Javier Cercas, en su artículo titulado  “La monarquía, el surfista y el embudo” aparecido en el suplemento dominical de El País del 24 de Enero, compara, con un par, a la monarquía española con las monarquías de Noruega, Dinamarca, Suecia, Finlandia y demás monarquías europeas. Pero la cosa no queda ahí y sigue diciendo que: “a una parte de la gente le gusta tener rey, mientras que a otra no está dispuesta a hacer un problema de ello, porque ha descubierto que la calidad de una democracia no depende de que sea república o monarquía (igual que ha descubierto, digámoslo todo, que disponer de un rey posee ciertas ventajas prácticas y simbólicas): la prueba es que esas democracias son las mejores de la actualidad, y que han construido, tras décadas de aplicación de políticas socialdemócratas, las sociedades más prósperas, igualitarias y libres del mundo”. Nunca hubiera creído que Cercas se atrevería a  meter en el mismo saco a monarquías que poco o nada tienen que ver con la que tenemos aquí.

Estamos de acuerdo en que a esos países les va muy bien, como también estará de acuerdo el señor Cercas que a Francia  y Alemania, dos países también de nuestro entorno, tampoco les va nada mal con la república. Después sigue diciendo que “gracias”, ironiza, a  la irrupción de Pablo Iglesias, al que llama “el surfista” porque según él  surfea “las aguas heladas del cálculo egoísta”, cabe la posibilidad de que, sigue ironizando, “a los problemas escasos y de poca enjundia que afronta el país, pronto tengamos la fortuna de añadir el de la monarquía, gracias a Iglesias y, claro está, a la ayuda inestimable de Juan Carlos I, que en su vejez se ha afiliado a Podemos. 

Había que decir que la única afiliación de Juan Carlos I ha sido, es y será a la buena vida. Por su forma de comportarse a lo largo de su ajetreada vida, podemos deducir que su única obsesión ha sido amasar una gran fortuna y  disfrutar intensamente de la vida. Una vida que que ha estirado y apurado hasta la hez dando rienda suelta a todos sus caprichos, sin freno ni reparo alguno. Ha sabido aprovechar a tope su inviolabilidad, esa capa de superhéroe que le ha proporcionado unos poderes vitalicios al modo de Obélix, que no necesita beber de la poción mágica porque de pequeño se cayó en la marmita de Panoramix, el druida.  Esta circunstancia le procuró una total protección a cargo de la maquinaria del Estado que ha estado siempre, y sigue estando permanentemente a su servicio, sin límite alguno de medios humanos y materiales. No sé a ustedes pero a mí me dio vergüenza ajena cuando me enteré que Félix Sanz Roldán, todo un general director del CNI había ido a Londres a ver a Corinna  para, según ella, amenazarla. La pregunta es ¿ no tiene otra cosa que hacer el señor Sanz Roldán que andar mediando en líos de pareja?.  Y cuántas cosas así no habrán sucedido sin que nadie se entere, porque no hay que olvidar que los medios comunicación han mantenido y todavía mantienen un vergonzoso pacto de silencio, una autocensura, una opacidad total en todo lo relativo a los negocios, andanzas, peripecias y correrías de este simpar personaje

Siguiendo con el artículo del señor  Cercas, un escritor al que admiro, del que  he leído y disfrutado de la lectura de varios de sus libros y nunca me pierdo ninguno de sus artículos. Y las más de las veces había coincidido en sus análisis, aunque tengo que reconocer que con este artículo se me han caído los palos del sombrajo. Sus palabras me han producido el mismo repelús que un tenedor rascando el fondo de un plato de porcelana. 

Volví a leerlo para asegurarme que había leído bien y me fui encontrando con otras frases que me dejaron igual de sorprendido que en la primera lectura. Dice que “Iglesias necesita marcar paquete para diferenciarse de su socio de Gobierno, cuya actitud en este punto no difiere de la de la izquierda escandinava”. Y que Iglesias “ pretende venderle a la parte más ingenua o posturera de la izquierda, la moto de que la calidad de la democracia y el bienestar del país dependen de que sea república o monarquía”. Pues debemos ser millones los ingenuos y postureros que pensamos que sí que tiene que ver una cosa y la otra con la calidad de la democracia en este país. Cuando oigo eso de que millones de personas están equivocados, así sin más, me acuerdo de la anécdota donde una madre viendo desfilar a su hijo con el paso cambiado dijo que todos iban con el paso cambiado menos su hijo. 

Lo de el “embudo” según dice, viene de una frase del poeta Joan Margarit, premio Cervantes 2019, que al ser preguntado por la monarquía, respondió: me da igual, francamente, a mi lo que me preocupa es este embudo entre los políticos”. Margarit, evidentemente no va a criticar a la monarquía después de recibir tan importante premio de manos del rey. Aunque tampoco lo elogia, simplemente le da igual.

