¡Qué conmoción en el centro comercial! Empleados, policías, compradores… todos arremolinados espiando un cuartito en el que el responsable de seguridad estaba siendo interrogado por un policía.

¿Pero usted no sospechó nada?

Ya le dije que no. De repente entraron los tres, caminando despacio, parsimoniosos, saludando a diestro y siniestro, con sonrisas. Una multitud de niños los iban siguiendo.

¿Le habían avisado que iban a venir los reyes magos o que iba a haber un evento o algo?

No, me llamó la atención, pero no mucho, porque acá están siempre inventando algo para atraer más gente y que compren más, hasta a mí me han disfrazado de Papá Noel muchas veces. Así que pensé que era otra movida de esas. Sin embargo me acerqué a uno y le pregunté que quiénes eran, y me miró sonriente, me guiñó un ojo, hizo un gesto de silencio y un ligero movimiento de cabeza señalándome a los niños que por allí había. Fue listo el tío, cualquiera desenmascara a los reyes magos para que después tengas a un montón de padres y madres chillándote con furia. Por eso de no estropearles la ilusión, ¿sabe? Así que los dejé pasar.

¿Pero usted no veía que se llevaban juguetes?

Sí, sacaron unos papeles que consultaban cada tanto y elegían distintos juguetes que metían en unas enormes bolsas. Primero pensé que eran de la casa esa de los juguetes de armar porque arrasaron esas estanterías, pero luego siguieron con distintas cosas. Tenían también unos pajes que ayudaban. Pero ellos iban muy lentos, atendiendo a todos los niños que se les acercaban, tenían, no sé cómo explicarlo, como una magia, como un halo protector. Si no fuera porque ya soy mayorcito para creer en los reyes hubiera dicho que esos sí lo eran.

Pero qué dice hombre, está desvariando. ¿Y puede saberse a qué viene esa sonrisita que se le pone en la cara? Esto es muy serio, han robado muchos miles de euros y a usted se le va a caer el pelo, el primero.

Ya cuento con eso, pero qué quiere que le diga, lo hecho hecho está. Cuando se fueron, dejando a todo el mundo con la boca abierta, volvió a entrar a la carrera uno de esos pajes y me dijo que se iban a dar los regalos a los niños inmigrantes que están desde hace meses viviendo debajo del puente de Segovia, sin que nadie se ocupe de ellos. Que si yo era buena persona, les diera tiempo. Y que como ellos confían en la gente me lo venían a contar.

¡Y usted esperó más de una hora!

Pues sí, y si hay que pagar por ello, pagaré, con la cárcel digo, porque dinero no tengo para todo lo que se llevaron, pero yo era el único al que le habían dicho dónde iban y se iba a saber que los había delatado y, bueno, creo que fue una prueba que me pusieron desde el más allá. Y era una bonita manera de solventar algunas cosas que hice que no estuvieron bien, ya sabe, ser el de seguridad tiene muchas servidumbres.

Está como una cabra, pero eso no lo va a eximir, a ver qué dice el juez cuando se lo cuente. Además su esfuerzo es inútil porque vamos a ir a requisar todos los juguetes, lo único que nos falta es que cunda este mal ejemplo.

A su disposición agente, pero tenga en cuenta que hace un rato vino el gerente con uno de los jefazos, se habían reunido para analizar la “crisis”, así la llamaron. Y habían decidido que lo iban a asumir como una acción del centro comercial. Creo que van a hacer un vídeo simulando la situación que van a titular “los nuevos Robin Hood”. Y me necesitan para la perfecta reconstrucción. Creo que también me quieren a mí, con la boca abierta. El de marketing y publicidad daba palmas con las orejas, según me contaron. Dijo que era una oportunidad de oro y que iba a ser el vídeo más viral de la historia. Así que todos contentos, pero si usted quiere dar otra versión y llevar preso, aquí estoy, póngame las esposas, aunque no creo que quede muy bien este final en el vídeo. Usted decide.

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