Casi setenta años después de escritos siendo apenas un veinteañero, vuelven a ver la luz los cuentos que el escritor chileno Jorge Edwards (Santiago de Chile, 1931) publicó originariamente en su país natal bajo el título de El patio, que agrupa ocho composiciones breves del Premio Cervantes entroncadas directamente con su infancia y los recuerdos que aquella le transmitió cuando comenzaba en el siempre complicado mundo de la literatura.

A petición del propio Edwards, que se ha encargado de elaborar un prólogo específico para esta edición, la nueva editorial Nana Vizcacha presenta estos ocho relatos en su afán de difundir la literatura latinoamericana en España. Como subraya el poeta, ensayista y narrador uruguayo Rafael Courtoisie, El patio es “un libro de cuentos que es a la vez una novedad y un clásico”, ya que en él “la narrativa latinoamericana del boom, del post boom y de la modernidad líquida se entiende, se decodifica, pero sobre todo se goza hoy a través de estos ocho cuentos magistrales donde el punto de vista privilegiado de la infancia brinda un mundo completo, oficia la ceremonia literaria con frescura y deleite”.

Las ocho piezas de este bello y compacto obsequio de Edwards remiten al paraíso perdido de la infancia, aquel que nunca se va del todo

Las ocho piezas de este bello y compacto obsequio de Edwards remiten al paraíso perdido de la infancia, aquel que nunca se va del todo y siempre regresa al presente casi con más asiduidad que antes conforme nos alejamos más de él en el tiempo. El regalo, Una nueva experiencia, El señor, La virgen de cera, Los pescados, La salida, La señora Rosa y La desgracia son los relatos que componen el conjunto de El patio en apenas 64 páginas. “El patio pertenece a los años de un Santiago de Chile que desapareció”. Así comienza un prólogo empapado en ese fino humor que sólo plumas como la del autor del mítico libro Persona non grata son capaces de desgranar y llevarlo a buen puerto sin chirriar por exceso o defecto.

El patio fue publicado originariamente en 1952, Edwards apenas tenía 21 años y aquellos años leía El extranjero de Camus, La náusea de Sartre o la obra de Rilke. Recuerda en este exquisito prólogo la anécdota de una tía rica, que le regaló un “librote de santos y diablillos cornudos que daban saltos encima de las llamas del infierno”. La historia de esa decepción es la que quedó plasmada en el primero de los ocho relatos de El patio. Un crítico de la época dijo que los relatos de Edwards “desgarraban la intimidad de viejos salones”.

Su compatriota Neruda en el pensamiento

El Premio Cervantes chileno es un autor poliédrico que hace de la literatura un extenso campo de experimentación, abordando sin complejos géneros literarios sin cortapisas, pero con un orden propio establecido lleno de orden y concierto. La última obra del escritor y ex diplomático, publicada por Acantilado, toma por título el comienzo del Tango del viudo, de Pablo Neruda, y es precisamente el Premio Nobel chileno el protagonista de Oh, maligna.

En esta obra, un joven Neruda llegó en 1927 a Rangún, en la antigua Birmania, como cónsul honorario de su país. Esa “maligna” a la que hace mención no es otra que Josie Bliss, la también “furiosa” en sus propias palabras.

Oh, maligna es un sentido, emotivo y excelente homenaje a su compatriota. Y qué mejor homenaje que recrear aquel tempestuoso amor de juventud que dejó plasmado en ese citado poema y por el que tuvo que salir huyendo hasta recalar en Ceilán. “Oh, Maligna, ya habrás hallado la carta, ya / habrás llorado de furia, / y habrás insultado el recuerdo de mi madre / llamándola perra podrida y madre de perros.

 

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