Y  remata el artículo con una frase de traca: “el problema de la monarquía es uno de esos falsos problemas que crean los malos políticos para intentar ocultar los verdaderos y afirmar que cambiarla por una república solucionaría uno solo de los males que padece este país equivale a engañar a los ciudadanos. Y eso, ya sea en una república o en una monarquía, es una pésima idea”. Y pone punto final con una cita de Mark Twain: “Qué fácil es hacer creer a la gente una mentira y qué difícil resulta después deshacer el embrollo”.

El  señor Cercas, quién lo diría, también es partidario de tapar, de guardar la suciedad debajo de la alfombra y tirar para adelante con las anteojeras bien colocadas. Cree que no solo no se debe investigar al rey emérito y a la institución de la que se ha valido para sus fines vamos a decir “poco ejemplares” sino casi ni hablar de ella, y menos cuestionarla so pena de ser, como Iglesias, un inventor de “falsos problemas”, sin pararse a pensar que la  república era el legítimo sistema político que existía en este país antes que fuera destruida y arrasada por un golpe de Estado militar de corte fascista. Y que la monarquía, a la que defiende a capa y espada, fue puesta a dedo por el dictador cuando  sentía que su cargo vitalicio tocaba a su fin y no tenía claro a quien dejar de amo del cortijo. Es decir, se cuestiona a la monarquía no por capricho, por maldad o por “cálculo egoísta”, como sugiere Cercas, sino porque nadie la ha elegido, fue una imposición del dictador. Una imposición a la que los dirigentes de entonces dijeron “amén” y metieron con calzador en la Constitución. Así, por las bravas, sin hacer la preceptiva consulta, el imprescindible referéndum de algo tan importante como el sistema político que iba a regir el destino del país en las próximas décadas. Y no se hizo porque las encuestas y sondeos daban que el elegido por Franco no salía ganador. Así que decidieron que lo mejor era no celebrar la consulta. Muchos todavía, los mismos millones de ingenuos y postureros de antes, seguimos esperando el imprescindible, justo y preceptivo referéndum que nunca llega.

El actual  rey debería dar un paso adelante, por dignidad y decencia, y pedir que se convoque de una vez ese referéndum pendiente. Con ello haría un enorme servicio a la patria disipando la duda existencial de si su pueblo lo quiere o no. Si saliera perdedor de la consulta, tendría que irse y no pasaría nada, no sería el primero ni tampoco el último en dejar el trono, y desde luego no se acabaría el mundo por ello. Si saliera ganador sería el espaldarazo definitivo a una monarquía que necesita oxígeno con urgencia, que anda maltrecha, de capa caída desde hace ya mucho tiempo y no por la acción de los malvados rojos de siempre, sino por un continuado desprestigio trabajado y ganado a pulso  por los intolerables escándalos del rey emérito y el atronador y revelador silencio de su hijo, el actual rey. Escándalos de los cuales solo conocemos la punta del iceberg, apenas algunas pinceladas, ya que el grueso de sus fechorías permanece todavía oculto a la ciudadanía. Y mucho nos tememos que permanecerá oculto hasta que las ranas echen pelo. Un corrosivo y abrasivo ocultamiento que, se mire como se mire y se diga lo que diga, socava, desgasta y daña la imagen no solo de la monarquía, eso es evidente,  sino del mismo país, poniéndolo en entredicho, y haciéndolo incompatible con la moderna democracia, la de las países de nuestro entorno a la que aspiramos. Una democracia real, sin dobles fondos, biombos y otros trucos de mago aficionado, donde la transparencia debe ser preceptiva en todos y cada uno de los servidores públicos, empezando por la jefatura del Estado, cuyo titular debe ser elegido en unas elecciones y no dejado al capricho de la combinación de unos genes. Porque lo bueno, entre otras cosas, de elegir a nuestros representantes en las urnas es que cuando delinquen se les puede juzgar y si no delinquen pero son malos gestores, a los cuatro años salen zumbando a su casa, como ha pasado felizmente con el señor Trump. Alguien imagina el desastre que hubiera sido que Trump fuera el rey heredero de una familia real norteamericana y su casa fuera La Casa Blanca. Por suerte tienen una república que limita el tiempo en el cargo, además del control al que está sometido por ley, de esa manera el país pueden defenderse de éste y cualquier otro gobernante de pesadilla. 

