, el mismo que Aznar y otros dirigentes de esa cuerda, no entiende que haya alguien como Yolanda Díaz que, según las palabras de la propia ministra, haya venido para defender y mejorar la vida de la gente y acabar con lo que nos distancia de Europa que se llama precariedad, temporalidad y paro. En una memorable intervención contestando a la pregunta de una senadora del PP, Yolanda Díaz explica muy bien la reforma laboral del PP. Dice que Rajoy la implantó a los 51 días de llegar a La Moncloa y que no solo no la discutió con los agentes sociales sino que tampoco lo hizo en el consejo de ministros. Una reforma laboral que causó dos huelgas generales y mucho sufrimiento a los que iba dirigida esa norma que, según dijo un ministro del PP en europa, iba a ser “extremadamente agresiva”. En esa misma intervención Yolanda Díaz dijo que en 2012, año en que se implantó la reforma laboral, se consiguieron cifras récord de paro en España: seis millones doscientos setenta y ocho mil parados. Una tasa de paro del veintisiete por ciento y de paro juvenil de un cincuenta y seis por ciento. Desde la implantación de esa, más que necesaria, imprescindible para el PP, reforma laboral, el noventa por ciento de los contratos en España son temporales. Y uno de cada cuatro contratos es inferior a siete días. “Esta aberración, dice Yolanda Díaz para acabar su intervención, es lo que va a cambiar el gobierno de nuestro país, y lo va a hacer en el seno del diálogo social”.

Como puede verse, aquí hay una ministra de trabajo preocupada por las condiciones laborales de las trabajadoras y los trabajadores de este país, y resuelta  a mejorar la vida de esos millones de personas que llevan ya casi una década sufriendo una reforma laboral claramente injusta, además de ineficaz porque no solo no ha conseguido reducir las tasas de paro sino que los que a los pocos que han conseguido un trabajo les ha abocado a vivir en la pobreza cuando no en la miseria.

Por más que miremos, no vemos nada de esa “alegría ideológica” que quiere darse la ministra Díaz a cuenta de derogar la reforma laboral. No acertamos a asociar el que es para Lasquetty el gran estimulador que sería la total derogación de la reforma con la alegría para el cuerpo de la Díaz. Creemos que la alegría de la ministra va más en el sentido de tener la oportunidad de defender a la gente desde el gobierno de la nación. Lo  que siempre ha hecho a otra escala mucho menor desde su despacho de abogada laboralista.

Nada vemos de ese “postureo” que denunciaba Lasquetty, lo que sí vemos con total claridad es la determinación de una ministra de trabajo de acabar con la precariedad, la temporalidad, el paro y la miseria y el sufrimiento generalizado que trajo la reforma laboral de Mariano Rajoy a los trabajadores y las trabajadoras de este país. Una extremadamente agresiva norma, no hace falta decir que dictada letra a letra por las élites económicas que detentan el poder real en este país, y que usan al PP como un útil instrumento para llevar a cabo sus fines. Tampoco hace falta decir quién es Mariano Rajoy, ese gran presidente de España que tanto ha luchado contra la corrupción de su partido y que, cuántas veces habrá que decirlo, nada tiene que ver con un tal “M. Rajoy” que aparece en los papeles de Bárcenas como receptor de sobres con  dinero procedente de comisioncillas y de mordidas varias, menundencias, cosillas sin importancia del día a día del partido. Sobra decir que este enigmático “M. Rajoy” puede ser cualquiera.

Pero no solo el actual consejero de Hacienda del gobierno de Isabel Ayuso, esa gran estadista de mente privilegiada a la que ya le queda pequeña la comunidad de Madrid, ha alertado contra la ministra Díaz, también José Bono, ese señorón manchego de pelo color ala de cuervo y sonrisa beatífica, expresidente de Castilla – La Mancha, exministro y expresidente del Congreso, ese socialista tan poco socialista que si le hicieran un examen ideológico apenas encontrarían unas cantidades ínfimas, despreciables, apenas unos indicios, unas trazas de ideología socialista, también ha arremetido contra  Yolanda Díaz diciendo de ella que es una mujer “peligrosa” una palabra algo fuerte que nunca ha empleado el muy católico, apostólico y romano Bono, por ejemplo, contra la plaga de curas pederastas que asuela la iglesia. 

