La ‘revolución de las sonrisas’ ya es historia. Hemos entrado en otra fase del procés. Atrás quedan las festivas y multitudinarias manifestaciones de 2012, los globos de colores, los castellers, las sardanas y las butifarradas por la dignidad. Las protestas que se están registrando hoy en Barcelona, durante la celebración del Consejo de Ministros, son otra cosa muy distinta. La rabia e indignación ha sustituido al seny catalán. Diversos analistas y expertos dan por hecho que el malestar de miles de catalanes ante la situación política está provocando una radicalización de las estrategias de movilización. De ahí que a fecha de hoy en el activismo independentista haya dos posibles vías abiertas, que pueden ser no solo alternativas, sino complementarias: por un lado están quienes siguen apostando por la senda pacífica, la protesta cívica en el marco del derecho a la libertad de expresión; por otro se encuentran los que apuestan por el sabotaje, la desobediencia civil y acciones no exentas de cierta violenta con el fin de colapsar el país. Todo suma y todo vale para llegar a la ansiada República independiente.

Mientras las sociedades cívicas catalanas como Òmium Cultural y ANC convocaban una concentración pacífica ante la blindada Casa Llotja de Mar, en Barcelona ‒sede de la reunión del Ejecutivo de Sánchez‒, los CDR y los Grups Autònoms d’Accions Ràpides (GAAR) se proponían colapsar el transporte en la AP-7 y en la Nacional 340. Es cierto que ambos grupos –sociedades civiles y CDR– han marchado juntos el 21D bajo el lema “Tumbemos el régimen del 78”, pero resulta evidente que a partir de ahora la estrategia eminentemente pacifista ya no es la única. La unidad de acción se fractura en dos y pasamos a un nuevo estadio de la revolución catalana. Algunos analistas van aún más lejos y entienden que la cúpula dirigente del soberanismo, los Puigdemont y Junqueras, “han pactado” la vía del diálogo con Sánchez, mientras que la calle va ya por libre y sigue apostando por la solución de la ruptura unilateral. Es decir, según esta tesis, los políticos habrían perdido el control de las masas, que ahora toman decisiones de forma autónoma.

En ese panorama de cierto descontrol de la revolución independentista, Marcel Mauri, portavoz de Òmnium Cultural, condenaba cualquier acto de violencia en la jornada de protesta, lo cual evidencia las discrepancias entre los diferentes grupos activistas. Mauri quiso dejar claro que el movimiento secesionista sigue siendo eminentemente pacífico, pese a los choques entre policías y manifestantes que se vivieron durante toda la mañana.

Los más duros

Los GAAR han surgido como la rama más extremista de los CDR (Comités de Defensa de la República), que hasta ahora controlaban la movilización en las calles. Quim Torra siempre se había dirigido a ellos animándoles a “apretar” para presionar al Gobierno central, conseguir un referéndum legal de autodeterminación y lograr la puesta en libertad de los políticos presos. Está por ver si Torra también pretende dar órdenes a los GAAR o estos actúan por su cuenta, como células autónomas formadas por grupos de hasta cien personas.

Los miembros de los GAAR han prometido sembrar el caos en Cataluña y aseguran que no pararán hasta conseguir la independencia. No están afiliados, se comunican a través de las redes sociales y disponen de auténticos manuales de lucha callejera. Se entrenan en “microacciones” con material de fácil colocación y transporte con el fin de conseguir “los objetivos fijados por cada GAAR, ya sea impedir la circulación de los vehículos, ya sea interferir en la circulación ferroviaria o en el libre movimiento de las mercancías, información, etc”, según consta en sus circulares internas. Durante la celebración del Consejo de Ministros de hoy algunas columnas de manifestantes llamaron a romper el cordón policial que habían formado los Mossos d’Esquadra alrededor de la Llotja para escrachear al presidente Pedro Sánchez y a su equipo ministerial. Finalmente no lo han conseguido, ya que el dispositivo policial funcionó esta vez.

De momento, la jornada de protesta ha dejado menos incidentes de los que se temía la policía. Cataluña no llegó a colapsar, fue como una operación retorno más agitada de lo normal. A pesar de todo, los CDR y los GAAR cumplieron sus amenazas. Hubo carreteras cortadas, barricadas incendiadas y lanzamiento de piedras contra los Mossos. También una condenable agresión a un periodista de Intereconomía. Ese fue el saldo de la “batalla definitiva” a la que, en un claro lenguaje bélico, habían llamado el día anterior. Los Mossos tuvieron que cargar y detuvieron a al menos 7 personas. Algunos de los arrestados llevaban material para fabricar cócteles molotov, según informó La Sexta. La máxima tensión se vivió en Vía Laietana, donde hubo violentos enfrentamientos entre antidisturbios y manifestantes. Mientras todo eso ocurría, otros cientos de personas se concentraban pacíficamente en distintos puntos de Cataluña para protestar contra el Consejo de Ministros. ¿Nos hallamos ante dos formas distintas de entender el movimiento soberanista catalán? ¿Están coordinados? ¿Son autónomos? Nadie, ni siquiera Torra, lo sabe a estas horas.

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