También hay que recalcar al señor Cercas, para que quede claro, que no necesitamos a Pablo Iglesias ni a ningún otro dirigente para que nos lleve de la mano y nos guíe, ni somos tan ingenuos para dejar que nos venda ninguna moto. No estamos ciegos, ni sordos ni mudos, aunque nuestras voces las más de las veces se silencien y ahoguen en el ensordecedor ruido mediático. Iglesias a veces se equivoca, se contradice y algunas veces mete la pata hasta la ingle, como cuando recientemente comparó, para congraciarse y dar gusto a quien no debe, por un puñado de votos, a Puigdemont con un exiliado del régimen franquista. Pero también Iglesias acierta muchas veces y dice verdades como puños. Verdades que los Cercas  de turno quieren tapar quitándole la razón aunque la tenga, desprestigiándole, faltándole al respeto llamándole “amado líder”, comparándole con el dictador norcoreano, y a los millones de españoles que estamos de acuerdo con muchas de las cosas que defiende, y defiende bien, comparándonos con los sufridos norcoreanos que lo padecen. 

Sirva como  ejemplo de esta democracia que de forma tan entusiasta defiende el señor Cercas,  que el rapero Pablo Hasél va a ir a prisión por llamar ladrón al emérito en una canción. Se enfrenta en principio a una condena de dos años de prisión, pero otros procesos judiciales abiertos por enaltecimiento del terrorismo, calumnias e injurias a la corona y no pagar las multas impuestas pueden llevar al rapero a una condena de veinte años de cárcel. Hasél se convertirá en el primer cantante encarcelado en Europa. Aquí la justicia ha reaccionado aplicando la ley con total severidad, demasiada pensamos algunos, juzgando y condenando. 

Sin embargo seguimos sin ver reacción alguna a las brutales palabras, tanto o más que las del rapero  condenado, y mucho más graves por tratarse de un servidor público, del general Francisco Beca Casanova, el que fusilaría 26 millones de españoles y se quedaría corto, llegó a decir. Al contrario que al rapero, a este general indigno de pertenecer, y por supuesto cobrar su privilegiada pensión, a un ejército que se llama a sí mismo constitucional y democrático, se le ha levantado la mano y ha sido tratado con extrema tolerancia y benevolencia. Tampoco se ha visto a  ningún mando militar, ni alto ni medio ni bajo, desmarcarse con total claridad de este siniestro personaje,  poniéndole en su sitio y pidiendo su inmediata salida del ejército con deshonor. El deshonor, el aislamiento y la exclusión que merecen los que desean fusilar a todos los que no piensan como ellos. La expulsión debería haber sido acompañada de una comparecencia de la ministra dejando muy claro que en el ejército no tienen cabida los nostálgicos de la dictadura. Una dictadura que fue condenada por unanimidad en el parlamento. Incluso el PP se sumó a la condena del alzamiento y a favor de un reconocimiento moral a quienes padecieron la represión de la dictadura franquista.

¿Y qué se ha hecho con este siniestro personaje?. Nada de nada, dejar que pase el tiempo y confiar en que se produzca pronto otra noticia que haga olvidar este asunto. Echar una poca paja sobre las cajoneras, es decir sobre los excrementos, como hacen en las cuadras cuando se cagan las caballerías. Con la diferencia de que las cuadras se “sacan” es decir se limpian de mierda cuando se llenan, sin embargo y por desgracia para una gran mayoría de españoles, pongamos veintiséis millones, hay cuadras que nunca se limpian y la mierda llega ya al techo, y eso como todos sabemos no solo no es bueno sino también antihigiénico y puede acarrear  graves problemas y enfermedades de todo tipo.

Margarita Robles, la ministra de defensa socialista, aunque muchos creemos que es imposible ser socialista y mirar para otro lado en este grave asunto, inexplicablemente calla ante esta provocación, esta vileza soltada por un alto mando del ejército. Y debería hacer algo, más que nada porque ella misma es una fusilable  por pertenecer al perverso, demoníaco gobierno social comunista, chavista, bolivariano…etc.   Pero creemos que esta ministra socialista  no engrosaría la millonaria lista de fusilables por su tibieza con estos militares y por su defensa a ultranza de la monarquía. Pero no solo ella, todos los miembros socialistas del gobierno y los barones y baronesas del partido, de las bases socialistas no parece que se deje escuchar mucho su voz, están en contra, al igual que PP, Vox y Ciudadanos, de que se abra una investigación contra el rey emérito. No es que no quieran condenarle, es que no quieren ni saber lo que ha hecho. La ministra Calvo está pagando a través de  Patrimonio Nacional, una institución que depende de su ministerio, es decir, con dinero público, los sueldos y los viajes de los asistentes del rey emérito desplazados a Emiratos Árabes. Unas ciento veinte personas.  Sesenta espuertas, si fueran vendimiadores. 

Como decíamos antes, las cuadras no se sacan, y están hasta arriba. No hace falta decir que urge hacerlo para que esta democracia sea todo lo transparente, todo lo limpia, desinfectada, desinsectada y desparasitada, y sin nada que ocultar, que debería ser y no es.   

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