Periodistas en ruedas de prensa. Foto Agustín Millán.

Desde que mi maestro Iñigo Domínguez de Calatayud en esto del Periodismo, que escribo en mayúsculas porque me da la gana, aunque no me obligue norma del español alguna -igual que los médicos hacen con la Medicina o los doctos en leyes con el Derecho- me mostrara su homenaje al castellano en cada uno de sus artículos y crónicas como forma de profesión y vida, he sabido que nadie como los periodistas tenemos el deber de difundir a la sociedad el mejor uso de nuestra lengua castellana y universal.

Porque los periodistas, incluso los más mediocres, tenemos la obligación y la responsabilidad de hacer llegar nuestras crónicas a tal porcentaje de población que es casi un imposible, incluso, para los más grandes literatos a través de la venta de sus novelas. Posibilidad ésta de visibilidad y difusión que se hace infinita a través del mundo digital.

Frente a quienes defienden que el mundo del Periodismo, a lo largo de toda su trayectoria, también ha sido el mundo de la Literatura, yo voy a lanzar la tesis de que un buen periodista no tiene por qué, de hecho casi nunca lo es, salvo maravillosas excepciones como el maestro Miguel Delibes, un buen literato.

Acepto la premisa de que desde Mariano José de Larra los periódicos recogían obras claramente literarias. Pero incluso en aquellos años, la mayoría de los cronistas no tenían por qué tener el don de crear una novela o ensayo.

Hambre de pan y sed de justicia

Si bien es cierto que, desde sus orígenes, los periódicos abrían sus páginas a novelistas y ensayistas -ya en el siglo XIX y principios del XX tenemos como ejemplo a Benito Pérez Galdos– yo prefiero reivindicar aquí a los grandes periodistas y cronistas que ni tuvieron ni quisieron tener la inspiración literaria a través del uso del español.

Contar lo que ocurre al instante es la mejor seña de identidad de un periodista

Querían ser del oficio, lucharon y pasaron hambre de pan y sed de justicia por ser periodistas y ejercer como tales. A ellos dedico este homenaje, es a quienes reivindico y de quienes más orgullosa me siento. En eso seguimos la mayoría en la profesión, que nadie se lleve a engaño.

Agradeceremos siempre los plumillas que el genio literario de Gabriel García Márquez también se considerase periodista y lanzara como frase y concepto este homenaje a nuestra profesión a la que calificó como “el más bello oficio del mundo”.

Pero lo que realmente define a un periodista, frente al resto de quienes escriben, ejercen o se cuelan en nuestro asunto, es su capacidad para crear una crónica en cualquier momento y situación: esté conduciendo, dando de comer a sus hijos, dirigiéndose con prisa al cine o recogiendo un premio o distinción.

Esto explica que ni el lenguaje castellano sea tan cuidado como el literario, ni estemos exentos de errores por las prisas y la inmediatez que requiere una noticia.

En cada segundo de la vida de un periodista hay una historia que contar. Y eso es lo que no es capaz de hacer nadie más. Quien es periodista, lo sabe bien.

No hay horas al día, no hay momentos, que protocolicen cuándo un periodista debe redactar su crónica. Porque contar lo que ocurre al instante es nuestra mejor seña de identidad.

Enriquecer

Lo que no podremos discutir nunca es que, gracias a autores como Larra, la creación literaria y el periodismo se enriquecieron mutuamente. Pero me van a permitir que reivindique, en este caso, la aportación del Periodismo al español y no de la Literatura al Periodismo.

La novela por entregas ayudó también, a través de la prensa, a difundir tanto buena como mala literatura, y la denominada prensa literaria permitió proyectar a grandes autores de las letras españolas.

Hoy, sin complejos y con orgullo, reivindico la buena práctica del Periodismo en favor de la lengua española, con la certeza absoluta de que para hablar de ‘la mala’ ya nos sobran candidatos cada día. Pues eso. Seguimos en el lío.

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Directora Diario16.com Periodista en cuerpo y alma, licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad del País Vasco, tras 15 años en medíos de comunicación, creó Comunica2 con su compañero de vida y también periodista, Sergio Arestizabal, para demostrar que otra forma de comunicar es posible. Tras sufrir censura y presiones de los poderes públicos en el ejercicio de su profesión, hoy es libre. Durante años ha asesorado personas y empresas en crisis o injustamente juzgados por la opinión pública y publicada. Hoy tiene el reto de que el Periodismo abra un profundo debate interno sobre cómo recuperar la honorabilidad de aquellas personas a las que por error enturbió su imagen pública. Inconformista y crítica, como debe ser una periodista.

1 Comentario

  1. Bueno, el PERIODISMO tiene antes un COMPROMISO CON LA INFORMACIÓN que con cualquier otra cosa (incluyéndose la literatura). Pero ese compromiso inevitablemente supone nunca ocultar una realidad e informarla lo mejor que se pueda. En general muchas realidades se ocultan por miles de retorcidos intereses, sí, OCULTAR es el pan de cada día en esta sociedad.
    -Toda ignorancia es un método de ocultación.
    -Toda cortina de humo o confusión es un método de ocultación.
    -Asentar cualquier prioridad que no lo es es un método de ocultación.
    -Todo desprestigio a algo esencial (el no negacionismo de la verdad, la ética, la razón, el nunca aceptar un «porque sí», etc) es siempre un método de ocultación.

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