“Una hormiga no puede matar a un elefante… sin embargo, puede comérselo.”

Confucio

Según una acepción, “pequeño” significa “que tiene menos cantidad, calidad o importancia que otra cosa de su misma especie”. Esto parece ser lo que la señora Diaz Ayuso piensa cuando opina sobre las obligaciones de Juan Carlos de Borbón. Para ella, somos pequeños. Durante una sesión parlamentaria de la Comunidad de Madrid, esta señora se atrevió a decir, mientras se dirigía a la oposición:

 “Por supuesto que la ley es para todos la misma, pero no todos somos iguales ante la ley. Y le voy a decir otra cosa, el rey don Juan Carlos no es como usted, ni muchísimo menos. (…) Vayan todos mis respetos para él y su trayectoria, que no es un ciudadano más, no es como ustedes, qué se van a creer”. 

Aunque tal vez, el abdicado Borbón, siga creyendo, como su antepasado Luis XIV, que “el Estado soy yo”.  Este monarca fue el que construyó el bello, y a la vez intimidante, Palacio de Versalles. El Palacio fue una declaración de poderque crecía junto al que obtenía el rey francés de sus guerras y alianzas. Este antepasado quizá fue la inspiración de nuestro probable defraudador fiscal. El benemérito no llegó a comprender que no todo valía durante su reinado. Las pequeñas personas fueron descubriendo la verdadera naturaleza de su gestión.

De hecho, tantos años de sometimiento al relato oficial habían hecho creer a las personas a ras de las calles, que nada podían hacer para cambiar sus vidas. Que debían aceptar lo que les ocurría. Que por algo padecían lo que padecían. Inclusive la Justicia parecía penalizar la condición de pequeño. Esto, a juzgar por la benevolencia con la que son tratadas las corporaciones. También los Grandes de España. Todo viene de allí. Hay gente más “grande” que otra. Incomprensible en términos democráticos.

En cualquier caso, la idea de pequeño se ha vinculado no al propio tamaño, cuanto a la importancia que se les atribuya a ciertas personas. De aquí, que a los ciudadanos comunes se les estime de escasa importancia. Ante Hacienda. Ante la Justicia. Ante los resultados electorales. El pequeño aporte que significa el voto ciudadano se minusvalora con cada presuntuosa desconsideración de las minorías políticas y económicas. Los “grandes” deslegitiman el derecho democrático de expresión ciudadana. Tergiversan la Historia para atribuirse derechos de clase que sólo habitan en su memoria. Cuán necesaria es la revisión profunda de los textos de historia. España se hubiera evitado buena parte de las perversiones que la mayoría ciudadana está padeciendo.

Para los incrédulos, rescato las declaraciones del que ejerce de consejero de Interior, Justicia y Víctimas del Terrorismo del Gobierno de la Comunidad de Madrid desde 2019,

Enrique López y López. Este señor fue un juez español, magistrado del Tribunal Constitucional de 2013 a 2014, y, también, de la Audiencia Nacional. Bien, refiero sus antecedentes como exponente del tipo de criterio que aplica la Justicia española a sus ciudadanos. Refiriéndose a los escándalos del Rey Emérito, sostuvo que ”…no todos somos iguales ante la ley”. En declaraciones a los periodistas tras participar en una entrega de premios, López dijo lo siguiente: 

“El principio de igualdad que establece la Constitución no es tratar a todos por igual sino tratar a todos conforme a la situación específica de cada una de las personas. Es tratar igual a los iguales y desigual a los desiguales”.

Lo dice quién integró el Tribunal Constitucional. Estas cosas producen alarma social.

Ciudadana, ciudadano, créeme, tu pequeño aporte del voto nos iguala a todas las personas de España. No lo olvides.

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