Al llamarla “peligrosa” ha compartido la misma opinión que tiene de ella  Rodríguez Ibarra, expresidente de Extremadura, otro histórico dirigente socialista que, según sus palabras, “es peligrosa porque los comunistas saben mandar”. Y diciendo esto se ha quedado tan ancho este también gran señorón extremeño que hace unos días pidió un pacto entre el presidente Pedro Sánchez y el líder del PP Pablo Casado para hacer un gobierno de coalición y de esa manera echar a Unidos Podemos, es decir a la izquierda, del actual gobierno. Ese odio, esa profunda aversión, esa ojeriza a la izquierda, el mismo odio de otros barones y baronesas socialistas, le retrata a la perfección. Conviene recordar lo que le contestó Irene de Miguel, la coordinadora de Unidos Podemos de Extremadura a Rodríguez Ibarra: “peligrosos son aquellos que van diciendo que defienden al pueblo y a los obreros y luego son amiguetes de los directivos que explotan, que abusan de los trabajadores, que expolian los recursos de Extremadura y que utilizan las puertas giratorias para ellos y para sus familiares directos. Estos son los peligrosos y no la señora Díaz, que solo es peligrosa para los caciques y para los que están en política por intereses personales”

Tienen razón tanto Lasquetty, como el beato Bono, el barón rampante Rodríguez Ibarra, no digamos el abominable Felipe y otros muchos más de su misma ideología neoliberal cuando llaman peligrosa a Yolanda Díaz, porque es peligrosa, claro que sí, pero para  este sistema neoliberal  que ellos defienden a capa y espada. Por tanto, es peligrosa para ellos y su tinglado porque por primera vez en la historia de este país hay una persona al frente del ministerio de trabajo que lucha por hacer compatible que los empresarios obtengan beneficios sin que sea única y exclusivamente a costa de la precariedad, cuando no de la  miseria de los trabajadores, ese capital humano que debería ser el mayor activo de toda empresa, y por extensión de todo el país, y no la sombría masa anónima, cautiva de un miserable sueldo y desarmada de derechos que es hoy en día. Cada trabajador debería ser respetado y valorado y tener su dignidad, ser alguien con nombre y apellidos, y no un número sin más, intercambiable por otro número, al que explotar. Yolanda Díaz es peligrosa para ellos porque lleva luchando mucho tiempo por la subida del salario mínimo como medida imprescindible para mejorar las condiciones de vida de todos los trabajadores y trabajadoras. Y también es peligrosa porque habla muy claro con razones y argumentos difíciles de rebatir por los defensores de este llamado “régimen del 78” al que se le abre una nueva vía de agua en su podrido casco un día sí y otro también. Y solo ponen parches y remiendos para ir tirando de mala manera, cuando deberían acometer la reforma total de una nave que ya no avanza más porque está comida de podredumbre. Y la primera medida debería ser hacer una consulta sobre la forma de gobierno que queremos los ciudadanos de este país, si monarquía o república. Una consulta, un  referéndum que debería haberse hecho hace 40 años y sigue pendiente señalando a todos los que no lo hicieron, a estos barones llamados “socialistas” los primeros, a sabiendas que era una condición indispensable para comenzar un nuevo período después de la dictadura con todas las garantías democráticas.

Aunque Yolanda Díaz no es exactamente una genio, tan solo una persona normal haciendo una labor extraordinaria, una gran trabajadora, una abogada laboralista con un largo recorrido a pesar de su juventud, una  mujer con fuertes y sólidas convicciones democráticas, con conciencia social, bien formada e informada, capacitada y experimentada para su tarea, que trabaja a diario y con total entrega para defender y mejorar la vida de la gente, que no es poco, se le podría aplicar la frase del escritor irlandés Jonathan Swift: “Cuando un verdadero genio aparece en el mundo, lo reconoceréis por este signo: todos los necios se conjuran contra él”.

Tampoco a los anteriormente citados se les puede llamar necios, más que necios, son fieles guardianes de un sistema al que tienen que servir, proteger y defender en todo momento como pago por los favores recibidos.

Ya ha comenzado la campaña de desprestigio, de difamación y descrédito, de acoso y derribo contra Yolanda Díaz. Se le hará, por parte de la poderosa maquinaria mediática pagada por este sistema neoliberal imperante, una campaña parecida a la que sufrió Pablo Iglesias hasta obligarla a dejar la política. Sin ir más lejos otro beato, el beato Juan Manuel de Prada, un escritor ultraconservador y ultracatólico que tiene sus dudas sobre la teoría de la Evolución, escribió hace poco en ABC una teoría propia, según la cual Yolanda Díaz podría estar al servicio de la plutocracia, es decir, al servicio de los adinerados de este país. Sí señor, eso sí que es una teoría y no la de Darwin.

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